Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Zagreb
El País Viernes,
29.11.91
Croacia anunció ayer que aceptaba el despliegue de las
tropas de la ONU también a lo largo del frente y no sólo en las fronteras
constitucionales de la república. El Gobierno del presidente Franjo Tudjman
intenta acelerar así el envío de los cascos azules, con la esperanza de que
ésta se produzca antes de una nueva ofensiva federal ante la que podría oponer
poca resistencia. Ayer se produjeron nuevos ataques de artillería contra
localidades croatas de Eslavonia occidental.
Las autoridades serbias, en las zonas de Eslavonia oriental
bajo control del Ejército federal, especialmente en Baranja, han comenzado a
entregar a población serbia foránea las casas croatas aún en pie y abandonadas
en la huida por sus propietarios, mientras están destruyendo los catastros y
toda la documentación de censos anteriores a la guerra. Esta política de hechos
consumados podría hacer virtualmente imposible cualquier solución basada en un
hipotético referéndum en estas regiones, tal como han sugerido los mediadores
de las Naciones Unidas.
El vicepresidente del gobierno croata, el socialdemócrata
Zdravko Tomac, se mostraba ayer profundamente pesimista, y auguraba una
tragedia aún mayor que la actual si las fuerzas de la ONU no están desplegadas
en Croacia en pocas semanas. El primer ministro, Franjo Greguric, expresó por
su parte la disposición de su república a que estas fuerzas se distribuyan en
los territorios entre el frente y las fronteras oficiales para establecer así
un colchón entre las fuerzas contendientes. Hasta ayer el gobierno de Zagreb
había insistido en que estas fuerzas debían proteger las fronteras
constitucionales de las repúblicas.
Situación desesperada
Dada la desesperada situación militar croata tras la caída
de Vukovar y la última ofensiva serbia en Eslavonia y Dalmacia, el gobierno de
Zagreb quiere tener a las fuerzas internacionales en su territorio a cualquier
precio, ya que teme un próximo ataque masivo de Belgrado. Las esperanzas de
recuperar la integridad territorial previa a la guerra disminuyen en Croacia,
al tiempo que aumentan la resignación, la amargura y la decepción por el papel
jugado por Europa occidental durante esta guerra.
El ministro croata de Asuntos exteriores, Zvonimir
Separovic, que viajará próximamente a España, expresó ayer su confianza en que
Madrid se una a las capitales que ya han decidido el reconocimiento
internacional de Croacia. Separovic manifestó que Croacia necesita ayuda de
todo tipo tras estos cinco meses de guerra, pero que ante todo debe levantarse
el embargo de armas, ya que su país queda desarmado frente al potente Ejército
federal de Serbia.
Por otra parte, las autoridades húngaras -que calificaron
ayer como agresores y responsables de la guerra en Croacía a Serbia y al
Ejército federal- planean acoger también en su capital Budapest a miles de
refugiados procedentes de Yugoslavia, ya que los campamentos instalados para
ellos en la frontera sur de Hungría están al límite de su capacidad, informa
desde Viena
Hay 50.000 refugiados registrados oficialmente, pero se calcula que
en todo el territorio nacional debe haber alrededor de 120.000. El encargado de
refugiados en el Gobierno magiar, Istvan Markus, anunció ayer que Naciones
Unidas ha enviado 2,5 millones de dólares como ayuda para cubrir parte de sus
gastos de manutención.
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