Por HERMANN TERTSCH
El País, Belgrado,
13.03.91
El Parlamento de Serbia aceptó anoche todas las
reivindicaciones de los manifestantes que recorren las calles de la ciudad,
declaró su presidente, Slobodan Unkovic, en un intento de desactivar la crisis
que conmueve al país, con la esperanza de que el desenlace no sea cruento.
Unkovic solicitó a los manifestantes, congregados desde el domingo pasado a
unos 200 metros del Parlamento, que se dispersen, mientras el líder opositor,
Vuk Draskovic, se dirigía a miles de seguidores.
Por su parte, la presidencia colectiva de Yugoslavia fue
convocada ayer con urgencia, "en su función como comandante supremo de las
Fuerzas Armadas", a solicitud del ministro federal de Defensa, Veljko
Kadijevic, en una situación de extrema tensión en Belgrado. Decenas de miles de
manifestantes en la capital aclamaron como el símbolo de la "rebelión de
los serbios contra el despotismo" a Vuk Draskovic, el carismático líder
del anticomunismo nacionalista, liberado una hora antes por las autoridades,
después de tres días de detención. "Serbia nunca volverá a ser la de antes
del 9 de marzo. Sólo será fuerte cuando sea democrática. Hoy, el mundo nos
observa. Serbia ya no es el último bastión del comunismo. Debemos unirnos a la
Europa democrática. Ésta es la rebelión de los serbios", declaró Draskovic
a una masa entusiasta que coreaba su nombre y coros de "mafia roja,
Slobodan-Sadam, Slobodan-Stalin", en referencia al presidente serbio,
Slobodan Milosevic.
Ánimos encrespados
Los manifestantes mantienen paralizado el centro de la
ciudad y ayer proliferaron tanto informaciones sobre movimientos de tropas como
temores a que el Ejército utilice estas movilizaciones como pretexto para una
intervención armada en toda Yugoslavia, que muchos generales añoran desde hace
meses, para frenar los procesos democratizadores y centrífugos en el Estado
federal. El presidente de la federación, el serbio Borisav Jovic, anunció una
decisión de máxima trascendencia para el futuro del país, que no se había
producido al cierre de esta edición. Manifestaciones en toda Serbia y en
numerosas fábricas expresaron ayer su apoyo a las demandas de la oposición y
los estudiantes concentrados permanentemente en Belgrado desde el domingo.
Éstas son la libertad de los detenidos en los incidentes del
sábado pasado y la posterior represión, la dimisión del ministro del Interior
y, según se oía cada vez más ayer en la plaza central de Belgrado, el cese del
Gobierno del presidente serbio, Slobodan Milosevic. Ayer se cumplió una de las
condiciones de los estudiantes, la que originó el sábado la protesta que era la
dimisión del director de la televisión de Belgrado, Dusan Mitevic, y otros
cuatro redactores jefes, destacados responsables de la constante manipulación
informativa de la televisión a favor de Milosevic y su Partido Socialista
Serbio.
La primera gran respuesta popular serbia contra el
presidente Slobodan Milosevic ganaba ayer rápidamente en fuerza. Se fortalecían
con ella los temores a que Milosevic confirme su alianza con la dirección de
las Fuerzas Armadas yugoslavas, comandadas en su mayoría por comunistas
conservadores serbios, e imponga una ley marcial aprovechando que aún dirige la
presidencia el representante serbio y leal seguidor suyo, Borisav Jovic.
El Gobierno federal del primer ministro Ante Markovic emitió
un comunicado en el que se distancia claramente de una posible intervención
militar, y declara que, "pese a su complejidad, los problemas pueden
resolverse por medios democráticos y sin el recurso a la fuerza". Markovic
condenó la utilización de las Fuerzas Armadas para reprimir las protestas
callejeras el sábado pasado y reveló no haber sido consultado.
Las instituciones yugoslavas y serbias han quedado
paralizadas, tras cuatro días de manifestaciones contra la dirección política
serbia en la capital, con el abandono del Parlamento serbio por parte de la
oposición y la imposibilidad de celebrarse una reunión ordinaria de la
presidencia yugoslava. Representantes del Partido Socialista Serbio (ex
comunista) del presidente Slobodan Milosevic reiteraron ayer las acusaciones
contra "agentes extranjeros" y "fuerzas secesionistas albanesas
y croatas" como supuestos aliados de los manifestantes en Belgrado, en un
plan para "destruir Serbia y convertirla en un Estado títere".
El presidente de la presidencia colectiva, Borisav Jovic,
anunció que el público sería informado de inmediato de la decisión del
"comandante supremo de las Fuerzas Armadas". Según Jovic, estrecho
colaborador de Milosevic, "la presidencia federal se ha visto paralizada
como órgano de máxima responsabilidad ante la situación en el país, hasta tal
punto que en las circunstancias dramáticas actuales ha dejado de ejercer sus
funciones constitucionales".
El representante esloveno en la presidencia, Janes Drnovsek,
anunció ayer su negativa a participar en la cumbre de emergencia convocada por
Jovic y el ministro de Defensa.
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