El País, Bonn, 25.06.85
REPORTAJE
El hijo de Josef Mengele, el 'ángel de la muerte', asegura
que sólo ha heredado de su padre su funesto apellido
El nombre con el que le ha tocado vivir a este joven abogado
evoca los actos de más siniestra perversión de la historia moderna. Nacido en
las postrimerías de la guerra, nada le diferenciaría de su generación de
alemanes crecidos y educados en un Estado democrático y liberal, de no ser por
el estigma de su apellido: Mengele. Rolf Mengele, de 41 años, que dirige un
bufete en la ciudad de Friburgo, ha tenido que aceptar el sino de ser el hijo
de Josef Mengele, el ángel de la muerte, el médico del campo de concentración
nazi de Auschwitz que en sus experimentos con seres humanos elevó la crueldad a
cotas inimaginables.
La semana pasada, Rolf Mengele hizo unas amplias
declaraciones a una revista ilustrada, en las que, con numerosas fotografías de
su padre, revela detalles de la huida, los refugios y las personas que
prestaron ayuda a su padre, el criminal de guerra más buscado. Las fotos
publicadas son auténticas. No cabe duda, según todos los expertos. Muestran a
Josef Mengele con un sombrero de paja ante su casa en Brasil, remando en una
piragua con los hijos de la familia que le dio trabajo y protección, o sentado
con sus amigos en torno a una mesa, con su poblado bigote, imagen ideal de un
abuelo bonachón. Son fotografías hechas por el hijo en las dos visitas que hizo
al padre en Brasil en 1977, dos años antes de su supuesta muerte. Rolf asegura
que son ciertas las informaciones procedentes de Brasil, según las cuales su
padre murió ahogado en 1979 en la playa brasileña de Bertigoa y fue enterrado
bajo identidad falsa. El cadáver que está siendo examinado por expertos en Brasil
es el de su padre, sepultado bajo el nombre de su amigo Wolfgang Gerhard, que
le regaló sus documentos cuando se decidió a volver a su país de origen,
Austria.
Asegura Rolf Mengele que vio por primera vez a su padre en
1956, cuando tenía 12 años. Le fue presentado durante unas vacaciones en los
Alpes suizos y se le dijo que aquel hombre, un excelente esquiador, era su tío.
Tres años más tarde supo la verdad. Rolf asegura que no ha heredado nada de su
padre, excepto el funesto nombre. Durante todos los años de huida continua, la
familia siempre supo dónde se encontraba el ángel de la muerte. Le
enviaban entre 300 y 500 marcos al mes (de 17.000 a 28.000 pesetas).
En 1977, Rolf fue a visitar a su padre, ya que su
intercambio epistolar se hacía cada vez más tenso. El hijo pedía explicaciones
por los crímenes y el padre no mostraba arrepentimiento. En una de sus cartas
aseguraba a su hijo que no se entregaba porque para él no habría jueces, sino
tan sólo vengadores. Dice Rolf que cuando llegó a Brasil se encontró a un
hombre deshecho, lleno de miedos, depresiones e intenciones de suicidio.
Las dudas sobre la veracidad de las revelaciones del hijo
han surgido inmediatamente. La propia revista reconoce la necesidad del
escepticismo en este caso. No en vano Rolf Mengele ha confundido durante
decenios a la opinión pública y a la policía con pistas falsas para evitar la
captura de su padre. Muchos se preguntan por qué no hizo estas declaraciones en
1979, cuando, según él, murió su padre, y no hoy, cuando la búsqueda se ha
intensificado en todo el mundo. Algunos hablan de un montaje del hijo, deseoso
de que Josef Mengele pueda vivir tranquilo los últimos años de su vida. Rolf se
niega a hablar con la Prensa.
Una secretaria del bufete manifestó a EL PAÍS
que no estaba allí y que no sabía cuándo volvería. A otros medios se ha dicho
que ha vendido la exclusiva a la revista y que los ingresos de la publicación
irán a un fondo de ayuda para las víctimas de Auschwitz.
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