Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Estocolmo
El País Miércoles,
08.12.99
ESTOCOLMO HONRA AL NOBEL ALEMÁN
El escritor señala en la Academia Sueca que "siempre
habrá narradores que nos hablarán al oído"
Nadie salió decepcionado de la Academia Sueca ayer en
Estocolmo. Unos buscaban al Grass intimista que indaga con la palabra en las
emociones propias y ajenas, y otros, al degustador de la ironía y el sarcasmo.
En vísperas de su discurso ante la Academia, y agobiado con el problema de
comprarse unos zapatos para el traje de gala requerido para las solemnidades de
la ceremonia de entrega del Premio Nobel el próximo viernes, Grass bromeaba
sobre "la necesidad de pensar que esta semana es muy cómoda y ligera".
"Así estaré hecho polvo cuando termine, pero por lo menos no antes de que
comience".
Al hablar del humor y de la sabiduría en el salón de actos
de la Academia Sueca ante un auditorio de unas 400 personas, Grass recurrió a
su vena hispana. "Yo vengo, como habrán sabido leyendo, de la escuela
morisca-española de la novela picaresca. En ella, la lucha contra los molinos
de viento ha seguido un modelo transmisible a través de los siglos. Por eso, el
pícaro vive de la comicidad y del fracaso. Su ingenio se mea en las columnas
del poder y sierra las patas de sus sillas, pero al mismo tiempo sabe que no
logrará que el templo se derrumbe ni que el trono se vuelque".
Ternura
Grass habló con ternura libre de sentimentalismo del proceso
de encuentro del joven alemán en plena Segunda Guerra Mundial con algo tan
propio en casa y ajeno a los tiempos como la literatura y la introspección.
Recordó los libros que su madre guardaba en un armario en aquella casa en las
afueras de la ciudad alemana báltica de Danzig, hoy la polaca Gdansk. Evocó a
Melville y a Döblin, a Swift y a Rabelais, así como a esa tabla de los
mandamientos de la lengua alemana que ha sido durante siglos la traducción de
la biblia de Lutero. "¿Cómo me convertí en escritor? La capacidad de larga
ensoñación, el gusto por el chiste y los juegos de palabras, la pasión por
mentir sin beneficio porque la verdad habría sido demasiado aburrida, en fin,
lo que vagamente puede llamarse talento, existía de hecho. Pero es la brusca
irrupción de la política en el idilio familiar lo que confirió a ese talento
tan ligero cierto peso permanente y un cierto calado".
Günter Grass habló con humor sobre sus primeros intentos de
pergeñar una narración escrita sobre los cachubos, una minoría étnica a la que
pertenecía su madre. Recordó cómo en aquel primer experimento narrativo,
inducido por una convocatoria de las juventudes hitlerianas, había querido
relatar los avatares de unos cachubos en el siglo XIII y su vehemencia le había
llevado a exterminar a todos los protagonistas en el primer capítulo. Fue
entonces cuando se propuso mayor precaución y economía en la gestión de los
personajes de sus relatos.
El título del discurso pronunciado ayer por Grass ante la
Academia Sueca llevaba el título de "Continuará...", esa breve y poco
satisfactoria solución escrita habitualmente bajo los capítulos de las novelas
por entregas. El escritor alemán recordó que muchas de las grandes novelas,
como Ana Karenina, de León Tolstói, y los Errores y extravíos, de Theodor
Fontane, ese magnífico autor decimonónico berlinés que pasó a ser un
protagonista de la novela de Grass Es cuento largo, fueron publicadas en
diarios y revistas con el inevitable "continuará..." al final de cada
entrega.
Pero Grass quería además dejar claro que todo
"continuará" y debe continuar, no sólo en la literatura. Que
continuarán los relatos y la necesidad de relatar, las ganas de leer y el
interés por saber qué nos quieren contar, pero también las fórmulas de
encuentro y de lenguaje entre los seres humanos y sus fórmulas para afrontar
sus grandes retos, ante todo el hambre, la violencia y la injusticia.
El futuro
Frente a aquellos que quieren dar la historia por concluida
y las verdades por definitivamente incontrovertibles, las verdades del capital
y el mercado, las de las ideologías redentoras en general, Grass propuso ayer
una actitud del "continuará" en la que todas las voces tienen algo
que aportar y en la que nunca habrá una que pueda arrogarse el derecho de
acallar a las otras. "De eso habrá que hablar en el futuro", dijo
finalmente el Nobel. "En definitiva, la novela de todos nosotros debe
continuar. E incluso aunque un día no se escriba o pueda escribirse, o
imprimirse ya, cuando no se disponga ya de libros como medios de supervivencia,
habrá narradores que nos hablarán al oído, devanando otra vez las viejas
historias: en voz alta o baja, jadeante o demorada, próxima a la risa y a veces
próxima al llanto".
No hay comentarios:
Publicar un comentario