Por HERMANN TERTSCH / PIOTR ADAMSKI
El País, Varsovia,
12.12.90
EL CAMBIO EN POLONIA
El primer viaje de Lech Walesa como flamante presidente
electo de Polonia fue ayer a Czestochowa, donde -en el monasterio de Jasna
Gora- el líder obrero encomendó a la Virgen Negra, patrona de Polonia, su
mandato y la patria.
Walesa llegó a Czestochowa a primera hora de la tarde
procedente de Gdansk, a bordo de un reactor de las Fuerzas Armadas polacas.
Este monasterio, a unos doscientos kilómetros al sur de la
capital polaca, alberga el icono de la Virgen, de marcadas facciones
orientales, que a lo largo de los últimos siglos ha sido el símbolo de la lucha
de la nación polaca por su soberanía e independencia. Y en el último año se
convirtió en centro de peregrinaje político-religioso desde Mazowiecki hasta
una concentración de miles de soldados. Es el objeto de culto más venerado
desde hace muchas generaciones, y fue también el símbolo del movimiento popular
polaco contra el régimen comunista. Desde las huelgas de 1980, en que surgió el
sindicato Solidaridad, la imagen de la Virgen Negra de Czestochowa estuvo
siempre presente en las manifestaciones, huelgas y protestas.
La Iglesia polaca rompió su imparcialidad en la segunda
ronda de las elecciones presidenciales polacas y apoyó expresamente a Walesa.
Hasta su carrera final con Tyminski, la Iglesia había
mostrado en los últimos años serias reticencias ante la posibilidad de un
Walesa demasiado fuerte y con un afán de protagonismo que disputara a
la Iglesia su influyente papel en la sociedad.
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