Por HERMANN
TERTSCH
El País, Budapest,
24.03.90
REPORTAJE
El Gobierno húngaro insistió ayer en calificar de
"alarmante" la situación en Transilvania y acusó implícitamente a las
autoridades de Bucarest de ser culpable del derramamiento de sangre. Las
relaciones entre ambos países permanecen prácticamente rotas y las acusaciones
son mutuas. El embajador húngaro en Bucarest no ha sido recibido por ningún
responsable del gobierno rumano, ni tampoco el primer ministro húngaro, Miklos
Nemeth, ha recibido la anunciada llamada del presidente de Rumanía, Petre
Roman. El viceministro de asuntos exteriores del Gobierno de Budapest, Imre
Szokai, advirtió ayer que si Bucarest no pone fin a la "agresión
racista" de grupos nacionalistas rumanos Transilvania puede convertirse en
"un nuevo Nagorno Karabaj [territorio poblado por armenios y enclavado en
el Azerbaiyán soviético].
Miklos Haraszti, uno de los líderes de la Alianza de
Demócratas Libres, manifestó a EL PAÍS que "los acontecimientos de
Transilvania amenazan con tener un efecto devastador sobre la situación en
Europa oriental, la seguridad en el continente y los intentos de los países ya
ex socialistas por buscar su integración en la Europa desarrollada.
El presidente del CDS español, Adolfo Suárez, que participa
en la campaña electoral húngara en apoyo de la Alianza de Demócratas Libres,
declaró que intervendrá ante las autoridades rumanas para que garanticen los
derechos de las minorías.
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