Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Riga
El País Lunes,
18.02.91
Los nacionalistas ven en la independencia la garantía para
sobrevivir
"La Unión Soviética no ha ejercido la mínima influencia
para imponernos su política. Los rumores sobre la amenaza de bolchevización y
ocupación soviética de los países bálticos carecen de fundamento". El
comandante en jefe del Ejército estonio, Laidoner, tranquilizaba así a los
bálticos en un discurso. Corría el mes de mayo de 1940.
No obstante, advertía que "siempre debemos estar
preparados para defendernos y luchar por nuestro Estado, por la existencia de
nuestro pueblo". Poco después, el Estado que se consideraba razonablemente
seguro gracias al pacto de amistad firmado con Moscú, había desaparecido,
ocupado y sovietizado tras sólo 20 años de existencia. Otro tanto le sucedía a
Letonia y poco después a Lituania. Hoy, más aún que en 1940, estos pueblos
bálticos ven en su independencia como Estados también su última esperanza de supervivencia
como pueblo.
"Es nuestra última oportunidad. Sin independencia,
pronto nos habremos extinguido como pueblo". Así explica Valdis Berzins,
portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores letón, la irrevocable voluntad de
secesión de la URSS. Los países bálticos se conformarían con la suerte que han
corrido los demás Estados surgidos del Tratado de Versalles de 1919, Polonia,
Checoslovaquia, Austria, Hungría, Finlandia y Yugoslavia. El siglo XX les
impuso duras pruebas, pero con ninguno de ellos fue tan cruel como con estos
tres Estados nórdicos.
"Sobrevivir como pueblo" es el elemento nuevo en
esta segunda revolución anticomunista en Europa que protagonizan lituanos,
letones y estonios. Estos pueblos han sido testigos de la extinción de otras
naciones pequeñas y vecinas. Los prusianos, germanizados en su totalidad; los
kuronianos, letonizados; los semigalianos y los selanianos, extintos. Dos
pueblos quedan en la región como reliquias vivientes que pueden no sobrevivir a
este siglo. Los livos son menos de 1.000; los votos viven en unas pocas aldeas
junto al río Narva y no llegan a los 200.
Y checos, polacos o búlgaros se enfrentaban a la
supervivencia física y cultural de su pueblo. Cuando salieron a la calle
lituanos, letones y estonios en enero, lo hicieron para luchar tanto contra el
régimen comunista como por su subsistencia.
Entre ámbar y eslavos
La primera época de prosperidad de estos pueblos nórdicos
por sus contactos con Roma y el Mediterráneo gracias al comercio del ámbar, tan
frecuente en estas costas bálticas, fue interrumpida por las migraciones hacia
el Oeste de pueblos eslavos en el siglo III. Aquella migración eslava cortó el
desarrollo de los pueblos bálticos. Otras nuevas amenazan con hacerlos
desaparecer. "El Báltico ha defendido, pese a ingentes presiones e
intentos de asimilación, su carácter específico y sus fronteras
históricas", señalaba en 1940 el estonio Harri Moora. Más de medio siglo
después, Gundars Preijers, un letón de 51 años, declara que "en
estos difíciles tiempos muchos se preguntan para qué traer niños al mundo. Yo
tengo cuatro, algo hay que hacer si queremos que no desaparezcan los
letones".
"El deseo de no convertirnos en una nueva especie
humana extinta ha llevado a los letones a las barricadas", asegura Sniedze
Runge en el periódico del Frente Popular, At Moda (Despertar). La
sensación del "ahora o nunca" fuerza posturas y radicaliza actitudes.
Es patente el miedo a que con una vuelta al pasado en la URSS y la frustración
de una independencia que se cree rozar con los dedos se escape la última
oportunidad en la historia de supervivencia. Los bálticos ven que no les queda
tiempo.
La última crisis comenzó con una ofensiva de la ortodoxia
comunista contra los Gobiernos nacionalistas de las tres repúblicas que han
declarado su independencia de la URSS.
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