viernes, 2 de febrero de 2018

BERLÍN 1953

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 17.06.03

COLUMNA

Avenida de Stalin en Berlín Oriental, primera hora de la mañana, 17 de junio de 1953. Hoy hace medio siglo. Todo comenzó con unos gritos de "Ya está bien" o "Basta ya" y "No somos esclavos". Terminó un par de días más tarde con un número indeterminado de muertos, miles de detenidos y un largo silencio que se prolongaría hasta el año 1989. Se cumple el 50º aniversario del levantamiento obrero de Alemania Oriental contra el estalinismo, precursor de otras revueltas que desafiaron en Polonia, Hungría, Checoslovaquia y después en toda Europa central y oriental a unos regímenes injustos y brutalmente inhumanos. En Occidente, donde no se sufrían sus atropellos, tanto los Gobiernos democráticos como las opiniones públicas tendían a trivializar aquellas tragedias.
Excesos de pragmatismo, elusión de conflictos o pacifismo crudo no han sido, tantas veces, sino colaboración con los enemigos de las libertades. Los alemanes empezaron protestando contra unos objetivos laborales impuestos por el régimen que eran insoportables. Pero acabaron muriendo con la convicción de que no lo hacían contra una medida laboral, sino contra conceptos totalizadores de la vida.
Las protestas occidentales fueron escasas. Quienes protestaban eran pronto los culpables de todo aquel desagradable conflicto, tanto en los medios bolcheviques del Este como en los liberales de Occidente. Quienes atacaban a los regímenes sometidos a la URSS eran tachados de anticomunistas fanáticos, cuando no de nostálgicos del Tercer Reich en Alemania, del fascismo en Italia o de ese colaboracionismo que tantas veces actuó con enorme efectividad. Es curioso, recordaba ahora Robert Leicht en el semanario Die Zeit, lo fácil que fue para la Alemania unificada cambiar el Día Nacional en el calendario. El 17 de junio generaba mala conciencia por doquier, mientras el 3 de octubre, día de la unificación, no exigía nada a la memoria autocrítica y era fecha común de autocomplacencia.

El 17 de junio alemán reclamó para los hijos de un régimen criminal su derecho a tener una vida propia, su libertad para luchar por una dignidad que la historia había negado a sus padres, tanto víctimas como verdugos. Habrían de pasar tres décadas para que los polacos triunfaran en este empeño y lograran, primero solos, después con todo un mar de voluntades vecinas, aupándolos hacia la victoria, esa confirmación de las palabras de Juan Pablo II en su primera visita como Pontífice a Varsovia: ¡No os resignéis! No era un consejo. Era una orden, y fue acatada. A partir de entonces no se resignaron ni polacos, ni checos, ni húngaros ni albaneses. Decenas de pueblos en el mundo, no sólo en Europa, escucharon aquel mensaje de lucha a favor de unos valores objetivamente más generosos, más solidarios y más humanos. También más valientes. Son muchos los que hoy quieren convencernos de que el 17 de junio en Berlín, 1956 en Budapest, 1968 en Praga o 1989 en todo el continente europeo no eran sino nuevos llamamientos irrisorios a favor de una de las opciones posibles y siempre equiparables y que Sadam es igual que Jefferson, Bush como Hitler, Blair igual que Kim Song Il, Aznar igual que Franco, Castro y Chávez males menores y las alianzas con asesinos en Navarra o Euskadi meros problemas de procedimiento y alianzas multicolor. No es así, y todos los muertos que, sólo en este Viejo Continente hemos sufrido desde aquel 17 de junio, nos debieran recordar que existen enemigos que quieren acabar con todo un sistema de vida que nos ha hecho más ricos y polifacéticos, más humanos y mejores entre nosotros. Gracias precisamente a las diferencias, pero también a la voluntad de cohesión de sentimientos y sueños. Pero que, cuando somos tan mansos como para abrazar al enemigo de todo lo que nos caracteriza como hombres libres, nuestra vida merecedora de ser vivida (unser lebenswertes Leben) puede estar al principio de su fin. Y que muchos tendrán o querrán morir para recuperar para sus hijos este friso magnífico que la humanidad ha logrado tallar en libertad en una alianza de pensamiento de Europa con América. De ahí la importancia de aquel 17 de junio.

LOS ENEMIGOS FAVORITOS

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 10.06.03

COLUMNA

A una edad mediana, cuando ya se sospecha que se ha dejado más tiempo atrás que el que a uno le queda, conviene tener conciencia cierta de que, al igual que los amigos -reales- siempre le definen a uno, hay cierto tipo de enemigos que dignifican mucho. Si esta máxima tan razonable y obvia como antigua siguiera vigente en nuestras sociedades desarrolladas, las confusiones a la hora de abrir frentes de combate serían menores, tanto en la vida personal de los ciudadanos del mundo moderno como en la vida política nacional y en la internacional. Hay listas de objetivos a abatir en las que conviene estar por respeto a uno mismo. Y como muy fuerte indicio de que alguna razón se tiene. Hay que insistir en estar en ciertas listas. De lo contrario hay de que avergonzarse.
Aunque se entre en ellas sólo por la fuerza como es el caso del señor Ariel Sharon o por una mezcla de necesidad y virtud como le pasa a Abu Mazen, el primer ministro de la Autoridad Palestina. Lo más digno por supuesto es entrar en la nómina de enemigos de cierta gente por convicción y talante. Como los constitucionalistas vascos, por ejemplo, amenazados de muerte por unos, despreciados por los socios objetivos de aquéllos y vilipendiados por quienes se irritan ante la dignidad terca.
Quienes constantemente se equivocan de enemigos corren el riesgo de poner bajo seria sospecha sus criterios o, en el peor de los casos, sus intenciones. Son muchos los que decidieron que sus enemigos durante el conflicto iraquí estaban en Azores y que por combatirlos valía la pena convertirse en escudo humano para el carnicerito y enterrador vocacional de Bagdad. Aunque son legión más escasa de lo que creyeron, muchos insisten. Ahora se han convertido en entusiastas pregoneros del fracaso del plan de paz en Oriente Próximo. Es muy probable que, aunque se equivocaran en todo antes y durante la guerra en Irak, ahora vayan a tener mucha gratificación. El terrorismo ha vuelto a matar, en Israel y en Irak, y resuenan una vez más las frases de comprensión hacia quienes ven en Abu Mazen un traidor y veneran a Yasir Arafat como lejos de allí a Fidel Castro, ese hombre bueno que a veces se pone algo ordinario con ejecuciones y encarcelamientos de por vida, claro que por culpa de los norteamericanos, esos rufianes.
Arafat y Castro son ya el tándem de grandes timoneles en la lucha contra el imperialismo de nuevo cuño dirigido por un idiota tejano asesorado por unos judíos corruptos e insaciables que no piensan sino en esclavizar al mundo para imponer sus películas y exterminar el cine francés como en su día se acabó con la cultura azteca. Jacques Chirac, el nuevo adalid del espíritu indómito europeo, se dio cuenta en su momento de que algo había que inventar para hacer frente a los perversos manejos de ultramar. El resultado de los entusiasmos por los dos líderes supremos y añejos y por el rebelde con causa del Elíseo están hoy claros en lo que a Oriente Próximo se refiere: hay un plan de paz en el que la UE no tiene nada que decir pese a los denodados esfuerzos de dos españoles magníficos como son Solana y Moratinos; EE UU multiplica poder como influencia y todavía no hay nadie que emigre del pueblo más profundo de Dakota a México, China o Cuba. Ni siquiera Jürgen Habermas y Jacques Derrida pueden hacer otra cosa que acariciar el lomo del europeo autocomplaciente con sus cánticos de superioridad moral. La detestable retórica y estética norteamericana ha dado nuevos bríos al angelismo europeo. Tiene gracia que todos despachen a Bush como un new born, un renacido a la fe carbonera en Dios y no perciban que Europa no es ya que crea en la Virgen, es que se cree ser ella.

Habrá muchos más muertos en Israel y en los territorios ocupados, habrá atentados en Irak y en muchas partes del mundo, incluido nuestro país, habrá violencia y robos y una nueva era de incertidumbre. Y serán muchos los que interpreten todo como la confirmación de la perversidad de su enemigo favorito. Nada podrá convencerles de que en el mundo rigen otras leyes que las que rigen en Estrasburgo y que hay ideas hostiles a las que hay que combatir y vencer. Y que aunque nuestras diferencias con EE UU en la percepción del mundo hayan aumentado vertiginosamente en un siglo, nuestros intereses en defender valores comunes siguen siendo los mismos. Sobreviva o no el plan de paz en Oriente Próximo. Al fin y al cabo aquella tragedia, como tantas habidas, es un producto exclusivamente europeo.

LA GRAN APUESTA

Por HERMANN TERTSCH
El País  Viernes, 30.05.03

LA POSGUERRA DE IRAK

Sin duda hay todavía quien no se quiere enterar. Pero esta realidad en rápida evolución no deja de ser terca. Hasta para el más tosco, el menos lúcido y el peor intencionado lanzado al éter. Los lagrimosos que nos auguraban el estallido de Oriente Próximo con la guerra de Irak están molestos. Los agoreros llevan semanas comiéndose su propio equipaje de drama inventado. Últimas grandes noticias sobre el fracaso del trío de las Azores son un muerto americano, atracos, chiíes enfadados y el pillaje "generalizado". Dicen muchos que la posguerra será "complicada". Roban a alguien en un país en el que enterraban vivas a miles de personas en un día, y todo el mundo tiene el deber de escandalizarse. Pero la catástrofe, la buena, no llega por mucho entusiasmo que vuelquen nuestros celosos fiscalizadores del pormenor iraquí en recordar a tan pocos muertos civiles de la contienda de tres semanas que Sadam habría compensado con la menor de las fosas comunes que en horas logró llenar a lo largo de su mandato. "The catastrophe simply did not take place. Sorry".
No viene y no pasa. Qué lata. Lo más bonito pero también triste es identificar al irritado por tan espantosa evolución de los acontecimientos. En España, curiosamente, son los mismos que nos anunciaban la dinamitación del País Vasco por la inusual terquedad de las autoridades políticas y judiciales de aplicar allí el Estado de derecho. La falta de interés de los árabes y musulmanes por imponer propuestas asesinas globales y masificadas compite casi en emoción con el bucolismo político que ha supuesto borrar del mapa institucional al apologeta del crimen malcriado por la subvención manirrota.
En Oriente Próximo, ¡vaya por Dios!, España no sólo es protagonista del mayor órdago jamás diseñado en favor del Estado palestino desde 1948. Y no sólo tiene las mejores relaciones bilaterales con todos y cada uno de los Estados árabes y unas posibilidades insólitas de influir en el talante y la modulación norteamericana de la Hoja de Ruta. Habla en Siria y en Ramala. Telefonea con Irán y con Washington. Y es uno de los pocos interlocutores de peso que pueden actuar libremente, sin complejos y traumas, en Oriente Próximo.
Pese a todos los sabotajes y las miserias por ambas partes en disputa, la situación no es tan mala. Muchos lo lamentarán. Hay quien se horrorizará y quien desde atalayas mediáticas españolas nos anuncie la catástrofe. Siempre es posible. Pero mientras tanto, Ariel Sharon, el gran instigador del proceso de ocupación y parcelación de los territorios ocupados por Israel en 1967, acaba de imponer en su partido, el derechista Likud, la aceptación del término ocupación para la situación jurídica de Gaza y Cisjordania. Y reconocen que los palestinos tienen derecho a un Estado propio.

El primer ministro israelí, gran jinete del miedo a la aniquilación que marca siempre la conciencia judía, ha pronunciado una palabra tan normal para los Estados vecinos y las democracias europeas como insólita para su propia retórica. Es un punto de inflexión. Ya no hay vuelta atrás. ¿Quiénes han hecho posible este mayúsculo gesto político? Ante todo ese denostado presidente Bush que ha logrado hacer comprender a Sharon que no tiene alternativa y que el apoyo norteamericano a la política israelí tiene plazo fijo. ¿Supone esto "una amenaza para la seguridad intocable de Israel"? Por supuesto que sí. Estar en la punta de mira de los terroristas siempre es un peligro. No estar en dicha lista es, por el contrario, un alarde de miseria. Dan grima quienes quieren salirse de esas listas. Dan miedo quienes quieren que se desarme Israel o liquidar los presupuestos militares y liquidar las bases en su propio país europeo. Dan simple lástima quienes lloran a unos muertos a los que jamás les otorgaron la posibilidad de que su inmensa dignidad estuviera respaldada por sacrificios, también económicos, de un país que se enorgullece por primera vez de sus muertos. La esperanza de paz en Palestina aumenta y tiene mucho que ver con esos 62 ataúdes con esas banderas bicolores que el Rey despidió el miércoles.

LA DEPRESIÓN DE WILLY BRANDT

Por HERMANN TERTSCH
El País  Sábado, 24.05.03

COLUMNA

La cruel realidad es que el SPD no tiene nada que celebrar hoy

El Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) ha cumplido nada menos que 140 años. Pocos partidos hay en el mundo que hayan marcado tanto la realidad política y social de las democracias desarrolladas. Pocas organizaciones democráticas pueden mostrar un balance tan plenamente digno y firme en la lucha por las libertades cuando más fueron amenazadas, contra el fascismo y el nazismo y contra el comunismo que surgió de sus propias filas. Difícil encontrar unas siglas que hayan aportado más a la creación del Estado social de derecho, a la dignidad de la ciudadanía y a la superación de las desigualdades y discriminaciones de clase, sexo, religión y procedencia.
Ha sido un vivero de ideas para cambiar el mundo desde el compromiso con la humanidad y el humanismo, resistiendo siempre a las tentaciones al atajo fanático que llevó al crimen a las ideologías rivales. En la clandestinidad, en la oposición y en el poder ha forjado un acervo democrático que hoy comparten todas las fuerzas políticas civilizadas del mundo.
Es difícil no caer en la melancolía si se echa una mirada al pasado glorioso del SPD. Porque su presente ha ido degenerando desde la tristeza hacia la miseria. El acto celebrado ayer por su actual cúpula, con el canciller Gerhard Schröder a la cabeza, sólo confirma esa cruel realidad de que el SPD no tiene nada que celebrar hoy. Miles de fieles militantes han roto o tirado su carné, las últimas derrotas electorales son de escándalo, los sondeos lo hunden hacia el 20% del electorado, sus dirigentes no pierden ocasión para contradecirse y deslegitimarse entre ellos y su esclerosis asusta ya hasta a sus rivales.

Las enfermedades del SPD son muchas y muy graves, pero son además, como otras veces en el pasado, serios dramas de Alemania en general. La falta de coraje, de ideas y de solidaridad, pero ante todo la dictadura de la mediocridad, no son problemas específicamente socialdemócratas en Alemania. Son fenómenos que los atenazan a ellos, en el partido de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, de Kurt Schumacher y Willy Brandt, como a cristianodemócratas, sindicalistas, empresarios y banqueros por igual. Pero resulta especialmente doloroso allí, en el SPD, en un partido en el que durante más de un siglo se conjugó la lealtad con el carácter y la solidaridad con la valentía y la disposición al sacrificio. Qué triste celebración y qué falta de respeto a su propio pasado cuando las rivalidades políticas llegan al bajísimo nivel de no invitar al acto al que fuera el anterior presidente del partido, Oskar Lafontaine. El pequeño Napoleón del Sarre ha sido probablemente uno de los máximos responsables del hundimiento ideológico, político y formal de ese gran partido. Pero no más que el propio canciller o el otro dirigente nefasto que fue Rudolf Scharping, la otra pata de aquel trío al que se votó para acabar ya en Berlín con el anquilosamiento de Bonn y la vaguería intelectual de los cristianodemócratas bajo Helmut Kohl. Alemania, la supuesta gran potencia y locomotora europea, tiene un partido en el Gobierno que no gobierna ni se atreve, un Parlamento secuestrado por los sindicatos y diversos gremios y una población aturdida y dividida en taifas sectoriales que paralizan toda reforma y se acusan entre ellos de hundir al país en la recesión económica, en la decrepitud industrial y en la inanidad política. Todo muy triste y pedestre. Helmut Schmidt, famoso por su mal humor, tiene motivos para enfadarse. En el semanario Die Zeit se muestra harto con la autocompasión de los alemanes, que impide todo cambio. Y no deja títere con cabeza. Y con melancolía, se supone, se acuerda del gran socialista Lasalle, que exigía que "se articule lo que sucede". Nadie se atreve. Ante semejante panorama, su antecesor en el SPD, Willy Brandt, no habría sido capaz ni de enfadarse, habría cogido una inmensa depresión como la han cogido la economía, la política y la sociedad alemanas. Pero Brandt, con todos sus defectos, era un valiente.

ESPESA NIEBLA EN EL CANAL

Por HERMANN TERTSCH
El País  Sábado, 17.05.03

TRIBUNA

El secretario de Estado norteamericano Colin Powell, la cara amable del Gobierno del presidente George W. Bush, ha visitado Alemania. Lo que durante medio siglo apenas ha sido noticia ahora es un acontecimiento extraordinario. Hacía seis meses que no acudía a Berlín ningún miembro de cierto rango de la Administración norteamericana. También hace medio año que Bush no habla ni por teléfono con Gerhard Schröder, el jefe del Gobierno del que fuera el principal y más leal aliado de EE UU en Europa continental. La coalición del SPD y Los Verdes confiaba en que Powell pusiera fin a la era glacial en las relaciones con Washington. Craso error.
Desde ayer está muy claro que los intentos de Berlín y de París de pasar rápidamente página y olvidar su enfrentamiento con Washington, que tanta popularidad efímera les dio antes y durante la guerra de Irak, están de momento condenados al fracaso. Powell ha dejado claro que son los alemanes los que tienen que recomponer los platos rotos. Y Bush, en Washington, no ha podido resistir la tentación de darle una sonada bofetada política a Schröder al sumarse por sorpresa a un encuentro del vicepresidente, Dick Cheney, con Roland Koch, presidente del Estado federado de Hesse y hombre fuerte de la oposición democristiana alemana. En Berlín se entendió el gesto como lo que quería Bush que fuera, un gesto de desdén hacia Schröder.
Los daños a estas relaciones son más profundos de lo que algunos han querido creer. Comenzaron con los alardes electorales de populismo antiamericano de un Gobierno alemán que se veía derrotado en los comicios de septiembre pasado y culminaron en el autosatisfecho seguidismo de Berlín a la política de París en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En la conmemoración del Tratado de Versalles, primero, y en Bruselas y Nueva York, después, Schröder y Chirac decidieron erigirse no ya en tándem de aliados díscolos sino en contrapoder con vocación obstruccionista a toda política de Washington respecto a Irak. En medio de la oleada de hostilidad hacia Washington que movilizó a media Europa, Berlín y París se creyeron tan arropados y jaleados que consideraron conveniente otra afrenta transatlántica y un menosprecio a los demás miembros de la OTAN con su patética cumbre reciente para la creación de una alianza militar europea sin otros aliados que Bélgica y Luxemburgo.
Ayer como muy tarde, Berlín y París han tenido que comprender que sus intentos de erigirse en líderes de un supuesto contrapoder europeo a Washington no sólo han fracasado, sino que tienen un alto costo para ambos. Moscú, su supuesto aliado en ese eje contra el unilateralismo, ya se ha reconciliado con Washington. La mayoría de los miembros europeos de la OTAN han criticado su política. Y ahora les toca hacer esfuerzos a ellos para no quedarse totalmente aislados con la única y poco reconfortante compañía de Bélgica y Luxemburgo. Schröder se ha mostrado de repente dispuesto a ampliar su presencia militar en Afganistán cuando hace semanas quería liquidarla lo antes posible. Francia siente un repentino impulso de enviar tropas a Irak. Ambos se declaran ahora dispuestos a favorecer una resolución para el inmediato levantamiento de las sanciones a Irak tal como desea Washington.

Todo ello ocurre cuando la luna de miel con su electorado pacifista o antiamericano toca a su fin. Alemania se hunde en la recesión y el déficit. En Francia las manifestaciones ya no celebran a Chirac como adalid europeo, sino que lo tachan por querer liquidar las pensiones. Los británicos cultivan aquel viejo dicho, mitad serio mitad guasa, que anunciaba densa niebla sobre el canal de la Mancha y sentenciaba, que debido a ello, "el continente se halla aislado". Las dos potencias europeas han creído, entre tanta niebla, que eran los demás los aislados. Ahora son ellos los condenados al esfuerzo de disipar la niebla generada y recuperar la confianza de Washington y de sus aliados europeos, imprescindible para la Unión Europea, para la OTAN y para la seguridad común.

EL RETORNO DE LA JUDEOFOBIA

Por HERMANN TERTSCH
El País  Domingo, 04.05.03

REPORTAJE: ANÁLISIS

La Intifada y la política de Sharon parecen haber conferido 'respetabilidad' a la percepción de los judíos como un elemento social indeseable

El nuevo antisemitismo se nutre ante todo del odio al Estado de Israel y se manifiesta en la agresión verbal o física contra todo lo judío

El 29 de abril se conmemora todos los años la mayor tragedia humana de todos los tiempos, el Holocausto. El exterminio industrializado de seis millones de judíos por parte del régimen nazi alemán es un punto de inflexión en la historia de la humanidad, para la percepción propia del ser humano como tal y para la comprensión del mundo, que cambió irrevocablemente al reventar lo que el premio Nobel de Literatura Imre Kertesz llamó "la fruta oscura" del ser humano simbolizada por Auschwitz. En Israel, todo el país se paraliza durante dos minutos y las sirenas gimen en recuerdo de tantos hombres, mujeres y niños convertidos en humo o lodo por aquella perfecta cadena de producción de muerte. En Madrid, ese día, el martes pasado, la minúscula comunidad judía madrileña convocaba a una ceremonia en recuerdo de las víctimas en la sede de la Asamblea de Madrid, que acoge el acto desde hace años. Asistieron un par de cientos de personas, en su mayoría judíos, así como representantes del PP y del PSOE. IU estaba ausente. Según su dirigente Gaspar Llamazares, IU no acudiría a una ceremonia en la que supuestamente sólo se recuerda a los judíos muertos y no a los demás, entre ellos a los soldados soviéticos caídos en la II Guerra Mundial.

Llamazares
Que Llamazares no acudiera a la manifestación en contra del régimen de Fidel Castro de la pasada semana era perfectamente lógico, dada la incondicional defensa de la dictadura castrista que es aún piedra angular del ideario de su formación política. ¿Cuáles son, sin embargo, sus motivos para despreciar un acto en honor de millones de judíos, decenas de miles de ellos comunistas, asesinados por el nazismo, supuesto enemigo mortal del comunismo, ideología que Llamazares dice seguir profesando "a mucha honra"? Todo sugiere que no es el pudor que cualquier comunista podría sentir al recordar los dos años de vigencia del Pacto Hitler-Stalin de 1939 a 1941, durante los cuales los dos dictadores no sólo se repartieron Polonia, sino que también intercambiaron febrilmente exiliados en sus respectivos países, en gran parte judíos, que perecerían después en los campos de la muerte de ambos regímenes. Ni las purgas antisemitas de Stalin, de Clement Gottwald en Checoslovaquia, de Matyas Rakosi -judío, por cierto- en Hungría o de Wladislaw Gomulka años más tarde en Polonia. La memoria es selectiva.
Los motivos de Llamazares parecen mucho más actuales, según coincidían en señalar asistentes al acto en Vallecas. Serían los mismos que han llevado en los últimos dos años -y especialmente en los últimos meses- a decenas de miles de ciudadanos europeos a manifestarse bajo pancartas que equiparaban al primer ministro israelí, Ariel Sharon, con Hitler, y la estrella de David con la cruz gamada. Las manifestaciones de apoyo a la Intifada palestina en Francia han coreado, con más frecuencia de lo que algún organizador pretendía, lemas como "muerte a los judíos" y "muerte a Israel". Periodistas en toda Europa, de derechas y de izquierdas, han hablado de "holocausto palestino" al referirse a la represión militar del Gobierno de Sharon en los territorios ocupados. Decenas de sinagogas y cementerios judíos han sido asaltados en los últimos tiempos en el Viejo Continente, en el que, salvo en Francia y el Reino Unido, las comunidades judías son minúsculas, cuando no inexistentes.
El nuevo antisemitismo se nutre ante todo del odio al Estado de Israel y se manifiesta en la agresión verbal o física contra todo lo judío, y especialmente contra aquellos judíos que decidieron permanecer o volver a la diáspora en Europa y no establecerse en el Estado judío en Palestina.

Mala conciencia
Durante años, el peligro para los judíos en Europa procedía únicamente del terrorismo árabe. El antisemitismo no sólo era políticamente incorrecto, sino una actitud y un pensamiento despreciables. Incluso surgió un filojudaísmo -basado, por lo general, en los mismos prejuicios que el antisemitismo- producto de la mala conciencia europea, que no sólo alemana, por haber participado o colaborado con la desaparición de los judíos del propio entorno o haberla aceptado con más o menos complacencia.
Hoy, el antisemitismo, el antijudaísmo por utilizar un término más exacto, celebra su retorno a discursos políticos, comentarios y análisis de prensa y debate popular. La brutalidad del Gobierno de Sharon y las injusticias que sufren los palestinos han hecho desaparecer esa mala conciencia y cada vez son más los que se adhieren al discurso que considera que "los judíos son los culpables". De la inestabilidad en Oriente Próximo, del terrorismo árabe que ellos provocan, de la guerra en Irak. Los judíos son los verdugos de los palestinos hoy, luego tampoco eran tan inocentes entonces, luego nuestra culpa tampoco es grave.
Quienes esto escriben ya no ocultan su antijudaísmo. La Intifada y la política de Sharon parecen haber conferido respetabilidad, no a la apología del genocidio, por supuesto, pero sí a esa percepción de los judíos como un elemento social indeseable y culpable de males ajenos. Luego si no existieran, el mundo sería más armonioso. El judío vuelve como chivo expiatorio ideal para momentos de crisis e incertidumbre. No todo antisionismo es antijudaísmo, por supuesto. Si fuera así, una gran parte de los israelíes tendrían que ser calificados como tales. El sionismo como sueño igualitarista, socializante y liberador hace tiempo que no conmueve ya más que a los viejos pioneros de aquella causa. Pero secuestrado el término en su momento por los enemigos del Estado de Israel -la Unión Soviética y los árabes-, hoy sirve, la mayoría de las veces, para mantener y multiplicar el odio contra la osadía que para muchos supone la propia existencia de Israel.
Las supuestas conspiraciones para gobernar el mundo de los Sabios de Sión, y las conjuras judeomasónicas de antaño, han dado paso como mal absoluto y amenaza mundial a la alianza sionista-imperialista. Washington y Bush, según esta teoría judeofóbica moderna, son rehenes o lacayos de un oscuro contubernio judío. Todos en Europa parecen saber que Wolfowitz y algunos otros miembros de la corriente neoconservadora norteamericana son judíos. Y a nadie se le olvida recalcarlo mientras que a nadie se le ocurre decir que otros son católicos, adventistas, agnósticos, de origen irlandés, chino o hispano. Se advierte contra la amenaza judeocristiana. La guerra de Irak, tras dos años de Intifada, ha confirmado esta corriente de opinión que genera el clima necesario para que los más radicales o consecuentes pasen a la acción. Las inquietudes que esto genera entre los judíos de Israel y la diáspora no parecen tomarse en serio.

LA DIÁSPORA CIERRA FILAS

"En Estados Unidos sobre todo, pero también en Europa, los judíos de la diáspora han cerrado filas tan incondicionalmente en torno a Sharon que, en vez de ayudarnos, como ellos creen que hacen, están ayudando a mantener una política que nos pone en peligro a todos y que muchos israelíes no desean". El escritor Meir Shalev critica con tanta dureza la radicalidad que ha generado en las comunidades judías norteamericanas la Intifada y los atentados suicidas como la política represiva de Sharon y el apoyo recibido para la misma por parte de Washington. Shalev, veterano de guerra, herido en combate, con su hijo mayor en el ejército, considera que todo lo que no sea crear un Estado palestino libre y viable en los territorios ocupados; desmantelar los asentamientos, muchos repletos de fanáticos, y firmar la paz con todos los países árabes, sería un suicidio a medio plazo para un Estado de Israel democrático.
Pero también se muestra indignado con la autocomplacencia y la postura de superioridad moral que han adoptado respecto a Israel la mayor parte de los Gobiernos y las opiniones públicas de Europa. La crítica a la política del Gobierno de Ariel Sharon en los territorios ocupados y a la actuación del ejército israelí es no ya legítima, sino imprescindible para buscar una solución justa al conflicto. Pero en Israel, la confianza en Europa, que nunca ha sido muy grande, está hoy bajo mínimos por lo que se considera una política propalestina que no otorga importancia a la seguridad de Israel. La postura de Francia y Alemania ante la crisis de Irak y la consiguiente división en la Unión Europea han fortalecido la convicción de los israelíes de que su seguridad depende única y exclusivamente de Washington y de sí mismos. Es éste un fenómeno que se retroalimenta con la influencia de los grupos de presión judíos en Estados Unidos, hoy más fuerte que nunca, paradójicamente, bajo un presidente del Partido Republicano, que tradicionalmente no tiene unos vínculos tan íntimos con la comunidad judía como el Demócrata. Esa influencia es para muchos israelíes su único seguro de vida. De los europeos esperan muy poco estos europeos milenarios que sobrevivieron a millones de familiares, dieron la espalda a un continente que no supo protegerlos del exterminio y se adaptaron a las duras condiciones de la vida en Oriente Próximo, donde las reglas son muy distintas.
Ceremonia en recuerdo del Holocausto celebrada el pasado martes en la Asamblea de Madrid. GORKA LEJARCEGI

LA RECTIFICACIÓN

Por HERMANN TERTSCH
El País  Miércoles, 23.04.03

COLUMNA

Resulta muy difícil escribir unas líneas para rectificar una información escrita y firmada por mí que -como todo lo que firmo en este periódico que es el mío desde hace veinte años- se publicó bajo mi entera responsabilidad el pasado día 11 de abril bajo el título de Periodistas en guerra. Es la primera vez que me veo obligado a hacerlo para mantenerme fiel a ciertos principios que he defendido en público e intentado respetar en mi trabajo. Siempre he sentido pena por aquellos que no saben reconocer sus errores, son incapaces de enmendarlos y suelen estar por ello condenados a repetirlos. Incluso quienes medran con tal hábito y se encumbran en el poder y la influencia infunden más temor que afecto o respeto. Este triste episodio lo demuestra una vez más.
Un documento en poder de El Mundo confirma, según la dirección de ese diario, que Julio Anguita Parrado "disponía de un chaleco de protección SI IIIA" que había comprado la empresa editora en un lote de seis. En mi artículo, pedía a los periodistas que habían hecho un desplante a Aznar que se plantaran "ante quien obligó a Julio a comprarse el chaleco antibalas con su dinero, lo que le impidió tener uno que le hubiera permitido cumplir los requisitos de seguridad que se exigía para sumarse al convoy que partía hacia Bagdad y abandonar el campamento donde murió". Disponía de varias fuentes que así lo afirmaban, incluida alguna en el diario de nuestro desafortunado compañero.
Todo parece indicar que me dieron un dato erróneo, no sé si con buena o mala fe, pero esto no puede ni debe servirme de excusa. Es ahora evidente que debería haber puesto más ahínco en confirmar el dato. Sin el cual, por cierto, el artículo habría sido prácticamente el mismo. Por eso probablemente me duele aún más este error. Varios colegas me recomendaron someter a mayor escrutinio la famosa factura. Me he negado a ello y la doy por válida e incontestada. No seré yo quien intente encubrir un desliz propio con supuestos montajes ajenos. Pido por tanto disculpas por este error a quienes se sientan afectados y en primer lugar a mi propio diario por haberle llevado a publicar un dato que, desmentido por el documento que obra en poder de El Mundo, no puedo reafirmar. La responsabilidad es mía. Eso sí, sólo ésa. Porque no soy responsable de que la dirección de ese periódico se sintiera aludida cuando hablaba de "periodistas a los que sus directores mandan a la guerra sin un miserable seguro". Existen, no lo duden. Pero yo no citaba a Julio.
Dicho esto, y sin ánimo de agitar aún más las turbulentas aguas del periodismo nacional, quiero compartir un par de reflexiones e interrogantes a las que me ha inducido mi error, así como las valientes declaraciones de Mercedes Gallego y las reacciones en general tras la muerte de Julio Parrado y José Couso. ¿Cómo pudimos, yo y tantos otros, considerar tan perfectamente verosímil la aberración que habría supuesto el hecho de que una empresa obligara a un periodista a comprarse su propio chaleco para ir a semejante guerra? ¿Cómo es posible que, pertrechado con tan excelente chaleco SI IIIA, "homologado por el Ejército israelí", Julio no pudiera sumarse al convoy hacia Bagdad?
¿Por qué el joven periodista no estalló en júbilo cuando el director de su periódico -según éste afirma en carta publicada en EL PAÍS el 12 de abril- le comunicó su ingreso en plantilla "el próximo 1 de mayo", máxime en un momento en el que se multiplican las bajas incentivadas? ¿Cómo logró Julio reprimir su felicidad y mantener en absoluto secreto tamaña buena nueva? Finalmente: ¿por qué me felicitaron tantos colegas -quizás más gente de El Mundo que de otros medios y mi propio diario- por ese artículo, a pesar de saber ya o comunicarles yo que contenía el imperdonable error de un dato no suficientemente contrastado que se me podía refutar con autoridad? ¿Por qué hay tanta gente allí y en todas partes que considera a Ramírez incapaz de decir una verdad que no le beneficie?

En todo caso, y aunque plagado de dudas, doy por errónea mi afirmación sobre el chaleco de Julio Anguita Parrado, reitero mi pésame a su familia y a sus compañeros de redacción, como a los de José Couso, y por mi parte doy por zanjado este triste episodio, dejando claro que sólo he rectificado una frase de un artículo de más de dos folios que me parece más actual hoy que cuando se publicó. Concluyo estas líneas expresando mi esperanza -confieso que frágil- en que no tengamos que lamentar más muertes de colegas, en que la obscena precariedad en la profesión sea un fenómeno pasajero, en que directivos y empresas sientan vergüenza cuando mercadean con cuerpos y tragedias y, finalmente, en que ciertas personas -recuperadas de tanto sollozo y santa indignación- no vuelvan a tener la osadía de hablar de deontología profesional. Porque ni un error ni mil merecen el castigo de la náusea permanente.

HORA DE DESPERTAR

Por HERMANN TERTSCH
El País  Miércoles, 16.04.03

GUERRA EN IRAK | EL PAPEL DE SIRIA

La guerra en Irak ha terminado. Conviene que todos, dentro y fuera de nuestras fronteras, vayan despertando a esta realidad para evitar más sonambulismo político. Cierto, aún estamos ante muchos dramas. Construir la paz y un Estado de derecho donde nunca ha habido realmente ni lo uno ni lo otro será una tarea ingente, repleta de peligros y ocasiones para errores terribles. Por eso no deberían precipitarse tanto aquellos que tratan de convencernos de que la victoria de la coalición o incluso la desaparición del régimen de Sadam Husein nos abocan directamente a la catástrofe global, a la última y definitiva guerra mundial o al infierno. Realmente no parece proporcionado asustar tanto al personal por unas concejalías. Aunque se comprende la tentación de hacerlo con la impagable ayuda que prestan al alarmismo los siniestros intelectuales del Pentágono y su retórica tabernaria del susto sistemático.
La situación mundial es muy difícil y peligrosa, cierto. Pero ya no hay guerra y no la va a haber, tampoco en Siria, al menos en un futuro previsible. No cabe duda de que en la actual Administración hay quienes quisieran, ya puestos, acabar también por la fuerza con el régimen de Damasco. Pero Bush no va a lanzarse a otra guerra antes de su campaña de reelección. Aunque lo deseen algunos, en el Pentágono y entre los brigadistas vocacionales españoles. En los próximos meses dedicará previsiblemente la mayor parte de su tiempo a la maltrecha economía norteamericana y a la reconstrucción de Irak. Ya lo anunció ayer en su discurso.
A Siria se le ha dicho desde Washington -con la retórica desafortunada a la que nos tiene acostumbrados esta Administración- que despierte y vea cómo ha cambiado la situación en Oriente Próximo. Damasco tiene ahora la oportunidad de cooperar en la reconstrucción de Irak, como ya hizo en la primera guerra del Golfo con su apoyo militar. Hoy existen más posibilidades reales de crear un orden estable en la zona que nunca desde la creación del Estado de Israel. Cierto, también existen muchas y variadas de incendiar toda la región. Siria tendrá que optar entre cooperación en este capítulo tan absolutamente nuevo en la historia de Oriente Próximo o su conversión en un santuario de todo aquello que Sadam significaba. En el régimen hay partidarios de ambas opciones. La segunda sería a todas luces suicida a medio plazo. La comunidad internacional debiera por tanto apoyar a quienes abogan por la cooperación y advertir sobre los efectos de una política de acogida y apoyo al aparato de Sadam como la de estas pasadas semanas. La peor receta estaría en que frente a las presiones de Washington y sus aliados, se movilizaran otra vez vetos parisienses, buenismo ciudadano y los imperturbables enemigos del Imperio del Mal norteamericano. Éstos darían alas a las fantasías de los radicales de poder vencer en una guerra.
Siria tiene que despertar como también ha de hacerlo Israel. El conflicto israelo-palestino determinará el éxito o el fracaso de la operación Oriente Próximo lanzada por EE UU tras la tragedia de las Torres Gemelas. Sharon no ha podido cometer en los territorios ocupados las barbaridades que muchos temían hiciera durante la breve guerra. Israel ha de abandonar sus asentamientos en Gaza y Cisjordania y aceptar la rápida creación de un Estado palestino. Por primera vez, Sharon lo reconocía en una entrevista hace un par de días. Pero Siria tiene que desmantelar a Hezbolá y a Hamás en territorio libanés, donde han montado un Estado propio fronterizo con Israel. Y no puede hacerlo Siria sin contar con Irán, otro país del que se hablará.

Todo muy difícil. Tanto que Washington no puede hacerlo solo, ni la ONU, ni la UE. En todo caso, todos juntos. De ahí, el carácter imprescindible de la cooperación transatlántica en este proyecto que cambiaría el mundo para bien. De ahí que han de despertar quienes en estos meses sólo han sabido hacer agitación contra Washington. Han de dedicarse a hacer política con EE UU. Lo demás son sueños peligrosos. Chirac, al menos, puede irritar a EE UU con sus poses de líder europeo aunque el daño se lo haga él mismo. Los políticos españoles que consideran el vínculo trasatlántico su "última prioridad" no irritan a nadie y no parecen tener a nadie que los despierte.

PERIODISTAS EN GUERRA

Por HERMANN TERTSCH
El País  Viernes, 11.04.03

GUERRA EN IRAK

Las sospechas de los compañeros del cámara José Couso no son disparatadas. Tres ataques seguidos en pocas horas, a tres edificios que albergaban a periodistas en Bagdad -la sede de Al Yazira, la televisión de Abu Dhabi y el hotel Palestina- exigen una explicación y no un mero lamento por parte norteamericana. Aunque todo resultado de una hipotética investigación interna será recibida con escepticismo, cuando no cinismo, por gran parte de la opinión pública, una indagación sobre estos trágicos hechos supondría un gesto que podría paliar la amargura generada por las primeras reacciones de indiferencia por parte de EE UU.
Dicho esto, hablemos de Julio Anguita Parrado y José Couso, de sus circunstancias personales y profesionales y de las reacciones del periodismo y sus empresas ante su muerte. Porque la irracionalidad y la fanatización de los adalides de la moralidad suprema del pacifismo han alcanzado unas cotas que amenazan con hacernos perder el norte a todos. Los corresponsales de guerra son los únicos testigos en una batalla que están allí por voluntad propia. Asumen el riesgo de morir. La población y los combatientes no tienen opción. Los periodistas, sí. Al menos así era.
Pero las dos muertes que tanto nos han dolido nos demuestran que ya no es exactamente así. Hay periodistas que están en la guerra porque temen menos a las bombas que a la precariedad laboral a la que han sido condenados. Son periodistas sin contrato fijo a los que sus directores los mandan a la guerra sin un miserable seguro y obligándoles a pagar de sus bolsillos el equipo mínimo de seguridad. Son periodistas que se juegan la vida no ya por esa vocación de informar, curiosidad y emoción por estar allá donde se hace historia, que nadie les niega, sino por arañar unos titulares e historias que les permitan mejorar su angustiosa situación laboral y su dignidad, zarandeada por contratos basura, subcontratas y desprecios.
Los periodistas que cubren la información del Congreso le hicieron el miércoles un plante al presidente del Gobierno. A algunos fuera de allí les encantó el desplante que tanto les sirve en su disparatada carrera de agresión a las instituciones. Vale incluso fagocitar cadáveres. Primero habría que preguntarse por qué unos profesionales enviados al Congreso a cubrir un acto se niegan a hacerlo y roban a su empresa y a su público una información por las que unos les pagan y otros pagan usuarios de los medios. Segundo, hay que interrogarse por qué no han hecho un plante a sus empresas, cuando muchos de ellos están en la misma situación que Julio y José.

José se fue a la guerra porque no tenía opción. No quería volver nunca. Murió, salvo que sus compañeros lo desmientan, sin dejar testimonio de las miserias de la profesión. Julio sin embargo era testigo directo, aunque desde su atalaya neoyorquina, del obsceno rapto y comercialización de que fue objeto otro Julio, éste apellidado Fuentes, con su cadáver, su muerte y su biografía utilizados durante semanas para mayor gloria de quien no era precisamente su amigo y para la mitificación barata de la supuesta tribu. Julio pidió que quien le despreció y maltrató en vida "no se apunte medallas" en su funeral. Quizá su muerte sirva para que los periodistas acaben plantándose ante quienes deben, ante quien le obligó a Julio a comprarse el chaleco antibalas con su dinero, lo que le impidió tener uno que le hubiera permitido cumplir los requisitos de seguridad que se exigía para sumarse al convoy que partió para Bagdad y abandonar el campamento donde murió. Las muertes de periodistas conmueven al gremio más que los goteos de muertes de albañiles. Es lógico. Pero el dolor y la emoción no deberían impedirnos ver quiénes instrumentalizan a los muertos para atacar a las instituciones o, quizá peor, para erigirse en el héroe por delegación del difunto y pasearse de televisión en televisión, de radio en radio, con la llantina puesta. Julio y Jesús han muerto. Los hemos llorado y los recordaremos. Pero algunos compungidos por ahí deberían dedicar sus lloros a sí mismos.

jueves, 2 de noviembre de 2017

CONFLICTOS DE POSGUERRA

Por HERMANN TERTSCH
El País  Sábado, 05.04.03

GUERRA EN IRAK | LA POSGUERRA

El horror de la guerra -de todas las guerras y no sólo de la que nos televisita ahora durante las 24 horas de los siete días de la semana- ya lo tenemos todos marcado en la retina. La guerra de Irak, que ha entrado en su fase decisiva y todo hace pensar que final, marca sin duda un antes, que ya parece muy remoto, y un después lleno de incógnitas e incertidumbres. Se puede dar por cierto que los días de la dictadura de Sadam Husein están contados y que no son muchos. También que la pacificación y la reconstrucción de Irak se convierten en el mayor reto para el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Revelará si la comunidad internacional es capaz de regenerar organizaciones y sistemas de seguridad que se desplomaron antes de que cayera la primera bomba en Bagdad. O si nos adentramos en un túnel de inseguridad y espantos aún más profundo.
No podía, por tanto, haberse celebrado en fechas más oportunas el seminario organizado por el comité español de ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados), que se clausura mañana en Granada bajo el lema Refugiados y reconciliación post-conflicto. ACNUR-España ha reunido en esta ciudad, símbolo de la convivencia de tres religiones y de su destrucción por la intolerancia y el recurso a la limpieza "étnico-religiosa", a decenas de expertos internacionales en dos conflictos que precedieron al de Irak, pero que, aún presentes, pueden verse muy influenciados, para bien o para mal, por la evolución de la posguerra en Irak. Había en Granada práctica unanimidad en denunciar los planes de Washington de implantar un Gobierno militar propio en Bagdad "en la primera fase". "Es un disparate, auspiciado por los neoconservadores de Cheney y Rumsfeld, que sumiría en la violencia a toda la región y supondría una catástrofe para los americanos", comentaba el estadounidense Joseph Montville, del Centro de Estudios Estratégicos de Washington. El suizo Werner Blatter, que fuera máximo responsable del ACNUR en la antigua Yugoslavia, insiste en que la ONU tiene que asumir un papel protagonista, pero con objeto de ceder "con prontitud, aunque con temple y sin precipitación", responsabilidades de Gobierno a los iraquíes. Para ello habrá que buscar, en el exilio y en el interior, líderes que puedan ganarse el respeto del pueblo y no hayan ejercido responsabilidades. "La reconciliación requerirá allí, como en Bosnia y en Kosovo, la presencia extranjera durante tiempo. Será lenta". Si fracasa, no puede excluirse que descarrilen otros procesos más avanzados, como es el de la estabilización de los Balcanes.

Pero más allá de las diferencias entre Europa y Washington respecto al nivel de protagonismo de la coalición vencedora, la ONU y los iraquíes en la reconstrucción de un Irak liberada de Sadam Husein, será el conflicto palestino el que determinará si Washington puede generar un mínimo de confianza entre árabes y europeos que, con el tiempo, haga cicatrizar la inmensa herida abierta. Tony Blair y José María Aznar se han comprometido y han comprometido a George Bush a que, esta vez sí, se aplique el mapa de ruta hacia la rápida creación de un Estado palestino y el levantamiento de la mayoría de los asentamientos. En esta cuestión están de acuerdo todos: ONU, UE, Rusia y China. Si Bush rompe su palabra y "vuelve a ceder ante Sharon y los lobbies judío y neoconservador en Washington, que ya se ha puesto manos a la obra para dinamitar el proyecto", como señala la comisionada general de la ONU para refugiados de Palestina, Karen Abu Zayd. "La Administración de Bush puede quedarse totalmente sola". Sola no puede reconstruir Irak. Sola estaría ante el dilema de abandonar Irak derrotado después de vencer o asumir una ocupación que sólo le reportaría más muertos, más odio, más gastos y más desastres económicos en casa. Difícilmente le perdonaría el electorado a Bush semejante situación prolongada. Sería una paradoja histórica que su reelección acabara dependiendo de hacer algo de justicia en Palestina, de poner coto a los desmanes de Sharon e imponer un Estado palestino en Gaza y Cisjordania sin unos asentamientos por los que la mayoría israelí no derramará ni una lágrima.

FANTASÍAS LETALES

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 01.04.03

COLUMNA

La guerra de Irak se ha complicado. No debiera sorprender. Todas las guerras se complican para una parte o para todas por causas fortuitas e impredecibles o por errores de estrategia, cálculo e información. En Washington, Dick Cheney y Donald Rumsfeld aún insisten en que la estrategia que habían elaborado Wolfowitz, Richard Perle y sus visionarios civiles en el Pentágono y que ellos impusieron a los generales era y es la correcta. Los mandos militares llevan ya una semana contradiciéndoles y ya surgen críticas en Washington. Algunos recuerdan con espanto que Rumsfeld presentó un plan para derribar a Sadam con una operación de fuerzas especiales lanzadas e introducidas en Bagdad con sólo 60.000 hombres. El general Thomas Franks logró neutralizar aquel plan innovador demencial que, hoy se puede suponer, le habría costado en días a EE UU más muertos que la guerra de Vietnam. Rumsfeld acusa a los militares de "falta de fantasía", éstos le sugieren que dedique su fantasía al dibujo o al diseño.
Es lamentable que la guerra no concluyera en los plazos que dicha fantasía dictaba. Pero el retraso puede tener efectos saludables para la política norteamericana. Después de la guerra, George W. Bush tendrá que ver cómo no le salpican a él el autismo generador de errores, la ineptitud y la obscena concupiscencia en el mundo de los negocios de estos personajes. Los mesiánicos del siglo americano podrían entrar en agonía, lo que despierta la esperanza de una mejora de las relaciones transatlánticas y la moderación de la política de Washington. El primer gesto sería integrar a la ONU en el proceso de reconstrucción de Irak y no convertirla en una carrera de reparto de nuevas tierras como se organizaban en el Oeste en tierras conquistadas.
Todo dependerá, por tanto, de cuánto dure la guerra y de lo que suceda después. La guerra tiene que ganarla -cuanto antes- la coalición porque toda alternativa nos lleva a un mundo de pesadilla de un Sadam triunfante: emuladores varios, proliferación de armas de destrucción masiva, terrorismo indiscriminado y hundimiento de todo orden internacional. De ahí la irresponsable fantasía de los que quieren "parar la guerra", sea por cuestiones electoralistas, por zozobra y emoción genuinas o porque se anhela la derrota de EE UU, el hundimiento de las "democracias burguesas", la proliferación de líderes como Chávez, Castro, Sadam, Gaddafi o Kim Jong Il y la legalización del asalto a las charcuterías. Éstos sólo quieren venganza porque la democracia les arrebató su criminal fantasía y su mentira en 1989.

Estados Unidos y sus aliados han perdido la guerra de propaganda salvo en la América profunda, de momento. Se verá cuál es allí el techo de tolerancia de muertos propios. Francia, de no tener su propia fantasía del quiero y no puedo, podía haber limitado la catástrofe, quizás incluso evitado. Su amenaza de veto fue un cheque en blanco para Sadam tan explícito como la última manifestación en Londres. Se veían menos carteles con el "No a la guerra" que con "Victoria para la resistencia de Irak". Sadam pondrá los muertos necesarios para alargar su fantasía de victoria. Mientras no se ponga fin a la misma, él seguirá generando fantasías envenenadas en otras dictaduras, en las democracias y el mundo árabe.

EL RETORNO DE LA APO

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 25.03.03

GUERRA EN IRAK | ENTREVISTA

La responsabilidad de la Administración del presidente George W. Bush en el deslizamiento del mundo hacia la trágica situación en que se halla hoy es probablemente tan apabullante como piensa el más fanático antiamericano que pasea su ira por las calles europeas. Tuvo, tras el 11 de septiembre, la inmensa oportunidad de alojarse, bienvenido por casi todos, como máxima potencia en el nuevo orden mundial. No la aprovechó porque Bush y la mayoría en su equipo tienen una vocación pendenciera que los hace virtuosos de la afrenta y de crear enemigos. Kioto, Durban, Tribunal Penal Internacional, Guantánamo, el entusiasmo por la pena capital, su integrismo religioso, las obscenas conexiones con grandes corporaciones -por hablar de algunas de sus acciones y características-, lo hacen virtualmente indigerible para todo público que no sea esa mitad del electorado que le votó. Ha hecho imposible a sus aliados explicar su política hacia Irak.
Y, sin embargo, que decisiones de Bush hayan sido lesivas para el mundo no equivale -sugiero- a que toda iniciativa suya, por el hecho de serlo, sea una infamia o un crimen. Sus responsabilidades son graves, las de Sadam las mayores, y no pocas las de otros que adoptan poses angelicales que esconden mal sus vergüenzas. Por errores de unos, crímenes de otros y por hipocresía, ese sólido eje de Washington con Bagdad y París, con Berlín y Moscú, han saltado por los aires los mecanismos de seguridad de que disponíamos. Algunos estaban moribundos como el Consejo de Seguridad y otros apenas habían nacido como la Política Exterior de Seguridad europea.
El mundo tiene miedo. Unos a Sadam, y al terrorismo, otros a Bush, muchos a los tres y todos al futuro. La labilidad es general. Quienes hablaban de un paseo militar -cuyo único precedente sería el paseo de la Wehrmacht por Francia en 1940- hablan ahora de guerra eterna. Quienes auguraban cien mil muertos en los primeros días de bombardeo se congratulan por las víctimas aliadas y a alguno se le intuye que ansía algún error en un bombardeo para lanzarles a la cara centenares de muertos civiles al sanguinario trío de las Azores. Comenzó la carrera por la foto o imagen más desgarradora para soliviantar conciencias, algunas tan adormecidas cuando de otros muertos y conflictos se trata. Las imágenes indignan y conmueven a todo biennacido y movilizan.
En España es evidente que Aznar ha metido a su partido en un inmenso lío. Pero es difícil negarle que era consciente de que iba en contra de sus intereses a corto plazo. Plagado de defectos, no está entre ellos tamaña estulticia.

Otros se han lanzado a criminalizar una decisión política del Parlamento y a deslegitimar votos con cálculos de ojeo desde la Casa de Correos. Mal asunto. Comprensible en Llamazares y en los herederos del cojo Manteca, pero alarmante en otros. La guerra es culpa de muchos, pero ahora tiene que perderla Sadam lo antes posible. Cuenta Nico Redondo que un día le habló de Llopis a un miembro de la ejecutiva actual del PSOE. No sabía quién era. Alguno ignora la pugna de Willy Brandt por impedir al SPD verse abrazado por la Aussenparlamentarische Oppositión (APO), comunistas y ultraizquierdistas que desafiaban al parlamento "burgués y fascista" en las barricadas hace 30 años. No es recomendable fomentar y adoptar a la APO si se aspira a gobernar con instituciones sólidas. Sí se recomienda memoria.

miércoles, 4 de octubre de 2017

LA JUSTICIA ALEMANA PARALIZA EL INTENTO DE ILEGALIZAR EL PARTIDO NEONAZI

Por HERMANN TERTSCH
El País,  Madrid, 19.03.03

La ejecutiva del NPD estaba plagada de espías estatales

La iniciativa conjunta del Gobierno Federal, Senado (Bundesrat) y Cámara Baja (Bundestag) de Alemania para ilegalizar al partido neonazi NPD ha fracasado. Una minoría cualificada de tres de los siete jueces del Tribunal Constitucional ha impuesto el archivo del proceso. La rocambolesca razón del inmenso fiasco de esta iniciativa apoyada por todos los partidos democráticos está en el descubrimiento, a lo largo de las investigaciones, de que la dirección del NPD estaba -y al parecer sigue estando- saturada de agentes de los servicios de información de la Oficina para la Protección de la Constitución (BfV).
Aunque hace unos meses el Gobierno aún negaba la presencia de agentes del BfV en la ejecutiva del partido neonazi, se ha demostrado que al menos 30 de sus 200 miembros lo eran, y puede que muchos más. Por ello, y pese a que una mayoría de cuatro jueces quería continuar el proceso para ilegalizar al NPD, hiperactivo y violento, no lograron los dos tercios necesarios para imponerse. Los tres jueces que han archivado el caso aducen no sólo la posibilidad de que los actos violentos y delictivos de miembros del partido fueran inducidos por agentes estatales, sino también que, presuponiendo que se mantiene la presencia de infiltrados en el NPD, éstos han podido influir en el proceso revelando a la fiscalía las estrategias de defensa del partido o manipulándolas.
La decisión del tribunal supone una grave derrota para los demócratas alemanes, una profunda decepción para todos los grupos y organizaciones antinazis y se teme que una inyección de moral además de un éxito de relaciones públicas para el NPD.
En el año 2002 se produjeron en Alemania más de 10.000 delitos con motivación nazi o racista, muchos de ellos relacionados directamente con el NPD. El hecho de que ni el BfV ni otras policías de los diversos Estados con infiltrados en el NPD se avinieran a identificar plenamente a sus agentes es otro de los motivos que han llevado a este desastre procesal a las más altas instituciones federales.

'Blood and Honour'
Nadie dudaba de que los servicios de información contaban con algún confidente dentro de la dirección del partido neonazi, pero su masiva presencia en este órgano ha superado los cálculos más aventurados, lo que ha llevado a los jueces a plantearse quién dirigía realmente el partido, los nazis puros, los agentes infiltrados, los nazis confidentes o una mezcla de todos ellos. Queda demostrado que al menos 30 de los 200 miembros del máximo órgano de este partido -que cuenta con 6.500 militantes- llevan años espiando a sus camaradas para diversos órganos del Estado con el BfV a la cabeza.

En el año 2000 fue prohibido sin mayores problemas jurídicos otro grupúsculo neonazi llamado Blood and Honour (Sangre y Honor). Al ver en las semanas pasadas que el desenlace del caso podía ser el ahora habido, el ministro federal del Interior, Otto Schilly, intentó desesperadamente buscar fórmulas que permitieran al menos posponer o reabrir el caso para la ilegalización del partido neonazi más fuerte de Alemania. Todo fue en vano y los nazis han ganado ante los tribunales de la democracia por los excesos de los servicios secretos en su infiltración. De todas formas, el Gobierno ha anunciado que el NPD seguirá bajo estrecha vigilancia. En todo caso, la opinión pública y la clase política, ambas abrumadoramente favorables a la ilegalización, han asumido la decisión judicial como un fracaso del Estado de derecho y los nazis están exultantes con el triunfo al que les ha llevado su abogado neonazi Horst Mahler, en su día militante del grupo terrorista ultraizquierdista Fracción del Ejército Rojo, que cumplió condena por asesinato.

sábado, 26 de agosto de 2017

INTELECTUALES, CON BUSH

Por HERMANN TERTSCH
El País  Martes, 18.03.03

AMENAZA DE GUERRA | EL DEBATE INTELECTUAL

Escritores y artistas que sufrieron la represión comunista en Europa del Este apoyan la invasión de Irak

"Francia está en el Consejo de Seguridad sólo por obra y gracia de los anglosajones"

El de España es quizá un caso único, porque incluso en Francia hay voces disidentes

"Estoy a favor de la guerra en Irak", señalaba rotundo Gyorgy Konrad, el padre de las letras húngaras, célebre disidente y una de las pocas grandes autoridades morales que quedan en Hungría. Y lo argumentaba como otros muchos centroeuropeos cuyas biografías están marcadas por las tiranías, la nazi y la comunista, y que consideran fueron liberadas de ambas por la decisión de británicos y norteamericanos y en ningún caso por una Francia que consideran egoísta y que siempre los abandonó a los pies de los caballos de las dictaduras.
Los franceses perdieron todo derecho a dirigir Europa cuando en 1938, en Múnich, y en 1939 se negaron a ayudar a sus aliados. Hoy sus intentos de erigirse en líder político del continente no son más que fruto de su frustración y vocación de dinamiteros antiamericanos. En estos términos se manifestaba hace días el siempre apacible historiador, ex disidente y ex ministro de Asuntos Exteriores polaco, Bronislaw Geremek. La indignación de los intelectuales de Europa central y oriental hacia los países que han bloqueado una nueva resolución del Consejo de Seguridad, que amparara, más allá de la 1.441, una intervención en Irak tuvo su cenit cuando el presidente Jacques Chirac les dijo a los países candidatos al ingreso en la UE que "se callaran", después de que todos ellos firmaran una carta de apoyo a la política de desarme forzoso de Irak. "Francia, al fin y al cabo, está en el Consejo de Seguridad como vencedor de la guerra sólo por obra y gracia de los anglosajones".
El escritor y periodista Vetton Surroi, que fue testigo directo de las matanzas en Bosnia y su Kosovo natal y estuvo cinco años suplicando a los europeos que intervinieran militarmente para frenar a los serbios, tiene aún peor concepto del pacifismo oficial de Francia y Alemania. "Si fuera miembro de la oposición iraquí sentiría lo que sentí oyendo, sobre todo a los europeos, que no había que utilizar la fuerza contra Milosevic".
Y Adam Michnik, con el difunto Andrei Sajarov probablemente el disidente más célebre del este de Europa y hoy director del diario Gazeta Wyborzca, ha reunido a 15 ex presidentes y ex ministros europeos, en su mayoría del este de Europa, como comisión asesora del Comité de Liberación de Irak, que urge a una rápida intervención armada contra el régimen de Sadam.
En España parece no haber intelectuales que se declaren favorables a una intervención militar contra el régimen iraquí. El "No a la guerra" es el lema contundente, pleno de rotundidad y convicción, que ha tomado las calles y corean socialistas y comunistas, sindicatos, actores, escritores y pensadores. Quizás pueda haber alguno y prefiere callar, ya que ser tachado hoy de "belicista" por la masa de la ciudadanía estigmatiza y convierte incluso al dubitativo o perplejo en "aznarista", cuando no en "fascista" o "asesino" con las manos manchadas de sangre, como espetó Llamazares a la mayoría del Parlamento español.
Es el de España quizás un caso único porque incluso en Francia, donde la inmensa mayoría de la población, desde los comunistas a Le Pen y la mayoría de los intelectuales siguen al presidente Jacques Chirac en su apuesta decidida por acaudillar Europa, hay voces disidentes muy claras, como la de André Glucksmann, que se pregunta "qué hace Francia en alianza con (el presidente Vladímir) Putin, que masacra a los chechenos, y con los líderes de China, que aplasta el Tíbet y son responsables de la matanza de Tiananmen, protegiendo de hecho a Sadam Husein". Y en Alemania, donde el canciller Gerhard Schröder ganó las elecciones pasadas con un "No a la guerra" que, formulado así, suscribe casi el 90% de la población, ha surgido con fuerza la voz de Wolf Biermann, escritor y cantautor, que ha criticado con su habitual fiereza al pacifismo alemán, "que se ha olvidado que debe su liberación del régimen de Hitler y también su unidad nacional a los ejércitos aliados". "Pacifistas honestos se juntan con cuadros del SED (partido comunista de la RDA), viejos sesentaiocheros, camaradas socialdemócratas, cristianodemócratas, punkies y skinheads. Realmente se ha unido todo lo que debe estar unido en el peor de los sentidos". "La política de apaciguamiento de Schröder es peor que un error, es un crimen. Alemania y Francia están llenas de gentes que jamás perdonarán a los americanos que los liberaran".
En Europa central y oriental también hay una mayoría de la opinión pública en prácticamente todos los países que dice "No a la guerra". Pero los intelectuales más destacados que dirigieron la resistencia contra las dictaduras comunistas cuando las mayorías callaban por miedo han alzado su voz recordando cómo polacos en 1945, húngaros en 1956 y checoslovacos en 1968 sufrieron una terrible decepción por la pasividad de Occidente ante el aplastamiento de sus movimientos democráticos bajo el Ejército soviético. Y aquello, en unas condiciones muy distintas, cuando el invasor era una potencia nuclear. Como recuerdan la fatal política de no intervención de las democracias europeas en la Guerra Civil española. Por no hablar de Kosovo, donde cinco años de titubeos europeos costaron 250.000 muertos y al final todos pidieron la intervención, que tuvo que llevar a cabo Estados Unidos.
Marines estadounidenses realizan una marcha de entrenamiento en el desierto, en la frontera con Irak. REUTERS

ALGO MÁS QUE UN MAGNICIDIO

Por HERMANN TERTSCH
El País  Jueves, 13.03.03

MAGNICIDIO EN BELGRADO

¡Pobre Serbia, tantas veces condenada a la tragedia, cuando no enamorada de la misma! Muchos serbios habrán compartido ese primer pensamiento al enterarse del asesinato, a las puertas de sus oficinas, del primer ministro serbio, Zoran Djindjic, que encarnaba la gran esperanza de hacer de Serbia "un país normal", sin agorafobias y libre de los mitos y los miedos que han mantenido a sus compatriotas sumidos en el subdesarrollo y el odio. Quería liberar a Serbia del sentimiento trágico y mostrarle las ventajas de una sociedad libre en un Estado de derecho. Él era, personalmente, el vínculo más fuerte de su país con las clases políticas y las instituciones de la Europa desarrollada que tan bien conocía. Como era el mayor activo para el acercamiento de Belgrado a la misma.

Era Djindjic un líder atípico para una Serbia que, desde la muerte del caudillo Josip Broz Tito, no conocía como dirigentes más que a aparatchiks de origen campesino y finalmente a Slobodan Milosevic. Durante una cena hace años, cuentan que Slobo dijo que Djindjic no le preocupaba nada porque era demasiado culto y refinado y el serbio de fuera de Belgrado jamás le seguiría. Un filósofo que había estudiado en Belgrado y encima en Alemania, en Constanza y Francfort, allí con Jürgen Habermas, jamás recibiría el apoyo de la Serbia profunda. No fue así, y fueron cientos de miles los serbios de provincias que acudieron a Belgrado a las manifestaciones que encabezaba Djindjic y que acabaron con el régimen de Milosevic en octubre del año 2000. Y fue Djindjic, ya como jefe de Gobierno, sin consultar al entonces presidente de la República, Kostunica, aliado circunstancial antes y ya feroz enemigo, quien sacó una noche a Milosevic de la cárcel, lo metió en un avión y lo envió a La Haya. Por aquella acción, que no carecía de riesgo entonces y quizá le haya costado ahora la vida, Djindjic se merecería un busto en la entrada de la sede del recién estrenado Tribunal Penal Internacional. Era muy ambicioso, valiente y mal adversario político. Pero los enemigos que él se granjeó en los últimos años eran realmente lo peor y además multitud. La tupida red de conexiones del crimen organizado con la policía corrupta, funcionarios de empresas públicas amenazados por la reforma, leales a Milosevic, sicarios del fascista Vojislav Seselj -hoy también en La Haya-, otros criminales de guerra que temen su extradición, con Ratko Mladic a la cabeza, hace difícil identificar a unos solos autores e instigadores. El legado envenenado del régimen criminal y cleptócrata de Milosevic ha acabado con la vida de Djindjic. Sólo cabe esperar que no acabe con las aspiraciones democratizadoras que encarnaba. Porque no debe caber duda de que ésa es la intención de los asesinos.

EL MUNDO QUE YA NO ES

Por HERMANN TERTSCH
El País  Sábado, 08.03.03

AMENAZA DE GUERRA | LOS MIEMBROS NO PERMANENTES DE LA ONU

Sin novedad ayer en Nueva York. Posiciones conocidas e informes que nada han de cambiar las mismas. Ahora todo se reduce ya a un procedimiento tan simple como trágico. El Consejo de Seguridad llega a un acuerdo para permitir a Estados Unidos tener cobertura internacional para su intervención, o Washington la hará con aquellos países dispuestos, miembros o no. Los diversos vetos con que se amenaza tendrán el único efecto de dinamitar a dicho consejo y no ahorrarán ni una muerte en la intervención, y dejarán a Francia, a Rusia y a China más irrelevantes de lo que son hoy ante las grandes decisiones. Puede que algún día dejen de serlo, pero en la actualidad todos ellos sólo tienen el dilema entre romperse una mano o los dos pies. Washington ha recurrido a ese derecho a la autodefensa que tantos de sus ciudadanos utilizaron durante su historia para saldar cuentas sin estar en peligro alguno. Pero la percepción del riesgo es el miedo, y ése es libre, puede fomentarse y agitarse, incluso simularse, y todos saben que los fines de esta guerra van mucho más allá de los objetivos planteados, por cierto, en continua variación.
La paz sería gratis si una de las partes, Irak, no quisiera pelear. Tendría muchos motivos de peso para no hacerlo. Su lucha no tiene ninguna posibilidad de ofrecer la mínima resistencia a la maquinaria militar norteamericana. Y, sin embargo, la actitud de Irak sigue siendo hoy en el fondo tan desafiante como la que pudiera adoptar un adversario convencido de que puede infligir suficiente daño al enemigo como para hacerle pagar cara su intervención. Sin haber comenzado la guerra, su éxito ya es muy considerable. Ha hecho saltar por los aires todos los foros de cooperación internacional surgidos tras la II Guerra Mundial y, con la táctica de darles a los inspectores un día un par de tuercas y al otro parte de un motor de misil o un bidón donde dicen pudo haber ántrax, que por supuesto Sadam Husein habría decidido destruir después de pasar toda su existencia gastando ingentes cantidades de dinero y esfuerzos para conseguir estos venenos y portadores para los mismos, ha logrado convencer a todos los biempensantes de este mundo de que tras 12 años de mentira, justo ahora será posible convencer al sátrapa de que debe adoptar actitudes propias de un concejal social-liberal de Basilea.

Entre los dirigentes norteamericanos, con su política de arrogancia obscena, continuas cabriolas erráticas y falta de profesionalidad, y los europeos, con su desunión, su hipocresía, su impotencia y permanente actitud de repelente niño Vicente, nos han sumido en la crisis de seguridad más grave desde el final de la II Guerra Mundial. En eso estamos. Ya sólo una rápida intervención militar y un razonable escenario de posguerra pueden salvarnos. Lo primero pueden hacerlo solos los norteamericanos. Lo segundo no. Por eso es imprescindible que los adversarios de ayer se salven mutuamente la cara. Porque si no, acabarán por rompérnosla a todos a medio plazo en ese mundo que no han inventado, pero que ya no será el mundo en el que nacimos las generaciones vivas.

EL ÉXITO DE LA MEMORIA

Por HERMANN TERTSCH
El País  Lunes, 03.03.03

ANÁLISIS

Cuando un hombre de lo que puede llamarse la Andalucía profunda escribe un libro precisa y necesariamente profundo, y bello, sobre un misterio y una tragedia que abarca un inmenso territorio, tanto geográfico como cultural y espiritual, que va desde Baena o, más allá, desde Conil o Lisboa hasta Lemberg o Lvov, San Petersburgo hoy otra vez, o incluso las riquezas y miserias de la remota Baku, sus pogromos y horrores, uno puede sentirse orgulloso, por leerlo y entenderlo. Eso es Sefarad, el libro de Antonio Muñoz Molina que ahora reciben admirados los lectores de otros países, y muy especialmente Francia.
En España se han roto muchos diques del olvido. Y ni las grotescas falsedades nacionalistas ni las obscenas ocultaciones de las diversas cavernas pueden ocultar que los españoles hoy tienen mucho más coraje -y posibilidades- para enfrentarse a esa amnesia que nos quería mantener permanentemente en ese fláccido olvido que impide la mirada enhiesta hacia delante por negársela hacia atrás. Por eso las palabras de un brillante escritor y joven académico de la lengua, Antonio Muñoz Molina, cunden tanto y ya se ven con aprecio en países tan escépticos respecto a nuestra capacidad de memoria como Francia.
Esa sensibilidad que nos fue negada, cuando no prohibida, durante tantos años, como es la compasión ante la tragedia que supone para la humanidad el desprecio, la marginación y, finalmente, la liquidación de gentes de credo o etnia distinta a la mayoritaria, es una calidad de dignidad. Si además es expresada con majestuosidad literaria, humildad personal y lucidez histórica, como sucede en Sefarad, se produce un doble efecto, porque dignifica tanto nuestra literatura como nuestra salida de las simas culturales de la intolerancia, el odio y la incultura.
España fue la cuna del antisemitismo político, la crueldad y miseria moral por antonomasia. Aquí comenzamos ese horror cultural que nos arrebató mucho de lo mejor de nosotros mismos. Por eso tiene especial significación ese gran libro que es Sefarad y su enorme éxito en España, pero también fuera, como demuestran las entusiastas críticas en Francia en Le Monde y Libération ahora que ha salido su traducción francesa.

Sefarad es un libro inspirado en lo que la mítica Sefarad fue para tantos cristianos, judíos, musulmanes y grandes librepensadores cuando este último término no se conocía. Y es un gran ejercicio de lo que podría o debiera llamarse la memoria ética, aquello que comunica a Maimónides con Primo Levi, con el premio Nobel Imre Kertesz o con este Günther Grass que ha tenido la suerte y el lujo de envejecer en la sabiduría, aunque a veces malhumorada. Muñoz Molina está con ellos creando esa continuidad magnífica europea y mediterránea que combina piedad con dignidad, entereza y memoria. Tantos huyeron y murieron, desde aquel gran español Espinoza que escapó hacia los Países Bajos hasta Jean Amery, también allí al final, u otras víctimas anónimas, millones, que sufrieron bajo aquel síndrome siniestro y oscurantista que nosotros inauguramos liquidando Sefarad, que la aportación de Muñoz Molina no sólo es muy buena literatura. Es además un acto de justicia.

FATAL RECAMBIO

Por HERMANN TERTSCH
El País  Sábado, 01.03.03

COLUMNA

Nada educa tanto como equivocarse mucho. Hace apenas ocho meses escribíamos aquí que "no todo son malas noticias. A algunos se les nota tanto el solipsismo megalómano que logran generar muy sanas gratificaciones cuando fracasan en sus empeños. Caso destacado ha sido esta semana el presidente del partido ODS de la República Checa, Václav Klaus, que ha perdido probablemente su última oportunidad de asumir la jefatura del Gobierno y ejercer -es cuestión de carácter- como Rey Sol en Praga".
Craso error y pronóstico erróneo. Desde ayer, Václav Klaus es más que eso, es jefe del Estado y releva en el cargo a uno de los hombres más dignos, intelectualmente más honestos y políticamente más veraces que ha tenido Europa en muchísimos años. Pero además, su peor enemigo. Esto ya define a Klaus como político y persona. Es la perfecta antítesis de ese hombre bueno, dramaturgo reflexivo y humanista que, con los pulmones destrozados por el humo, se retira sus últimos años a una vida tranquila con Dagmar, su mujer, quizás a Lanzarote.

Klaus es todo lo que Havel desprecia. Tiene pose de Margaret Thatcher con bigote cano, obsesión en favor de un liberalismo primario y mucho desprecio hacia la Europa unida en la que la República Checa entrará en enero. Su elección puede acabar con este Gobierno en Praga y muy pronto ser un perfecto incordio más a sumar a la larga lista que los europeos sufrimos. El castillo de Praga, el Hradsin, apenas desalojado por un gran estadista poeta, es ocupado por un mercantilista implacable e iracundo. Malos tiempos para la lírica sobre el río Vltava.