Por HERMANN TERTSCH / PIOTR ADAMSKI
El País, Varsovia,
11.12.90
GENTE
"En casa, la que manda soy yo"
Era florista; hoy es ya la primera dama de la nueva Polonia
democrática. Danuta Walesa es una mujer menuda de 40 años. De no ser todo lo
famosa que es, nadie le creería que es madre de ocho hijos, todos, además, del
orondo electricista bigotudo que se convirtió el domingo en el primer
presidente democráticamente electo de Polonia. De aspecto juvenil, pero de
ademanes tan decididos y seguros como su marido, Danuta es una madre de familia
polaca como las desean para su patria el papa Juan Pablo II y el cardenal
primado Jozef Glemp: madre prolífica, buena cocinera, fiel en la adversidad y
el éxito, ama de casa por encima de todo. Desde que conoció a Lech, en 1968, en
su tenderete de venta de flores en Gdansk, su vida se ha dedicado a cuidar a su
marido y a su prole en continuo incremento. Se encontraron en octubre.
"Tenía algo que le distinguía de los demás muchachos", recuerda ahora
Danuta. Pocos meses después se casaron, y en 1970 nació su primer hijo, Bogdan.
Le siguieron a éste Slawek, Przemek, Jarek, Magda, María Victoria -nacida la
misma noche en que se declaró la ley marcial, el 13 de diciembre de 1981- y por
último, de momento, la pequeña Brígida.
"En casa, la que manda soy yo", asegura la mujer
del nuevo presidente de Polonia. Sin embargo, los que conocen a la familia
saben que Walesa se comporta como un "patriarca", según unos; como un
"moro", según otros. Cuando el ex presidente Ronald Reagan visitó
recientemente Gdansk, Walesa se sentó en el coche con el huésped
norteamericano y olvidó fuera, en plena lluvia, a su consorte. Esta es una
mujer dura y, al menos públicamente, no se queja.
Walesa siempre ha hecho gala de ser un hombre del pueblo al
que la intelectualidad le resulta sospechosa. Le gustan la carne de cerdo, la
sopa con guisantes y los callos. También los postres, ante todo dulces. Ella
cocina para él, y no parece ver con simpatía la perspectiva de trasladarse al
palacio de Belwedere, sede de la presidencia en Varsovia. Ya ha dicho que
quiere pasar la mayor parte de la semana en Gdansk y que sólo acudirá a la
capital cuando su presencia allí sea necesaria.
Muchos piensan que lo hará más de lo previsto en un
principio, ya que se considera más imprescindible de lo que la creen los demás.
Ella fue a recoger el Premio Nobel de la Paz en 1983, y pocos dudan de que se
sentirá encantada de subir por escaleras alfombradas cuando el protocolo lo
exija o permita.
Las estrecheces económicas del hogar de un electricista
industrial en Gdansk desaparecieron hace ya años para dar paso a las
comodidades de un premio Nobel autor de éxito y cotizado conferenciante en
universidades norteamericanas harto solventes. El amplio chalé, los coches de
importación y las visitas insignes también han marcado ya la personalidad de la
modesta ama de casa cuyo único fin era ayudar al marido y educar a los vástagos
en la gracia de Dios.
Pocos son los polacos que confían en que Danuta Walesa
renuncie a gozar ahora del éxito y el prestigio de su marido por el ancho
mundo. Casi nadie cree que deje escapar la oportunidad de salir en las fotos,
que en los próximos cinco años de mandato presidencial de su marido se
repetirán hasta la saciedad, en Washington y Moscú, en Roma, París o Estocolmo.
La florista, madre, católica y consorte pasó los peores momentos con el
sindicalista perseguido. Ahora podrá gozar con él la gloria del estadista.
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