Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Budapest
El País Lunes,
26.03.90
UNA NUEVA EUROPA
Hungría fue pionera en la lucha contra las dictaduras
comunistas en la Europa del Este
Hungría es un país que mucho antes que otros intentó
desembarazarse de la dictadura comunista que llevaba a la nación a la ruina. Su
resistencia al estalinismo no fue mayor que el de otros Estados del este de
Europa, pero su levantamiento contra la dictadura y la imposición exterior, en
octubre de 1956, conmovió al mundo y marcó un profundo cisma en el comunismo
internacional.
El fracaso del sistema, la insatisfacción del pueblo en
Hungría, se dieron a conocer al mundo pocos años después del levantamiento en
la República Democrática Alemana, el 17 de junio de 1953. Como gran vanguardia
de las reformas de la primavera de Praga, en 1968, antes de las iniciativas de
Alexander Dubcek, Hungría planteó en 1956 una alternativa al neoestalinismo de
Leónidas Breznev y supo señalar un camino que supuso el principio del fin de un
sistema ya entonces acabado. Un gran levantamiento obrero desafió entonces al
estalinismo y por algunos días se hizo con un poder que demostró al mundo, como
ningún otro, el coraje de un pueblo centroeuropeo contra la tiranía en una
Europa subyugada por intereses de las potencias vencedoras de una guerra que
los húngaros jamás empezaron.
Los húngaros retornan a la historia, y sólo ellos son
responsables de una de las más pacíficas transiciones que el año
milagroso de 1989, con todas las demoliciones de despotismos, ha brindado al
continente.
Janos Kadar, que gobernó el país durante más de 30 años,
cayó hace menos de 23 meses. Hoy, Hungría renace con el primer Gobierno
soberano que este país ha tenido en tantos años que la memoria de un adulto apenas
llega a recordar.
Angustia y miseria
Ha ganado el anticomunismo, y nadie se lo podrá
reprochar a un país que ha vivido el miedo, la angustia y la miseria impuesta
hace dos generaciones.
Los Demócratas Libres, el Foro Democrático, Fidesz y los
Pequeños Campesinos, todos ellos han demostrado, ante todo, una postura
irreconciliable con el comunismo, el estatismo y la dictadura que todos quieren
enterrar con estas elecciones que suponen el fracaso definitivo de la
estructura policial que dominó a esta nación durante tantos años.
El Foro Democrático, con el político mas instintivo de Hungría
y un sentido de poder infrecuente en un político de la oposición, Jozsef Antall
a la cabeza, es un factor que nadie puede ignorar. Forme el Gobierno el Foro
Democrático o la Alianza de Demócratas Libres, el camino hacia la democracia y
un sistema de economía de mercado es el mismo.
Desempleo masivo, tendencias igualitaristas, miedo al
porvenir y la certeza de conflictos sociales masivos causados por una
reestructuración imprescindible no sólo enturbiarán el panorama del nuevo
Gobierno, sino plantearán un reto irresoluble a no ser que la ayuda extranjera
traspase la hipócrita frontera de las promesas ampulosas.
Hungría se enfrenta ahora al reto de convertirse en un
país normal. Habrá de buscar vínculos internacionales más efectivos
que el sinsentido del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) que premiaba la
sumisión frente a la energía económica y que suponía un drenaje continuo del
potencial productivo y financiero del país, día a día.
Todo estaba ayer aún abierto en esta carrera sin precedentes
que era la primera elección libre en un país en el que nadie tiene aún datos
fiables sobre la conducta electoral de una ciudadanía acostumbrada al
oscurantismo.
El hundimiento del aparato está consumado, pero Hungría
tiene aún, con cualquiera de las formaciones anticomunistas vencedoras, el reto
de la gran aventura de una reconversión política y social que traerá muchas
tensiones sociales a un país sacudido por traumas de siglos. Desde la
indignación por Transilvania hasta la voladura de los grandes templos del
estalinismo, como la metalurgia de Csepel, son muchos los traumas que dominan
hoy Hungría. Los húngaros habrán de afrontarlos.
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