martes, 15 de mayo de 2018

LLOROS CONTRA NOSOTROS

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 16.12.03

COLUMNA

Era previsible. Nada más conseguirse lo que algunos reclamaban con ahínco y recordaban como caso pendiente y prueba del fracaso occidental, todo se ha vuelto reprimenda. En Europa, más aún que en Oriente Próximo, son legión los que quieren minimizar las consecuencias de la captura del sátrapa. Habrá más muertos. Pero siempre los habrá porque los vivos tienen por esencia vocación de muertos. Unos dicen que a Sadam sólo se le ha capturado por el vil metal, intentando devaluar la operación; otros hablan de traidores, porque todos sabemos dónde están los malos en esta larga y sangrienta historia, y para muchos de los que no cesan de equivocarse los malos son, por supuesto, los que han impedido a Sadam seguir matando con la naturalidad con que llevaba haciéndolo durante tres décadas. Lógico que a algunos les moleste.
El señor Llamazares, de Izquierda Unida, un coqueto defensor de la sociedad libre frente al imperialismo, en la que tendría mejores compañeros en Sadam y Laurenti Beria que en cualquier demócrata español que como tal se sintiera, asegura que el problema no está en el sátrapa iraquí que ha asesinado a decenas de miles de sus compatriotas, sino en la perversa actuación ilegal de EE UU, Reino Unido y el Gobierno de España, esa terrorífica fuerza del mal. Y por supuesto, también son culpables esos miserables polacos que ya demostraron su catadura al derribar al imperio soviético que tan bien financiaba los coqueteos de Llamazares y su partido con experimentos sociales que habían causado, cuando don Gaspar aún no había hecho la primera comunión, millones de muertos, más que Sadam en todo caso.
Visto lo visto y oído lo que aún habremos de oír más veces, hay que decir a muchos de los que hoy lloran por el hecho de que EE UU haya tenido éxito, y con ellos, quienes asumieron el riesgo de la intervención en Irak y, por tanto, de los muertos, propios, norteamericanos, británicos, polacos y españoles, que no se lamenten tanto porque, vengan las dificultades que vengan, aún hay gente y estadistas con responsabilidad que no dudarían en saber morir por lo mismo que han muerto tantos jóvenes que están en Oriente Próximo para cambiarnos el mundo, para nuestra mayor seguridad, y modificar la vida en el mayor foco de conflicto de la actualidad.
En San Sebastián avisan a Maite Pagazaurtundúa de ciertos deseos perentorios de matarla, y en Madrid y Barcelona no son pocos los que acusan a Maite y a Fernando Savater de ser culpables de que quieran matarlos. Cuando en Israel mueren 10 niños, la culpa es de sus padres, y cuando son los niños palestinos quienes son carne de cañón, alguien en Jerusalén intenta convencernos de que era inevitable. Una mierda. Culpable de las muertes en Irak es Sadam y nunca volverá a serlo. Culpables de las muertes que hubo y por desgracia habrá en el País Vasco son aquellos que matan y aquellos que los defienden y, de alguna manera, aquellos que creen poder negociar con quienes matan y quienes negocian con ellos.
Hay pocas ocasiones en la historia en que tanto poder como el de EE UU haya sido tan necio en la aplicación de sus poderes. Tiempo habrá para la democracia americana de castigar a sus trotskistas de hemeroteca, tan bien instalados en compañías e instituciones en Washington, con el desprecio social y el destierro político. Hay pocas ocasiones en las que un Estado minúsculo como Israel se haya permitido ser tan arrogante ante el gran poder del siglo XXI. Pero también son pocas en la historia europea las veces en que países con tradición y peso han sido tan ciegos y necios ante las amenazas existentes. Y que además hayan profundizado en su ineptitud con el sabotaje sistemático a quienes, desde allende el Atlántico, no han hecho sino salvarles de calamidades de propio cultivo. Más vale un amigo que parece tonto que un enemigo declarado con vocación -normalmente falsa- de espabilado. Es hora de sensatez, en Europa, en EE UU y en el mundo en general. Los nihilismos, cretinismos y nacionalismos que hemos generado y amparado desde el romanticismo alemán sólo nos llevan a catástrofes muy alemanas. Y todo el cariño a la nación alemana no es suficiente para justificar este tipo de suicidios. Ni en Euskadi, ni en Cataluña, ni en el resto de España; tampoco en Europa, Israel, Irak o Siria. Ha caído un criminal, Sadam, como días antes cayeron otros menores en Euskadi. Que vayan cayendo. Y que nadie nos insulte con la manifestación de las simpatías que albergan por ellos por razones cada vez menos digeribles.

RUSIA, PUTIN Y NOSOTROS

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 09.12.03

COLUMNA

"Llora, mi triste Rusia, llora, porque te hundes en la oscuridad". Con esta cita del lamento de un anciano mushik, un pobre campesino en la ópera Boris Godunov, termina el último embajador francés Maurice Paléologue el magistral diario de su paso por San Petersburgo durante el proceso revolucionario, la I Guerra Mundial y el ocaso del zarismo. Paléologue tuvo un inmenso éxito con su libro en Francia y Alemania. Es el suyo quizás el más ilustrado y menos ideológico de los testimonios occidentales de aquellos años de lucha entre oscurantismos en Rusia en la que la minoría ilustrada siempre tuvo que perder. Y el editor de Paléologue en Alemania, Benno von Siebert, dice en la edición de 1925 que en Occidente "muchos veremos los últimos acontecimientos con la tristeza de lo que habremos de percibir como una ocasión perdida". La ocasión perdida entonces a la que se refieren ambos era la de encontrar una vía hacia la civilización de la tolerancia y la compasión en un inmenso imperio regido por el miedo, el desprecio al individuo, la procacidad en el lucro, la corrupción y el sistemático abuso del poder. Y mucho más en la ilusión de que Rusia pudiera romper esa sumisión milenaria que ha hecho de la selección negativa un factor de identidad nacional y ha llevado por sistema al poder e influencia a los mayores desalmados y los más faltos de escrúpulos.
En las elecciones del domingo no hubo sorpresas porque la lógica rusa se había impuesto mucho antes. Un tercio convencido, un tercio comprado y un tercio aterrorizado es una aritmética propia de la cultura que se ha vuelto a imponer en Rusia y ha hecho trizas las esperanzas de tener un gran vecino de la Europa Unida que defendiera valores comunes y diera el salto civilizatorio hacia lo que aquí llama Giovanni Sartori la buena sociedad. Todos los que allí, en Moscú, en la lucha política y en las elecciones, han defendido esa vía y la ruptura con lo peor que es esa "Rusia eterna" han perdido. Los liberales no mafiosos se difuminan políticamente y los más prooccidentales como Yablinski no tienen tampoco ya ni un escaño. El nacionalismo autoritario ruso, con sus dos caras del partido Rusia Unida del presidente Vladímir Putin y del fascistoide Partido Liberal Democrático (obscenidad pura el nombre) de Vladímir Zhirinovski se ha hecho con la mayoría absoluta en el Parlamento y tienen a los comunistas postrados porque nada ofrecen ni proponen ni mandan. Putin, tan reverenciado en Occidente, ha pergeñado unas elecciones en las que solo podía ganar él y en la que más que ideología se ha dirimido una guerra entre oscuras mafias, unas mejor situadas al amparo del Kremlin que otras. Putin gana y, como en las grandes pujas habidas durante siglos en Moscú y San Petersburgo, quienes quieren que Rusia entre en la ruta de la ilustración y se aleje de Rasputin, no sólo pierden, sino que quedan en la perfecta irrelevancia. Putin no tiene ya porqué jugar al tierno estadista. Tiene lo que quiere y en marzo del año próximo repetirá su éxito electoral en las presidenciales como probablemente lo haga cuatro años más tarde.
Las esperanzas en ver una Rusia distinta a la que Isaiah Berlín o Tomas Garrigue Masaryk nos han descrito como lugares de genio, miseria y sobre todo pasión, en los seres humanos tanto como en su desgraciada organización social, se ha vuelto a romper y pasarán muchos años antes de que esa nueva oportunidad de la que hablaban Paléologue y Von Siebert en los años veinte se nos presente a los vecinos de los rusos, pero ante todo a los rusos. Lo triste es que nosotros -Occidente o los ilustrados- hemos ayudado al pequeño alférez de la KGB, como se ayudó a otro pequeño alférez hace 70 años, en aquella ocasión austriaco, a dominar todos los cables de mando en un gran país. Es un hombre que es enemigo de todo lo que creemos quienes consideramos que vivir es algo más que subsistir y que existe algo mejor que el poder por ser temido y la sumisión por miedo a que te acorten una vida miserable. La Rusia Eterna soñada por Tólstoi, del honor, de la dignidad y la lúcida solvencia, vuelve a ser la Rusia de Dostoiesvki, del miedo, el vértigo y la competencia mortal. Gracias a Putin, gracias a las trágicas circunstancias de una inmensa sociedad postrada, pero también a todos nosotros. Enhorabuena.

CONFUSIONES FRANCO-ALEMANAS

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 02.12.03

COLUMNA

Ahora que tan triste actualidad tiene el fenómeno en Europa viene al caso. El líder socialista austriaco, Víctor Adler, solía decir que el antisemitismo es el socialismo de los tontos. Quienes realmente creen en el mito de que el pueblo judío no alberga tantos tontos como cualquier otro ya ha demostrado a un tiempo su antisemitismo y su estulticia. Los odia porque los cree superiores y los cree superiores porque es tonto. Las tonterías nunca suelen ir solas cuando se juzga desde la ignorancia. Con los alemanes ha sucedido algo de lo mismo durante mucho tiempo. Siglos de prejuicios externos les habían otorgado características esenciales de raza donde lo que había era sólo -eso sí, ni más ni menos- bienfuncionantes estructuras culturales que, en un caso miles, en el otro mil años vigentes, se han hundido en doce años de III Reich y medio siglo de democracia igualitarista en el mínimo denominador común. Judíos y alemanes siempre han tenido un número similar de individuos tontos, vagos e insolentes que otros países que llevan la fama, véase españoles, italianos, rumanos u otros pueblos cargados de pícaros -que no héroes- en su literatura. Judíos y alemanes destacaron por una adoración de la excelencia y un culto a la formación que los hacía distintos, pero sólo en la medida en que mejoraba actitudes y resultados, en ningún caso por cualidades del colectivo de sus individuos.
Ya no es así, y si se nota en Israel, donde el culto a la excelencia ha dado paso a la exaltación de la fuerza, no menos en Alemania, donde el miedo y la falta de ánimo atenazan a toda una gran potencia y la han sumido en su mayor crisis desde la creación esperanzadora y llena de éxito de la República Federal tras la tragedia y la destrucción del efímero Imperio de los Mil Años. Si uno hace ahora muros para proteger conquistas y asentamientos que sólo generan guerra, los otros cavan trincheras para evitar cambios imprescindibles para que no se extiendan, en general parálisis, la pobreza y la desesperanza de tantos otros compatriotas.
Trece años después de la unificación, los congresos concatenados del Partido Socialdemócrata (SPD), sus socios Los Verdes y la Unión Democristiana (CDU) sólo demuestran la estrechez de miras de los dirigentes y la agorafobia de militantes y por extensión de una población que no saben sino inocularse miedo a perder unas seguridades ya inviables en el futuro abierto y global. En el SPD, hundido en las encuestas, las reformas propuestas por la comisión del ex presidente Roman Herzog se diluyen cual azucarillos; en la derecha, el triunfante bávaro Stoiber se erige en defensor del proteccionismo socialdemócrata de pro, eso sí, con más del 60% de su electorado, cada vez más reaccionario, tan social como insolidario. Angela Merkel se distrajo ayer con un discurso que a todos ha de gustar y nada supone. Y a Los Verdes no se les ocurre sino una versión decimonónica del Robin Hood con impuesto patrimonial omnipresente ante su impotencia de ofrecer alternativa alguna. El Gobierno alemán, con el francés, entierra alegremente el Pacto de Estabilidad y quieren compensar sus debilidades internas asumiendo en exclusiva el puente de mando en la nueva Unión Europea. Israel no muestra inteligencia, Alemania ignora lo que es competencia y Francia olvidó lo que es grandeza. Nadie puede impedir que pueblos fuertes que se creen elegidos retocen en sus errores. Sí se les puede advertir de que el resto de los damnificados lo percibimos. Y que no intenten confundirnos al resto con su propia enorme confusión y sus tristes y peligrosos espectáculos.

EL PIVOTE DE GEORGIA

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 25.11.03

COLUMNA

El mayor pecado de Shevardnadze ha sido perder la amistad de Moscú y Washington

Algunos momentos históricos confieren a sus protagonistas, voluntarios o no, un aura de grandeza que a la postre demuestra haber sido poco merecido o al menos extremadamente efímero. Son líderes que brillan intensamente en una crisis y muy pronto se comprueba que el fulgor no era propio y se apagan en la mediocridad. Aunque hoy muchos jueguen con la tentación, habría que ser extremadamente injusto para explicar en estos términos el tristísimo final político de Eduard Shevardnadze, ya ex presidente de Georgia, que fuera el ministro de Asuntos Exteriores que ayudó a explicar y encauzar en el mundo hechos consumados como la disolución del Pacto de Varsovia, el hundimiento del comunismo y la disolución de la Unión Soviética. Shevardnadze se ha ido para evitar un baño de sangre que era inminente en Georgia. Eso le honra tanto como haber participado en evitar que se produjera en Europa central en los años ochenta y en Rusia poco después.
Hoy ya casi hemos olvidado que la tragedia armada y el horror estuvieron muy cerca en el seno del imperio soviético cuando éste agonizaba, y que sus principales campos de batalla y muerte habrían sido Estados que, en una evolución que entonces sólo un demente habría vaticinado, dentro de pocos meses serán miembros plenos de la Unión Europea. Que hubiera tan pocos muertos en Estonia, Letonia y Lituania, en Polonia, Alemania Oriental o Checoslovaquia, lo debemos en muy gran parte a hombres como Shevardnadze, surgidos de un pueblo en el que la violencia ha sido identidad desde el principio de los tiempos, y formados en un régimen que idolatraba esta violencia en la defensa de su supremacía total hasta el final de los mismos. De ahí que para explicar las actitudes de gentes como Shevardnadze o Mijaíl Gorbachov no sea suficiente alegar al pragmatismo, a la necesidad o a la fuerza y evidencia de los hechos. Hay en el fondo de sus conductas ese factor humano que los totalitarismos del siglo pasado, el nazismo y el comunismo, intentaron por todos los medios extirpar en sus huestes. Fracasando en el intento. Probablemente, algunos de estos hombres de generaciones nacidas bajo Stalin tienen dicho factor humano más activo que algunos nuevos yuppies occidentalizadores con fruición, cuyo máximo mérito sea, de momento, haber nacido más tarde.
Mijaíl Saakashvili, el jovencísimo líder de la oposición que ha derribado a su mentor y padre político en Tbilisi, ha estudiado en Estrasburgo y en la Universidad de Columbia, pero aún habrá de demostrar su propio factor humano cuando tenga que mostrar autoridad frente a las luchas cainitas, mafiosas y tribales georgianas, influidas por todas las que se dirimen en el Cáucaso -Chechenia incluida- y por las maniobras de Moscú y Washington para el reparto del poder y de la fiesta del petróleo que se anuncia en la región. Georgia no es el campus de la Columbia University.
Shevardnadze no ha podido, por su propia escuela, por su esencia de homosovieticus, acabar con la corrupción económica ni los abusos de poder del aparato estatal. Pero su mayor pecado ha sido perder la amistad de Moscú, a quien no se ha querido doblegar, y la de Washington, que ve en Saakashvili un hombre de los suyos. Shevardnadze era un hombre de tiempos pasados. Su previsible sucesor exhala modernidad, ambición y agresividad. Habrá que ver si al final de su carrera se recuerda tanto su factor humano como el de su antecesor.

MIEDOS EUROPEOS, PESADILLAS ISRAELÍES

Por HERMANN TERTSCH
El País  Miércoles, 19.11.03

COLUMNA

"El nacionalsocialismo, a pesar de que nos cueste aceptarlo, es una obra del hombre y (...), como tal, debe ser analizada sin echar mano de instancias sobrenaturales". Rafael Argullol, en un breve y bello prólogo del Diccionario crítico de mitos y símbolos del
nazismo, de Rosa Sala Rose (Acantilado), rebate así todo el mito sobre lo demoniaco y supuestamente inhumano que pueda haber en el nazismo y todas las actitudes políticas, llámense ideologías, que surgen del rechazo en busca angustiosa de la identidad y la certeza, y acaban en la liquidación del otro rechazado para buscar certeza en uno mismo como pueblo o individuo. Querer mejorar el mundo por medio del exterminio de aquello que se considera lo entorpece o empeora es una actitud extremadamente humana.
Y moderna, porque sólo en la modernidad se ha podido concebir la liquidación en masa, en cadena industrial, de aquéllos a los que consideramos nocivos o amenazantes para los nuestros. Uno de los grandes pensadores sobre el nazismo, Zygmunt Bauman, calificó el Holocausto como un "fenómeno de la modernidad", en ningún caso un brote de barbarismo. Así fue y así es. La industria del crimen inventada para el Holocausto no tiene parangón en la historia de la humanidad, y cualquiera que busque ignora, con voluntad o sin ella, la esencia de esa hora estelar del hombre racional asesino que nos deparó el siglo XX.
Hay quienes parecen hoy de nuevo pensar que es una casualidad el hecho de que los millones de seres humanos que murieron convertidos en humo o lodo en el Holocausto eran judíos. Mal pensado. Porque la historia europea está llena de claves, desde los pogromos de Francfort en el medievo a los de Rusia en el siglo XIX, pasando por la España católica triunfal y, recuerden, también Inglaterra, que señalaban a los judíos como el cuerpo extraño a extirpar del suelo europeo. Y es la historia europea la que hoy alimenta ese antisemitismo que durante un tiempo calló por pudor en el regazo que lo generó y hoy celebra gozoso poder refugiarse tras un muy comprensible rechazo a la deplorable política de tierra quemada y odio sistemático de un régimen en la remota tierra de Israel. Su mayor potencia no está hoy en tierras europeas. Ha sido exportada con gran éxito. A tierras árabes, asiáticas y latinoamericanas. Pero aquí mama de su buena y mala conciencia.
Sólo hay un país en Europa, que es la pequeña Bulgaria, que tuvo una sociedad que se levantó realmente en contra de la aniquilación de sus judíos durante el pogromo global desatado en un principio por las leyes raciales de Núremberg y después por la conferencia de Wannsee. Los demás, unos con más entusiasmo que otros, participaron en aquel inmenso aquelarre de sangre. Cuando Hitler comenzó a matar judíos, los rusos y ucranianos ya lo tenían por costumbre, los rumanos y los húngaros lo esperaban con ansiedad, y los franceses dejaron hacer. Alemania creó la industria de la muerte, pero casi todos los demás se peleaban por administrar materia prima.
A nadie debe, por tanto, sorprender el inmenso recelo hacia Europa que existe en Israel y el fácil uso que un Gobierno como el de Ariel Sharon puede hacer del mismo para movilizar a su opinión pública contra las críticas hacia su imperdonable, irresponsable y cuasi suicida conducta en Palestina. La arrogancia europea, con su petulante superioridad moral a la hora de juzgar y valorar acontecimientos fuera de su territorio, indigna a quienes no viven en el jardín de bienestar y -eso sí, ya supuesta- seguridad de este continente tan bien tratado en los últimos 60 años a partir de aquella hecatombe en la que fueron precisamente los judíos las víctimas principales.
El nacionalsocialismo y la idea de exterminar a los judíos no son producto islamista ni árabe, ni de ningún religioso campesino del desierto y la miseria. Surgen entre nosotros en bellas capitales, con Nicolás II en Moscú y Karl Lueger en Viena. Por eso, Europa no puede aplaudir timorata a Israel como presbiterianos de EE UU. Pero debe saber que su alma depende mucho de que Israel sobreviva a sus propios errores y miedos. Porque es parte nuestra.

Una judía llora sobre el ataúd de una víctima del atentado de Estambul. REUTERS

EL RETORNO DE BERIA

Por HERMANN TERTSCH
El País,  Martes, 11.11.03

COLUMNA

Joachim Fest, periodista, historiador y hombre de sabiduría sobre las relaciones humanas, las miserias europeas y el poder, llega esta semana a España para recordarnos una de las mayores tragedias humanas y de civilización habidas en la historia. Fest ha escrito El hundimiento, Hitler y el final del Tercer Reich, publicado por Galaxia Gutenberg, un protocolo del horror y la impotencia del Berlín de la primavera de 1945. El régimen más criminal sucumbía y su máximo pontífice, Adolfo Hitler, anunciaba, días antes de dimitir de la vida en su búnker y dejar su país postrado en la miseria, que "nos hundiremos pero nos llevaremos al mundo por delante". Se equivocaron, y no sólo las palomas, que se enfrentaban a la muerte con un entusiasmo ridículo en la autoinmolación juvenil, defendiendo patéticas avenidas berlinesas ya en ruinas ante la maquina del odio efectivo del mariscal soviético, Shukov. También el gavilán se equivocaba. Tontos todos en la espiral orgiástica de violencia, violación y muerte, unos se creían los eternos y definitivos vencedores, y los demás, wagnerianos perdedores seguros de dejar algo de dignidad a cambio de sus vidas y despojos. Si Hitler y Goebbels se zambullían en el lodo de la propia miseria y el fracaso gozoso, Laurencio Beria, el señor Yagoda y gospodin Yasov se entusiasmaban con sus supuestos éxitos en la carrera por enterrar a más enemigos de sus fuentes inagotables.
Hoy, de nuevo, en campos de batalla de aquellas guerras de horror, no son pocos los que se ridiculizan a sí mismos con lanzas enhiestas en favor de nuevas tragedias para mayor gloria propia y desprecio de los sufrimientos ajenos. En Georgia, Shevardnadze parece realmente creer estos días en la misma obscenidad en que reflexionaba Lavrenti Beria sobre la superioridad indefinida de la mentira y se reconvoca, nuestro gorbachoviano favorito, como triunfador en unas elecciones en las que nadie puede creerle sino como gran estafador. En Chechenia, Vladímir Putin mata a sus anchas, encantado con la comprensión que se le ofrece desde el exterior, y presume después de haber sido acariciado por tan semejante catadura a la suya como es la de Silvio Berlusconi, presidente hoy, nadie lo olvide, de nuestra digna Unión Europea.
El presidente Lukashenko en Bielorrusia asesina mucho más de lo que advierte, amenaza y habla para llevar a buen término una travesía hacia la nada y hacia el miedo, seguro como los supervivientes de la Wilhelmstrasse en Berlín -de los que tanto y tan bien habla Joachim Fest-, de que quien mata hasta el final es el que mejor lo hace. Las manifestaciones en Minsk, los muertos y los desaparecidos, son minúsculo pie de página en nuestras informaciones sobre el mundo. Mueren gentes en patios interiores, víctimas de palizas y tiros en la nuca, pero poco nos inoportuna esto como poco nos irritó en su día que los polacos mejores se sumieran en las fosas de Katyn, que las élites de una nación fueran inyectadas al lodo.
En Rusia, Vladímir Putin persigue a antiguos cómplices con nombre judío y ganas de buscarle una serie de vueltas a él, ese personaje supuestamente magnífico con ojos de rodaballo que pasea los honores del Kremlin por todos los confines del mundo civilizado. En Azerbaiyán nos regocijamos con una nueva república hereditaria con el júnior de sátrapa admitido, Geidar Aliev, convencidos de que las miserias más o menos pergeñadas o admitidas son menor disgusto que las reales. Al fin y al cabo, habremos de vivir con todas ellas. El nation building, la creación de Estados viables en esos confines de la Europa oriental tan lejana, con seres como Aliev, padre e hijo, con nuestro muy buen Shevardnadze, con el nada criptobolchevique Lukashenko o similares, no es ya un desafío a la buena fe. Es una empresa improbable e inverosímil si siguen imperando personajes que sólo han bebido de la bota intelectual que tan genial y profusamente nos describe Donald Rayfield en su insuperable libro Stalin y los verdugos (Taurus 2003), un enciclopédico relato sobre la depravación. Pero como nada importa y son muchos los que se entusiasman con el maoísmo boliviano, el castrismo venezolano y el bolchevismo cubano, las tonterías argentinas y los absurdos latinoamericanos en común, no hay razón para alarmarse con unas regiones euroasiáticas que cada vez se parecen más a los monstruos que nos devoraron a una población inocente que además se consideraba nuestra. Triste conquista de voluntades la nuestra.

VLADÍMIR GROZNY

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 04.11.03

CRISIS EN RUSIA

Iván Grozny, mejor conocido por aquí como Iván el Terrible, fue un gran líder para unas huestes desalmadas que pusieron las primeras piedras de un imperio ruso, ni mucho menos tan estable como la mitología nacionalista asegura, pero sí con ese cierto orden que el terror impone cuando es unilateral y está dispuesto a utilizar todas sus armas. Seres piadosos suelen hablar en este sentido de "la paz de los cementerios" aunque ni siquiera es necesario que así sea si los métodos de sepelio son lo suficientemente contundentes como para permitirse el enterrar sólo las ambiciones, las ilusiones o las opciones de los rivales y no sus cuerpos, por lo demás tan corruptibles habitualmente como sus almas. Pedro el Grande, un zar que ya comía a veces con cubiertos gracias a la insistencia de sus asesores alemanes, no conocía tampoco otra técnica que la decapitación, en contadas ocasiones metafórica, para impartir modales e imponer el orden en aquel imperio de la Rusia eterna que se gestaba a espaldas de Europa. Después se merece un recuerdo Stalin, ese georgiano poco pulido en maneras pero de cerebro tallado con esmeril. Éste se tomó más en serio el término de "aniquilación" en sentido estricto cuando había que tratar con rivales reales o supuestos, disidentes forzosos o imaginados.
Hoy, nuestro flamante presidente de la Rusia democrática, Vladímir Putin, demuestra que todas las clases de urbanidad recibidas en almuerzos y ágapes en Camp David, la Casa Blanca, el Palacio Buckingham, El Elíseo o La Moncloa no le han alejado un ápice de sus ancestros en el olimpo ruso del poder de aplastamiento del prójimo. El triste suboficial del KGB con vocación de delator entre los soviéticos estacionados en la República Democrática Alemana, elevado a los altares del "gran estadista" por los líderes de Occidente y por sus implacables castigos contra la población civil chechena, nos demuestra ya que sabe de la historia de su país y de la forma en que tratar a sus ciudadanos, si son judíos mejor que mejor.
Mijaíl Jodorkovski, propietario del mayor consorcio petrolífero de Rusia, judío, como todos los millonarios rusos beneficiario del expolio de la propiedad estatal soviética en la pasada década, renunció ayer a sus derechos como jefe de la compañía después de que Putin le expropiara la mayoría de sus acciones. Parece haber entrado en razón después de que el pasado 25 de octubre, el Kremlin decidiera cargarlo de cadenas y encarcelarlo por unos cargos que podrían aplicarse al 95% de los rusos que viven con cierto bienestar y por supuesto a todos aquellos que ayudaron a Putin a estar donde está, en la cúpula de un Estado totalitario que pretende que las democracias se olviden de todos sus principios bajo la amenaza de que toda otra alternativa sería el caos social y la ruina para sus socios, además de la pérdida de un aliado fiel en una lucha contra el terrorismo en la que nunca nadie supo realmente dónde estuvo Putin. Pudo estar bajo los edificios que volaron en Moscú y tanto lo auparon a la presidencia -culpables los chechenos, claro- o en el suministro de tecnología nuclear a Corea del Norte o a Irán. Pero Bush insiste en que ve "una mirada sincera" en esos ojos de pez de su fiel amigo en jornadas campestres. Su Dios le conserve la mirada. A Bush, el omnicreyente.
Los enemigos de Putin en Rusia parecen rendirse hoy, ante una indiferencia exterior que sólo muestra leves indicios de resquebrajarse. Pero todos aquellos que hayan dado por muerto el proceso de democratización de Rusia iniciado hace 12 años y se contenten con el cómodo modelo chino del capitalismo bajo la dictadura -la de Pekín ya del FSB (ex KGB) en Moscú- pueden algún día tener una mala sorpresa. Porque Putin tiene más rivales que Iván Grozny y Pedro el Grande y los tiempos hoy fluyen con celeridad. Aquí no se apuesta por nadie bueno, pero siempre es malo apostar por quien no sólo entierra en vida y liquida los principios propios, sino que, además, no tiene en absoluto las garantías de ganar. A medio plazo al menos.

ESTADOS VIABLES Y RESIGNACIONES SUICIDAS

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 28.10.03

LA POSGUERRA DE IRAK

La cadena de explosiones de coches bomba en Bagdad ayer, que se suma al ataque al hotel Al Rashid del día anterior, en el que para mayor gloria de los atacantes se alojaba el número dos del Departamento de Estado, Paul Wolfowitz, parece ya haber confirmado a las conmovidas percepciones mediáticas en Occidente que nos hallamos ante la apertura de la contraofensiva de lo que llaman con cierto tono épico la "resistencia iraquí". Los ataques terroristas de ayer son, sin duda, de enorme gravedad y sí son un indicio serio de que en la ciudad se mueven grupos con un mando centralizado.
El hecho de que estén compuestos hoy sobre todo por voluntarios fanatizados no iraquíes o mayoritariamente por cuadros del antiguo aparato de seguridad de Sadam Husein no cambia nada. Las órdenes que tenían los grupos especiales iraquíes en caso de invasión -destrucción, huida, reagrupación y terrorismo- se han cumplido al pie de la letra, lo que no deja en buen lugar a las fuerzas de información y contrainsurgencia norteamericanas que estaban advertidas sobre estos planes desde un principio.
El objetivo de estos ataques no es tan sólo la generación masiva de inseguridad entre la población y las fuerzas militares y civiles extranjeras. Es, sobre todo, la imposición paulatina a todos ellos -y a la comunidad internacional- de la convicción de que Irak es un país inviable sin el Estado que lo dominaba antes de la guerra y de que todos los intentos de hacerlo viable por otros criterios y métodos están abocados al fracaso. No se trata, por tanto, por diversas, fanáticas y disparatadas que sean las convicciones de quienes cometen los atentados, de ningún proyecto para Irak, sino del mismo nihilismo que tan bien explicó en su día André Glucksmann en su libro sobre el ataque a las Torres Gemelas. Se trata por ello de terrorismo en su estado más puro que quiere castigar con el derramamiento de sangre, indiscriminado o no, unas situaciones, pero sobre todo conceptos, que se odian pero a las que no se presenta otra alternativa que la destrucción y la muerte.
Inviables son hoy decenas de Estados, como muy bien explica Oswaldo de Rivero, embajador de Perú en las Naciones Unidas en su nuevo libro que lleva precisamente ese título (Los Estados inviables, Editorial Catarata y Universidad Complutense). Lo son por muchas razones, pero sobre todo porque, en las descolonizaciones diversas, "la euforia emancipatoria propulsada por el nacionalismo tribal y el Kaláshnikov ha terminado en procesos catastróficos de subdesarrollo e inviabilidad nacional. La ilusión por el Leviatán propio prevaleció incontestada sobre la posibilidad real de comunidades humanas para organizarse como Estados viables".
Hoy hemos llegado a un punto en que los Estados inviables son una amenaza no sólo para sí mismos, sino para quienes sí consiguieron organizarse en un sistema de orden, bienestar y prosperidad. Los leviatanes de pueblos y religiones despiertan por doquier siempre cargados de ira por sus propios fracasos.
En el caso de Irak, se puede o no estar de acuerdo con la intervención misma o su oportunidad. Pero hoy hay que estar muy ciego para no ver que la victoria de la viabilidad para este Estado es condición inexcusable para la seguridad del mundo, para la credibilidad de las democracias y para proseguir en los esfuerzos por sacar a tantos Estados fracasados de los callejones sin salida de su historia y su desarrollo.
Son muchas las fuerzas que se nutren en sus violentas vocaciones y mitos del fracaso y de determinismos históricos que bloquean todas las posibilidades de poblaciones e individuos a emprender un camino de desarrollo y prosperidad.
El esfuerzo por buscar viabilidad para Irak y toda la región se enfrenta por ello a fuerzas que no resisten si no se manifiestan con su único discurso que es el terrorismo. Por eso, ante las tragedias en Irak, pueden ser discutibles todas las medidas políticas, económicas o militares, pero nunca puede considerarse la posibilidad de dar un paso atrás ante hechos como los habidos ayer en Bagdad, por grandes que sean los costos que la perseverancia nos ha de exigir.
Son los zarpazos, sin duda no los últimos, por desgracia, de un monstruo con el que el armisticio es imposible para las sociedades libres si quieren seguir siéndolo a medio plazo. Irak tiene que llegar a ser viable como lo tiene que ser y pronto el nuevo Estado de Palestina. Todos los que obstaculizan que así sea deben saber que los sabotajes y las obstaculizaciones no nos harán cejar en el empeño. Porque somos conscientes de que si no son ellos viables, pronto podría ser que no lo fuéramos nadie.

DE LA PAZ A SACRAMENTO

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 21.10.03

COLUMNA

¿Qué tienen en común Bolivia -ese paradigma de Estado inviable, cubierto de lodo, óxido de cobre, fosas comunes y cocaleros analfabetos- y California, Estado bendecido, meca del cine, del éxito, del dinero y del glamour? Varias cosas, se dirá. Son la coca, la alegría y la rabia con que se usan las armas, la violencia, el robo y la corrupción. De un par de semanas a esta parte les une además una especial forma de deshacerse de sus mandatarios electos cuando aún no han cumplido la cuarta parte de su mandato. Por supuesto que en Sacramento el gobernador Davis ha sido derrocado con más elegancia que en La Paz el presidente de la República boliviana, Gonzalo Sánchez de Lozada.
Nadie cuestiona culpabilidades aquí. Si a Davis lo llamaban incompetente hasta en los sermones de las iglesias californianas, sorprendentemente ecuménicas en el caso que nos ocupa, al presidente boliviano un clamor popular -aun más convincente, indígena- lo había convertido en el peor rufián de la historia de aquel país andino que, de no ser por los explotadores, españoles o yanquis, habría sido un país alpino, y Oruro habría sido Davos y Cochabamba Zúrich, y los mil y pico dólares per cápita serían, ¿por qué no?, 36.000 dólares por alma y año. Sin duda.
Lo único claro es que bolivianos y californianos han logrado deshacerse de sus líderes recientemente electos. Y que la inmensa mayoría se antoja feliz por el resultado. Hubo un momento en España durante la pasada primavera en que ciertos dirigentes, entusiasmados por la movilización en la calle en contra de la participación española en la guerra de Irak, creyeron por un momento ser capaces de utilizar la vía boliviana para acabar con la legislatura. Las calles se poblaron de banderas de un Estado ya no existente cuyo retorno parecía reclamarse. Los dirigentes electos fueron insultados como asesinos y emuladores de Hitler o Mussolini o Goebbels. Y en el Parlamento se exigió transfuguismo generalizado -¡ese denostado fenómeno poco después!- en una votación secreta que debía acabar con la mayoría gubernamental. Ahora, aquí algunos comparan prácticas fascistas y no sólo fascistas de 1936 (rotura de urnas) con otras que son meras acusaciones que la realidad o la incompetencia no han dejado demostrar. Pero se insiste en lo que hoy, sin pruebas, no es más que calumnia. Y se practica retórica bolivariana en los mítines electorales tanto como en La Paz o Caracas.
En unas ciudades supuestamente aún más limpias como Zúrich o Ginebra, ya se habla, después del éxito de Christoph Blocher, un millonario que finge indignarse con los problemas cotidianos de los suizos, de que podría cambiarse el régimen tradicional de Gobierno que impone el consenso a un Gabinete de todas las fuerzas con presencia electoral. Quieren algunos cambiar las reglas para mejor. ¿Para mejorar quiénes? Muy cerca, en Italia, Silvio Berlusconi ya ha cambiado tantas reglas del juego que nada parece impedirle ganar siempre al margen de la razón y el apoyo que le asista por parte de las gentes o las leyes.
En el País Vasco, España, Europa, un jefe de Gobierno se alegra de las proclamas guerracivilistas del sur de Madrid para reafirmarse en su ambición de crear un Estado indigenista a la imagen del soñado por los sindicalistas bolivianos, en el que todos los traidores o tibios en su entusiasmo han de huir, si no a Miami, sí a Alicante o Madrid si no quieren morir o vivir en miserable existencia de vasallos. En Israel prosigue la caza mutua entre sicarios de dos amos de la guerra, y en la mayor democracia del mundo desaparecen detenidos en las jaulas de Guantánamo. Desaparece por todas partes la retórica de la comprensión y de la compasión y la defensa, ya serena, ya indignada, del derecho y de la verdad. Si en EE UU desaparecen convictos, en Madrid son celebrados por quienes quieren gobernar y en Vitoria por quienes gobiernan. Así las cosas, bienvenida la reedición que ahora publica Taurus en Madrid del libro de Giovanni Sartori ¿Qué es la democracia? Desde aquí se ruega encarecidamente su lectura. Quizás nos pueda salvar aún de males mayores.

jueves, 26 de abril de 2018

LOS AMIGOS DE ISRAEL


Por HERMANN TERTSCH
El País  Viernes, 10.10.03

COLUMNA

Sucedió hace dos días en un restaurante madrileño. Antiguos alumnos de una de las universidades norteamericanas más prestigiosas -forja de cuadros de élites, cuna de líderes del futuro, que diría un poeta- escuchaban a Miguel Ángel Moratinos el largo relato de sus experiencias, preocupaciones, pesadillas y también esperanzas de siete años de viajes y negociaciones febriles como representante especial de la UE en Oriente Próximo. Moratinos está como siempre, brillante en la exposición de sus conocimientos, deprimido por el deterioro de la situación, con su buena fe intacta y consciente de la mala fe que despliegan tantos otros protagonistas del gran drama palestino-israelí que nos roba vidas día a día, con abrumadora constancia, en Haifa como en Gaza, en Beirut como en Bagdad: allí, ayer, un compatriota nuestro, el sargento y segundo agregado en la Embajada española en Bagdad.
Un comensal, que sin mayor complejo se presentó como extremista de derechas, protestante ultrarreligioso y ciudadano norteamericano, comentaba sus discrepancias con Moratinos mientras éste hablaba. No son las que ustedes suponen. Moratinos hacía una decidida defensa del derecho de Israel a gozar de seguridad dentro de sus fronteras. El ultra, figura por lo demás infrecuente en las buenas universidades norteamericanas, venía a decir que la pretendida necesidad de seguridad de Israel nos estaba generando inseguridad a todo el resto del mundo y que la culpa de todo lo que sucede, de los muertos en Irak, de la guerra, del terrorismo y sus horrores "es de los judíos". "La Casa Blanca está infiltrada por la gente de Sharon". No hablaba así un neonazi de Dresde, un cabeza rapada de Parla, un estibador en paro en Chicago ni un miembro del Ku Klux Klan. Era un miembro del mundo financiero de Madrid, norteamericano, que hoy puede estar comiendo frente a cualquiera que lea estas líneas en un restaurante madrileño de cierto nivel. Moratinos no tuvo que escuchar estas palabras que le habrían amargado la cena. Le habrían disgustado profundamente. Porque lleva muchos años defendiendo a Israel frente a muchos árabes pero no pocos israelíes asimismo. Y sabe que todo Oriente Próximo tendrá paz y prosperidad o guerra y miseria según lo que pase en esos pocos kilómetros cuadrados que son Israel y los territorios ocupados. Nuestros muertos en Bagdad son muertos de la tragedia junto al Jordán.
Pero sí conviene que lleguen a oídos de todos aquellos que insultan por sistema a quienes critican el suicida proceder del actual Gobierno de Ariel Sharon. En las últimas semanas, el nuevo embajador israelí en Madrid se prodiga en los medios de comunicación descalificando a todo el que no aplauda la alegría de los llamados asesinatos selectivos de selección bastante aleatoria con frecuencia. No es fácil tener que defender lo indefendible, cierto. Pero no lo es menos que en Madrid se echa mucho de menos al anterior embajador, Herzl Imbar, un hombre sabio que sabía identificar a los amigos del Estado de Israel y era plenamente consciente de los enemigos que éste tiene a medio plazo en su propia Administración. Sharon huye hacia ninguna parte cual un Ibarretxe obeso, intentando hacerle un órdago a la historia y a la realidad inmediata. Parece no darse cuenta de que Washington, en su confusión general, no ha dejado de perder respeto internacional por su disposición a la humillación pública por parte de ese primer ministro que, según las leyes de la guerra, debió ser juzgado por rebelión durante la guerra de Yom Kipur, hace ahora treinta años.
¿Cuántos muertos le costaron al Ejército israelí entonces la obscena vanidad de este hombre cuando se negó a ayudar a otra unidad? ¿Cuántos le está causando ahora que intenta, con la inapreciable ayuda de su letal aliado Yasir Arafat, buscar una guerra total supuestamente redentora en la que todos los demás han de morir por sus ambiciones que son tan antipalestinas como antieuropeas, tan antinorteamericanas como antiisraelíes. Este gran sacerdote del odio cree eterna la impunidad que le volvió a dar Washington en el Consejo de Seguridad de la ONU a principios de semana. Pues no lo es. El derechista anglicano que escuchaba a Moratinos le manda el mensaje. Dentro de veinte años, EE UU tendrá más electores musulmanes que judíos. El comentario del comensal norteamericano del miércoles en un restaurante de lujo en Madrid será lema electoral. Ni la histeria antimusulmana, ni la prepotencia nuclear ni los judíos norteamericanos con su mala conciencia, su dinero y su poder, van a evitar que algún día, si nadie convence a Israel de que debe cambiar el rumbo y deshacerse de sus enemigos internos, los saboteadores sistemáticos de su convivencia con los pueblos de la región, los judíos en Palestina vuelvan a sentir el vértigo de la enemistad global y de la soledad ante la tragedia que sintieron en Europa en el siglo pasado. Aún hay tiempo. Despreciar los consejos de los auténticos amigos, como Moratinos, es malo. Lanzarse al abismo por indicación de los supuestos amigos y líderes que no escatiman muertos en su épica criminal puede ser fatal.

UN LIBRO SOBRE ‘LA VERDAD’ EN LA GUERRA DE CHECHENIA GANA EN BERLÍN EL PREMIO ULISES AL REPORTAJE LITERARIO


Por HERMANN TERTSCH
El País,  Berlín, 06.10.03

Ryszard Kapuscinski, el gran maestro polaco del reportaje internacional y Premio Príncipe de Asturias de este año, fue el encargado de entregar un galardón sin precedentes en una inmensa carpa engañosa que en su interior escondía un espléndido restaurante parisino, centenares de candelabros y decenas de periodistas y escritores que se reconcilian con la especie y la profesión. En el bosque del Tiergarten, a cinco pasos de la cancillería federal alemana y de la Puerta de Brandenburgo, en el centro de Berlín, se otorgó el sábado el Premio Internacional Ulises al reportaje literario. Es el primero. Se premiaba al mejor libro de reportaje, en una iniciativa de la revista Lettre International, que bajo dirección de su sección alemana -a la batuta de Frank Berberich-, ha logrado un impulso formidable para el fomento del periodismo serio en tiempos de mezquindad, penuria, cólera y basura.
Ganadora fue Anna Politkovskaya, su tremendo y conmovedor libro sobre Chechenia La verdad sobre la guerra. El jurado asegura que decidir al ganador fue labor ardua. Lo que demuestra que los finalistas han presentado libros excelentes porque La verdad sobre la guerra es sin duda uno de los mejores libros de reportaje escritos en décadas y comparable a los ayer mencionados de Egon Edwin Kisch o del propio Kapuscinski.
Horas antes de que se abrieran en Chechenia las urnas para una nueva farsa electoral escenificada en el Kremlin, Politkovskaya cautivaba al jurado con sus implacables verdades sobre el sufrimiento de la población chechena y de los soldados rusos y sus familias, despreciados e ignorados unos y otros por el Kremlin y su presidente, Vladímir Putin, tan agasajado él en Occidente. Politkovskaya ha escrito un protocolo implacable. Admiradora de la corresponsal de EL PAIS en Moscú, Pilar Bonet, Politkovskaya estaba ayer tan fascinada con su premio como indignada por los nuevos desafueros del Kremlin en Chechenia y el desinterés occidental al respecto.
En el jurado estaban, entre otros, Jorge Edwards, el portugués Pedro Rosa Mendes, el turco Nedim Gürsel y Philip Gourevich, de New Yorker. Sus asesores han sido el Nobel Günther Grass, el propio Kapuscinski, que recibirá el Príncipe de Asturias el 24 de este mes en Oviedo; Jean Malaurie, aventurero, científico y escritor, y Jan Stage, un genio del reportaje en Latinoamérica, África y Asia, un incansable danés que murió semanas antes de esta ceremonia de Berlín.

miércoles, 25 de abril de 2018

UNA ‘LACRIMA SUL VISO’


Por HERMANN TERTSCH
El País  Domingo, 05.10.03

ANÁLISIS: EL FUTURO DE EUROPA

A la política hay que llegar llorados, se suele decir. Mucho más a las responsabilidades de Gobierno, cabe añadir. Los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en Roma en la Conferencia Intergubernamental parecen haber olvidado esta norma tan sobria. Todos parecen haber llegado a la Ciudad Eterna enfadados, regañones y llorosos. Así las cosas, lo más sensato es esperar a que ellos se vuelvan a casa y los equipos negociadores se pongan a pulir el proyecto de Constitución Europea que la Convención ha presentado.
Cuando Europa se apresta a dar el paso más importante hacia su unidad política, los líderes europeos nos amenazan con un espectáculo nada edificante de lloros y reprimendas. Todos simulan haber sido estafados. A nadie puede extrañar que a los 10 candidatos que ingresan el año próximo se les haya puesto cara de tontos después de ratificar en referéndum un ingreso sobre las bases del Tratado de Niza que Alemania y Francia deciden modificar semanas después. Ni que España y Polonia, y no sólo ellos, teman que el nuevo reparto de poder que se sacó de la chistera Giscard en la Convención nos lleve poco menos que a un orden similar al surgido del Congreso de Viena de 1815 por el cual los grandes, ahora dos, mandan y los demás tragan.
Pero pasada la cumbre plañidera todos habrán de mostrar al menos un poquito de generosidad -escasa como está la grandeza- y dejar lista para la aprobación una Constitución que dé ese gran valor añadido a la calidad de vida de una ciudadanía europea. Vean el resto del mundo, vean lo ya logrado en Europa y lo que cabe conseguir. Y no sean lloronas.

TRILLO CONDICIONA LA REDUCCIÓN DEL DESPLIEGUE ESPAÑOL EN IRAK A LAS DECISIONES DE LA ONU


Por HERMANN TERTSCH
El País,  Diwaniya, 28.09.03

LA POSGUERRA DE IRAK

El ministro de Defensa visita a las tropas destacadas en Diwaniya y Nayaf

"Esperamos que España haga una gran aportación a la paz en Irak", dijo un líder chií

España podría reducir su contingente de tropas destacado en Irak si para diciembre se han unido a la coalición internacional países hoy ajenos a la misma, según manifestó ayer el ministro de Defensa, Federico Trillo, en su primera visita a la base española en Diwaniya. Trillo, que también visitó las bases de los destacamentos de Honduras, El Salvador y la República Dominicana, integrados bajo mando español en la propia Diwaniya y en Nayaf, se mostró confiado en que los movimientos habidos en la ONU sean el preludio de una ampliación de la coalición.
"Es demasiado pronto para hablar de plazos y efectivos", afirmó Trillo. Pero insistió en que "existe una esperanza fundada en ampliar el consenso con una nueva resolución".
Según el ministro, en Nueva York, de los tres países que formaron un eje de resistencia a la intervención militar en la pasada primavera, dos, Alemania y Rusia, ya han cambiado de actitud. "Y espero que también Francia rectifique". Trillo ha reiterado en los últimos días en diversos medios su pesar por lo que califica de "obstinación" de Francia en negarse a cooperar en la coalición internacional en Irak.
El ministro llegó por la mañana a Bagdad en un Hércules de las Fuerzas Aéreas Españolas procedente de Kuwait y prosiguió de inmediato vuelo hacia Diwaniya en helicóptero artillado. Allí le esperaban el jefe del destacamento español, el general Alfredo Cardona, con sus mandos. El ministro español comenzó así su visita de dos días a las tropas españolas apenas un mes después de que éstas asumieran sus responsabilidades en la zona Central-Sur bajo mando actual de Polonia y se completara allí el repliegue norteamericano. La zona Central-Sur, habitada casi en su totalidad por población de creencia chií, muestra un nivel bajo en conflictividad que contrasta radicalmente con la escalada de violencia y atentados contra las fuerzas de la coalición y de las Naciones Unidas que se han producido en el llamado triángulo suní entre Bagdad, Faluya y Tikrit.
En este sentido se manifestó el Presidente del Consejo Municipal de Nayaf -la ciudad sagrada del chiísmo-, Jaleb Al Normani, que acudió al cuartel de El Salvador para saludar al ministro y habló de las afinidades del pueblo iraquí con el español y de su convicción de que las fuerzas españolas actúan con sinceridad y buena fe. "Tenemos buenos recuerdos históricos de los españoles. Esperamos que España haga una gran aportación a la pacificación del Irak", manifestó este líder religioso chií que afirmó estar seguro de que españoles e iraquíes "nos parecemos mucho".
Trillo se mostró muy satisfecho de los progresos conseguidos por las tropas españolas. En Diwaniya se ha restablecido el suministro de electricidad, han reabierto varias fábricas y todos los indicios sugieren que la desaparición de las tropas norteamericanas de las calles de esta ciudad así como de Nayaf ha sido una importante aportación al bajo nivel de conflictividad en la región. Insistió en que la ampliación de la coalición contribuiría a la estabilidad y a la seguridad y por tanto a la reconstrucción. Y subrayó que los fallos en los servicios básicos y el desempleo son los que crean el malestar social que después nutren la hostilidad contra las fuerzas de la coalición internacional.
Tras sus visitas a los tres cuarteles centroamericanos y a una unidad nicaragüense de expertos en desactivación de explosivos que también trabaja en la zona, Trillo destacó que es la primera vez que España y países iberoamericanos se han unido en la cooperación militar internacional. Hasta ahora la comunidad iberoamericana de naciones se basaba en su cultura común del pasado. Según el ministro, "esta cooperación tiene una clara proyección hacia el futuro".
El ministro se mostró manifiestamente irritado ante las sugerencias de algunos periodistas sobre la legitimidad del término de "resistencia" en vez de "terrorismo" para calificar los ataques contra las fuerzas internacionales. "Cada vez hay más indicios de que los ataques están dirigidos por una misma fuente que es la resistencia terrorista sadamista". Antes ya había insistido en que "quienes atacan a sedes y funcionarios y representantes de las Naciones Unidas no pueden recibir el calificativo de resistentes, sólo el de terroristas".
El ritmo maratoniano de la jornada de ayer puede quizás explicar el lapsus que el ministro de defensa tuvo cuando después de su visita al batallón de Honduras visitaba al de El Salvador. Ante la tropa formada Trillo se despidió con un ronco "viva Honduras" que, como un solo hombre corearon los salvadoreños. "Viva Honduras". Advertido sobre su error, dijo que "perdonen, ha sido un lapsus". Y vaticinó de "luego se hará eco la prensa de ello". El "Viva El Salvador" fue coreado con mucha mayor rotundidad.
Federico Trillo saluda, en Diwaniya, a las tropas nicaragüenses que forman parte de la Brigada Plus Ultra. / EFE

MUEVAN FICHAS


Por HERMANN TERTSCH
El País  Miércoles, 24.09.03

COLUMNA

El secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, puede e incluso debe criticar la intervención norteamericana en Irak como ayer hizo en inequívocos términos ante la Asamblea General en Nueva York. Al fin y al cabo, es la organización que él preside la que fue ignorada por Estados Unidos cuando decidieron ir a la guerra para acabar con el régimen de Sadam Husein. El presidente norteamericano, George Bush, tampoco podía ayer hacer otra cosa que defender su línea oficial, según la cual un inmenso Ejército norteamericano se dedica a reconstruir escuelas e infraestructuras en Irak, actividad benefactora que simultanea con la lucha contra el terrorismo en todo el mundo y en aquel país árabe en particular. El presidente de Francia, Jacques Chirac, que siguió ayer a Bush en la tribuna de oradores, tampoco podía perder la ocasión de presentarse como el adalid del multilateralismo, tan igualitario y exquisito como inexistente, y además quimérico.
Pese a todo ello, las fichas se están moviendo con cierta fluidez entre los grandes protagonistas del inmenso desaguisado político generado en vísperas de la guerra de Irak. Y las mueve, como casi siempre, la necesidad. El canciller alemán, Gerhard Schröder, ha llegado a Nueva York advirtiendo contra "cualquier tentación de crear un bloque contra Estados Unidos", que es precisamente lo que hizo con Francia y Rusia antes de la guerra. El canciller alemán, aún no repuesto de la humillante derrota de su partido socialdemócrata en las elecciones en Baviera el pasado domingo, quiere cerrar definitivamente el capítulo de su enfrentamiento con Bush, que sólo le produjo rédito político en la campaña para su reelección. Hoy se ven Schröder y Bush por primera vez en 16 meses, algo sin precedentes entre los líderes de Washington y su principal aliado continental durante medio siglo. Bush ya ha mostrado públicamente "comprensión" hacia la postura de Schröder, en lo que puede considerarse un gesto cordial por parte de este presidente norteamericano. Y Chirac ha anunciado que "no está en su ánimo" vetar una nueva resolución del Consejo de Seguridad para aumentar el papel de la ONU en Irak sin poner en duda que el control efectivo seguirá en manos de la coalición liderada por EE UU mientras la situación lo requiera. Ayer, ante la Asamblea, ni siquiera recordó su "exigencia" de que el traspaso de la plena soberanía a manos iraquíes se hiciera en el plazo de un mes, quizás porque repetir las bromas suele ser de mal gusto. Rusia, por su parte, el tercer miembro del efímero eje antiamericano que Schröder no quiere repetir, se ha limitado a recordar a Washington que "ya os advertimos" de los peligros.
A estas alturas todos saben que los peligros de un deterioro de la situación afectan a todos. La opinión pública norteamericana comienza a reaccionar ante la chapuza de posguerra, la interminable serie de improvisaciones y demostraciones de ignorancia e incompetencia de sus aguerridos planificadores civiles en el Pentágono de Donald Rumsfeld. Está costando un lento pero continuo goteo de muertes de compatriotas y unas sumas ingentes de dólares, a las que ahora habrá que añadir 87.000 millones más. La popularidad de Bush ha bajado a su mínimo absoluto del 50%, y ya es también la mitad de la población la que cuestiona la oportunidad de la intervención. Y las elecciones presidenciales se acercan inexorablemente. Así las cosas, y al margen de la retórica grandilocuente, todos comienzan a reconocer intereses comunes y la necesidad de cooperar para ganar definitivamente el pulso a quienes quieren llevar a la región a un estallido generalizado. La primera condición para encauzar la situación, al margen de la resolución que ampare esta cooperación en Irak, es la reactivación de la Hoja de Ruta en Palestina. Esto requiere de la firme decisión de Bush de parar los pies a Ariel Sharon. Y esto no es fácil en Washington en época preelectoral.

LOS ASTROS DE LA MUERTE


Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 09.09.03

COLUMNA

Los palestinos, o mejor dicho, su autoridad tan poco autónoma como sensata, han vuelto a demostrar que saben equivocarse en perjuicio propio todas las veces que haga falta. Nadie mejor que ellos se rompe mejor una mano para molestar al enemigo. Y muchos lo celebran como un triunfo. Ariel Sharon, por su parte, ha ratificado la convicción de todos aquellos que creen que su política no es sino una manifestación extrema de la desviación psicopatológica de toda la cultura israelí del poder que emana de la cultura judía de la sumisión. También los israelíes y su Estado habrán de comprobar tarde o temprano que esta orgía de prepotencia de sus crímenes de alta tecnología que son la caza a base de misiles de ancianos venerados entre los suyos en la zona más poblada del mundo que es Gaza, no aporta nada a su seguridad y, sin embargo, sí es garantía de que algunos de los niños cuyo nacimiento han celebrado hace poco no podrán concluir una vida pensante que merezca tal nombre.
Finalmente, el presidente norteamericano George Bush nos revela que sus convicciones de poder mover el orden mundial en la región más vital para la seguridad internacional y la lucha contra el terrorismo de raíz islamista no tienen consistencia ninguna y que él, muy personalmente, está a punto de fracasar tan estrepitosamente como su coqueto grupo de intelectuales neoconservadores que, sin creer tener que escuchar a nadie, se lanzó a la piscina con un manto tan almidonado de razón que hoy ya saben que no aguantan su peso. Empapados de realidad, jadean mucho, pero pocos creen ya que alcancen ninguna orilla. Ellos que lo sabían todo se ahogan y arrastran hacia las profundidades todas las posibilidades de que en Palestina se matara menos, se hablara más y se pudieran recoger las cosechas de palestinos e israelíes sin el miedo a morir arrancando un tomate. Así están hoy las cosas, después de las efímeras ilusiones de una Hoja de Ruta que no nació muerta como algunos dicen, pero que muchos acordaron violar y matar antes siquiera de ser púber.
No se nos olvide, por supuesto, Europa, que con Estados Unidos debiera haber sido la fuerza capaz de imponer a los adalides de la muerte, esa siniestra constelación de los astros -Arafat y Sharon- en danza permanente de alarde de su propio poder y decisión, una lógica distinta a la que ellos consideran única. Sharon tuvo avisos, nunca los necesarios, de que tenía que acabar con la obscenidad de los asentamientos y un muro divisorio que es monumento a la ofensa y repugna a todo aquel que crea en el ser humano. Europa no parece haber dado tampoco los avisos necesarios a un Arafat que no concibe más lógica que la elevación del sufrimiento común para buscar un triunfo de su propia posición y no la solución paulatina del drama de su pueblo. Europa y su magnífico representante y bregador en la región que es Javier Solana, han demostrado mucha más buena voluntad que su protegido Arafat, pero no menos impotencia. Mientras, Bush comienza a combinar su arrogancia con la incompetencia y sus hombres en Palestina e Irak inspiran casi una inverosímil ternura en una especie de patético teatro de sombras que nos hace difícil adivinar cualquier luz. ¡Sin muertos ni dolor habría sido un magnífico espectáculo edificante para generaciones venideras!
Abu Mazen ha dimitido porque se sabía liquidado por la alianza de los sumos sacerdotes del dolor que son Arafat y Sharon. Abu Alá, que ha aceptado ser su sucesor como primer ministro palestino, no parte con mejores premisas que su antecesor en el cargo. Si no hay un gran gesto por parte de Washington que imponga, en el sentido más estricto, un gesto amplio y comprensible para todos de conciliación, como sería la paralización general e inmediata de los asentamientos y de la construcción del miserable muro, no vamos a la reordenación de Oriente Medio que algunos listos civiles pretendían en el Pentágono que sería rápido, barato y bonito, sino a la explosión de una crisis con todo el poder destructor de décadas acumulado. Habrá entonces madres, hermanas y viudas, padres e hijos llorando por esquinas que, denlo por hecho, no estarán sólo en Gaza o Jerusalén.
Dos palestinos, en un puesto de control en Jerusalén. REUTERS

MELANCOLÍAS OTOÑALES


Por HERMANN TERTSCH
El País  Jueves, 04.09.03

TRIBUNA

Cansino ya el Sol tras su atroz alarde estival, los días se acortan y se agitan a un tiempo. Por implacables que sean los veranos, son los otoños y los inviernos los que, en la cultura europea al menos, imponen a los hombres esa cura de humildad y reflexión, la percepción de fragilidad y transitoriedad que invita a mejorar la vida propia y las relaciones con los demás antes de que se agote el tiempo que cada uno tiene otorgado. El otoño, ese ensayo anual de la vejez, llama a hacer balance, a lamentar y desear no repetir pasados errores y pecados. Como dice Rainer Maria Rilke en su poema Herbsttag (Día de otoño): "Ha llegado el momento, el verano fue largo. Ha llegado el otoño. Quien aún no tenga casa, ya no la construirá. Quien ahora esté solo, lo estará mucho tiempo. Velará, leerá, escribirá largas cartas y vagará por las alamedas, por las que se mueven las hojas". El otoño nos hace pequeños, tristes y lúcidos. O debiera.
No podemos pedir tanta introspección, emoción y tamaña poesía a la política española ni a sus protagonistas. Pero sí puede que sea un buen momento, después del calor caído y sufrido, para que los españoles en general, la sociedad y la clase política, reflexionemos con menor angustia y algo de fresca serenidad sobre nuestra casa común y, si consideramos tenerla, su solidez para afrontar los cambios climáticos externos, muy fríos de guerras, crisis e inseguridad que ya no se auguran, sino son certeza. Y sobre nuestra propia disposición para generar fuerzas y sentimientos que nos ayuden y neutralicen tendencias a la automutilación. Nuestros hijos y nietos vivirán, todos lo tememos, con más desasosiego que las generaciones que nos despedimos.
El libre albedrío vuelve a ser forma de vida como en el medievo y las grandes angustias que todo individuo necesitaba en Europa como parte del instinto de supervivencia antes de la Paz de Westfalia vuelven a ser actuales. Los Estados protectores de sus ciudadanos habrán de hacer grandes piruetas para seguir simulando serlo. No lo serán ya en la medida en que lo fueron, con lo que desaparece uno de los más eficaces baremos del progreso humano. Pero además, todos los Estados, los más democráticos incluidos, pueden perder el alma de la que emanan sentido de la justicia y compasión. Nos alejamos de la ilustración y de todo el positivismo rectilíneo en el que nacimos, crecimos y nos formamos los adultos de los países bienaventurados del siglo veinte. Los tiempos se tornan rudos en las ciudades en las que ya vivimos casi todos. La calle es peligrosa. En Bogotá y en Bagdad, pero también en Berlín y Madrid. Los que hace diez años se conformaban con un insulto más o menos grosero en un litigio o malentendido, hoy disparan con calibre 6,35 milímetros o con una Magnum. Los contratos sociales nos estallan, cada vez con más violencia, por la cola. Primero fue el lenguaje, hasta que su virulencia se tornó en hechos. En España, como siempre, se despliega más elocuencia en todo ello.
Hay pocos inocentes. Hay mucho de lo que reflexionar tras este verano de calor, fuego y muertos en la huida o en la desolación entre paredes desnudas de hospitales. Puede que todo venga desde lejos. Pero parece evidente que durante meses hemos mostrado mucho de lo peor de nosotros mismos, tanto la sociedad como la clase política y todos aquellos que forman el vértice del protagonismo social. Por supuesto que sigue existiendo la virtud en las relaciones humanas como en las actividades públicas. Sin la emoción, el candor y el consuelo que aquélla genera, la vida sería insoportable o simplemente despreciable. Pero el desastre ético, estético, escénico y acústico ha sido perfecta y profusamente expresado hasta el esperpento en nuestros hábitos sociales, mediáticos, culturales y políticos. Todos somos algo culpables de que la basura rampante ruja con toda su procacidad y arrogancia, despreciando con carcajada grotesca todo "lo verdadero, lo bello, lo bueno", ese lema de devoción por la excelencia que adorna tantos de los teatros de nuestro viejo mundo, en los que Calderón y Goethe, Molière y Schiller, Lope y Shakespeare cantaron y describieron la gran epopeya del ser humano por ser mejor ante Dios y los hombres. ¿Dónde quedó aquella vocación de excelencia en la vida pública? Hoy cada vez la recuerdan menos. Algunos ni saben que existió. Pero la hubo. También aquí en España y no hace mucho de ello. Pero recordarlo dejaría en muy mal lugar a muchos que hoy se solazan en el éxito social de jaurías más o menos vergonzantes.
Bajemos por tanto al lodo donde todos seremos iguales. Ésa parece la consigna. La profanación del lenguaje y de las formas ya no es una afición exclusiva de una mafia negra o rosa. La falta de escrúpulos y consideración ante el efecto de las palabras sobre menores o mayores, sobre la seguridad de la ciudadanía, sobre la economía, el bienestar y la salubridad general, ese repugnante hábito que era patrimonio durante tanto tiempo de nazis, golpistas, fanáticos religiosos, travestidos narcisistas y payasos, ha contagiado a políticos, intelectuales y grandes comunicadores de la mañana. Se miente y se desprecia con entusiasmo y se insulta con fruición. Melancolía produce ya no sólo el otoño que nos viene, sino el recuerdo que nos queda.
Somos una sociedad que salió de la dominante inmundicia política e intelectual hace apenas un cuarto de siglo y dio ejemplo al mundo de cómo emerger con ilusión y dignidad. Hoy la inmundicia, inexplicablemente, vuelve a acosarnos por todas partes. Tenemos un millón de motivos para sentirnos orgullosos de compartir una identidad que se revolvió contra su pasado miserable, perdedor y pendenciero y dio a sus hijos una vida infinitamente mejor que cualquier otra siquiera imaginada pocos años antes. De la cochambre y el miedo surgió un país para todos y pocas historias de éxito son tan emocionantes, pocos progresos en el bienestar y la libertad tan espectaculares y ejemplares como la española después de 1978. Parece mentira que quienes hoy parten de una situación tan infinitamente mejor para regular una "buena sociedad" desde la política, la cultura y los medios de comunicación no hagan sino insultar a nuestro pasado reciente, conquista común de nuestra Constitución. Parece mentira que los últimos restos de la España negra e inmunda que son los nacionalismos, cursis, violentos o simplemente arrogantes y provincianos, hoy sean inspiradores de políticos y partidos que podrían apoyarse en su larga tradición de sensatez y vocación de servicio al país y a la ciudadanía.
Ahora, después de este verano tórrido, tenemos que ver con tristeza que son muchos los que han perdido la memoria aunque su edad no justifique la amnesia. Adultos con responsabilidad política y vocación de poder nos sugieren que sus rivales nos llevan a la lógica de la checa o del general Yagüe. Se llaman viles y cobardes entre sí. O sugieren que otros buscan compatriotas muertos en beneficio propio. Unos hoscos por naturaleza, otros débiles en esencia y carácter, nos dicen que los electores debemos elegir entre bandos que hace tiempo dimos en inmensa mayoría por disueltos. Intelectuales y actores se lanzan a la cruzada de convencernos de que si ganan quienes ellos no quieren, los españoles habrán demostrado que son unos imbéciles que se merecieron la Inquisición y a Franco. Y alimentan a un tiempo las paranoias identitarias de tanto etnicista fanático de intereses muchas veces extremadamente prosaicos y zurrón cargado de víctimas. El lumpen político y mediático se nutre y expande gracias a las debilidades del resto de los ciudadanos. De ellas extrae la justificación cuando no exaltación de la bajeza que les es vocación y profesión. De ahí la responsabilidad indirecta en semejante pestilencia de todos aquellos que no medran y se declaran a disgusto en ella.
Parafraseando a Rilke, "el verano ha sido largo, ha llegado el otoño, quien no tenga casa (u obra o mensaje) no lo tendrá en estos agitados tiempos que se nos echan encima". Nadie parece capaz de pasear por las alamedas y pensar en sus propios errores en vez de lanzar descalificaciones cainitas al adversario real o rival imaginario. La primavera llega en marzo. Quienes no hayan reflexionado lo suficiente para entonces por las alamedas sólo tendrán ese recurso de la impotencia de seguir lamiéndose heridas, aullar sus cuitas en el insulto y refugiarse en las estrecheces de su secta. Quienes quieran servir a su país, a un Estado que tanto mejor nos ha servido a todos los españoles en el último cuarto de siglo, al margen de quien lo dirigiera, tienen otoño e invierno para reflexionar. Y para dejar de alimentar al lumpen con sus debilidades. Aún hay tiempo.
Como siempre, quien más poder o influencia tiene es el que mayor responsabilidad carga. Y quien mejor ejemplo puede dar. El presidente José María Aznar, se ha despedido de su partido con un nuevo éxito. Ha tenido muchos en ocho años. Partido y electores del mismo los han sabido agradecer. Pero sin duda crecerán en la memoria de todos los españoles no cegados por fobias o sectarismo si durante la larga despedida de la jefatura de Gobierno que acaba en primavera supiera ser humilde y pedir perdón por las ofensas -queridas o no- que haya podido cometer durante su mandato, todas ellas simbolizadas en la mayor que por desgracia cometió ya en la recta final de una trayectoria que la inmensa mayoría de los españoles aplauden. Fue su afirmación de que españoles pueden desear la muerte de otros españoles para dañarle a él y a su partido. Debe hacerla. La enmienda. Demostraría con su ejemplo que aún tenemos fuerzas todos para excusarnos y enmendar. Y ponernos así a salvo de un encanallamiento general que amenaza con destruir lo mejor que España ha hecho en siglos, que es esta democracia bajo esta Constitución, con este régimen territorial y con este jefe de Estado. Aznar ha contribuido a que así sea. Puede aún prestar ese último gran servicio.
El domingo nos partió el corazón la muerte de un hombre que ha sido el mejor ejemplo imaginable del esfuerzo humano por la superación y la excelencia, Mario Onaindia. Él logró la grandeza pese a que las miserias ajenas y un cáncer igual de miserable le habían arrebatado el éxito que merecía ese hombre hecho de bondad e inteligencia. No hubiera sido otro que el ver en su amado País Vasco el triunfo de la ciudadanía frente a la tribu y de la verdad frente a la mentira al servicio del odio.
La grandeza ha sido siempre, recordémoslo, un bien muy superior al éxito. Y cuando este último ya está asegurado, sería imperdonable no aspirar al galardón supremo en la trayectoria entre los hombres. Sería, insisto, un gran servicio a la patria en esa despedida otoñal. Nos daría un ejemplo y nos haría mejores y más fuertes a todos ahora que tanto frío de incertidumbres hemos de afrontar.

EL MAL SIN SENTIDO

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 29.07.03

COLUMNA

Quien lamente que Jorge Videla, Emilio Massera y Alfredo Astiz rindan cuentas por sus crímenes -por supuesto supuestos- en Buenos Aires, La Haya, Madrid, Vladivostok o Sotogrande, tiene un serio problema para rendirse cuentas a sí mismo. De ahí que el fiscal de la Audiencia Nacional de España, Eduardo Fungariño, debiera reflexionar algo y, si le gusta evitar ridículos, no meterse en evidencias. Hay miserias que no se curan con el tiempo. Por el contrario, crecen hacia dentro en las sociedades e individuos si no hay catarsis de justicia. El presidente argentino, Néstor Kirchner, tiene una vocación populista considerablemente tosca. Pero si siendo así rompe con la cruel impunidad de los verdugos impuesta a las víctimas y sus familiares, no sólo crea realidades bienvenidas, sino que manifiesta asimismo transformaciones en la sociedad argentina dignas de aplauso. Algo se mueve allí al margen de los pánicos y entusiasmos efímeros. Sin aceptación popular, políticos como Kirchner no se meten en semejantes jardines. La talla no es suya, sino del momento, pero supone una buena noticia desde aquel país tan maltratado, más por sus políticos, pero también por su ciudadanía.
Lejos del barrio bonaerense de Palermo, por el que algunos torturadores paseaban sus perros afganos hasta hace pocos días, en La Haya, Biljana Plavsic, una muy culta profesora de Universidad, adalid de la matanza de musulmanes bosnios junto al poeta Radovan Karadzic, éste aún huido, era condenada a 10 años de cárcel. Era especialista en despertar los peores instintos de la gente seguidora serbia a la que despreciaba casi tanto como a sus enemigos musulmanes o católicos. Nadie piense que Plavsic era una persona desequilibrada como Karadzic, el rencoroso marginado y ninguneado eterno en la escena intelectual de Sarajevo. No era un chetnik de los montes, sino una mujer llamémosla pulida. Pero como tantos otros en la historia del crimen político gozaba de una perfecta permeabilidad entre su vida formal tan civilizada como obsequiosa y su vertiente maníaca y destructora. Como su cómplice Nicola Koljevic, gran experto en Shakespeare, entusiasta del crimen masivo hasta que, como un personaje más de sus dramas tan queridos, se quitó la vida. Recordemos la ternura de Joseph Goebbels con sus niños a los que se llevó a la muerte en abril de 1945 sin consultarlos, las conmovedoras escenas de Stalin ñoñeando con su hija Svetlana o aquella inolvidable caricia de Nicolae Ceaucescu a su mujer y cómplice, Elena, momentos antes de ser ejecutados. Deberíamos recordar a diario que esa permeabilidad en esta dualidad abismal no es patrimonio de los grandes monstruos políticos surgidos del fértil regazo europeo del siglo XX.
Este mes de julio ha sido publicado en una revista alemana de historia un texto inédito hasta ahora de Ernst Jünger, un monstruo también, de las letras, de la guerra y la lucha de los hombres y los insectos. Un año antes de morir, Jünger contaba en una cena en El Escorial sus esfuerzos denodados por conseguir ciertos escarabajos que aún no tenía en su colección. Había cumplido ya los 102 años. El texto ahora revelado es un informe de Jünger sobre la selección y ejecución de 50 prisioneros franceses en el otoño de 1941 en represalia por un atentado contra un teniente coronel de los ocupantes alemanes en París. Jünger utiliza su glorioso dominio del alemán para hacer una descripción de las medidas tomadas que hiela la sangre. Es un Mefistófeles de Goethe diseccionando la vida y el destino con el bisturí de un funcionario poeta.
Nadie le hará el favor a Ibarretxe de compararle, ni a él ni a su prosa ahora conocida en su "octavo borrador", con un ser tan excepcional -en el bien y en el mal, tan cercanos- como Jünger. Pero algo recuerda también al Jünger ocupante y relatante, salvando las distancias, ese texto de huida hacia adelante del gran gurú del consuelo lacio al muerto y apoyo comprensivo a la pistola humeante que parece ser la tierna solución de Ajuria Enea a eso que llaman "el problema vasco". ¡Qué sobriedad de tono se puede adoptar al proponer la opción más enajenada y el disparate más absoluto! ¡Qué tono de civilidad, urbanidad y educación se puede desplegar para lanzar una proposición salvaje y preñada de desconfianza y desprecio inmisericorde hacia los muertos, de sangre y odio, con coquetería leguleya! Plavsic ha sido condenada en La Haya, Milosevic lo será, Koljevic se pegó un tiro. Es siempre difícil saber qué opción tomará Mefistófeles cuando vea que todo el mal que su ambición e irresponsabilidad producen es sólo eso, un mal sin sentido, una miseria insensata lejana del consuelo que era la prosa de Jünger.