Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
14.07.90
ENTREVISTA
Valtr Komarek, profesor de economía, fue asesor del Che
Guevara tras la revolución cubana. Pronto, lúcido observador del efecto
desastroso de la economía socialista, hizo del Instituto de Prognosis de Praga
un centro de oposición a la gestión económica ideologizada. Viceprimer ministro
checoslovaco tras la caída del régimen comunista, es ahora presidente de la
Comisión de Exterior del Parlamento en Praga.
La política de implantación radical y brusca de los
mecanismos de la economía de mercado en los países del Este de Europa amenaza
con causar gravísimos costes sociales, romper el muy delicado ritmo económico
existente y despertar así nostalgia por el régimen comunista o el atractivo
para opciones de extrema derecha, según advierte Valtr Komarek. El profesor y
dirigente del Foro Cívico checoslovaco, que intervino ante la Universidad
Internacional Menéndez Pelayo, en Santander, y se entrevistó después en Madrid
con personalidades políticas y económicas, lamenta la falta de estrategia de
España en su política hacia el Este de Europa. "Los acontecimientos se
suceden con rapidez pero ya no basta con reaccionar. España debe jugar un papel
activo, que le corresponde como país industrializado". El dirigente
checoslovaco se muestra muy preocupado con el curso de las reformas radicales
especialmente en Polonia pero también en su país. "El camino tomado por
Polonia con el Plan Balczerowicz (al que dio nombre el actual ministro polaco
de Finanzas) y que en Checoslovaquia defiende Klaus (Vaclav Klaus, ministro de
Finanzas checoslovaco) nos puede llevar a implantar una economía de mercado con
nuestros países en ruinas", señala Komarek. Bajo la dictadura, este
economista fue director del Instituto de Prognosis de Praga, que convirtió en
uno de los principales focos de la oposición intelectual a la gestión económica
inepta del régimen comunista. Hoy es el más destacado representante de las
fuerzas que advierten contra una aplicación abrupta e implacable de los
mecanismos de mercado y defienden una introducción gradual de los mismos.
"Estas dos tendencias, la radical y la, digamos,
gradual, existen en todos nuestros países, en Polonia, Checoslovaquia y también
en la URSS. No hay diferencias en el objetivo, que es la economía de mercado.
La primera, llamémosla de tratamiento de choque, consiste en una
privatización masiva y rápida, liberalización total de los precios, liquidación
de controles financieros y una apertura económica audaz con la convertibilidad
inmediata de la moneda nacional", señala. "Es lo que recomienda
Jeffrey Sachs, respetado en Harvard, que aplicó sus ideas en reformas en
Latinoamérica y hoy lo hace en Polonia bajo Balczerowicz".
Komarek es absolutamente contrario a este salto al
vacío y advierte que, si bien hoy, movidos por la euforia política causada
por la caída del régimen comunista, los ciudadanos en el Este están dispuestos
a sacrificios, es siempre pensando que tras esta travesía por el desierto pronto
vivirán como los habitantes de los países occidentales más industrializados. La
frustración de este sueño podría provocar pronto graves conmociones políticas
de consecuencias imprevisibles pero presumiblemente catastróficas para todo el
continente. Son 140 millones de habitantes en Europa oriental y casi 300 en la
URSS los que se pueden ver afectados por esta catástrofe.
"En Polonia, según el ministro de Trabajo, Jacek Kuron,
el desempleo podría afectar a 1,8 millones de personas a finales de año. Si
ahora Walesa deja de utilizar su influencia para evitar las huelgas estamos
ante un enorme peligro", señala Komarek.
"También Klaus quiere hacer lo mismo. Es un economista
inteligente pero siempre estuvo más enamorado de Friedman que de Keynes. La
euforia que existe aún en Checoslovaquia por la caída de la dictadura ha creado
una atmósfera favorable a estos cambios radicales", dice Komarek. Esta
atmósfera puede haber sido decisiva para lo que parece una victoria de las
tesis de Klaus sobre las de Komarek, cuya influencia en la política económica
queda muy reducida al pasar de vicepresidente para Asuntos Económicos a
presidente de la Comisión parlamentaria de Exteriores. "Tenemos que ir
construyendo la compleja trama que debe sostener la democracia y la economía de
mercado, las invisibles cadenas que sostienen las sociedades modernas",
concluye.
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