Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
14.11.91
La nueva visita de Lord Carrington a Yugoslavia es un
desesperado intento de la Comunidad Europea de aferrarse a lo que posiblemente
sea la última oportunidad de evitar que la ola bélica que ya ha arrasado gran
parte de Croacia se extienda a Bosnia-Herzegovina, Serbia y quizá allende las
fronteras de lo que fue la federación yugoslava. Todos los Balcanes y el sur de
Centroeuropa están ya seriamente en peligro. Serbia ha pedido la intervención
de tropas de las Naciones Unidas después de meses de oponerse a ello con
vehemencia. Carrington habrá de dilucidar si se trata de una mera táctica de
Belgrado para retrasar la imposición de sanciones o un cambio real de actitud
del régimen serbio.
Las posibilidades de éxito de la nueva misión son tan
reducidas como las de otras anteriores. Con la presencia de cascos azules
en el actual frente, Serbia puede intentar perpetuar su ocupación de los
territorios croatas que ostenta -y que ha limpiado de croatas a base de la
destrucción sistemática de las aldeas-, de la misma forma en que las tropas de
la ONU sancionaron en la práctica la división de Chipre. Croacia se opondrá a
esta solución.
Un hipotético acuerdo pasaría por la retirada del ejército
de estas regiones croatas y una garantía de protección por parte de la ONU a
todas las minorías, no solo la serbia en Croacia sino también la musulmana, la
húngara y la albanesa en Serbia y Bosnia-Herzegovina.
Antes sería necesario un alto el fuego que fuera respetado
por todos. Demasiadas condiciones para que nadie albergue optimismo alguno. El
propio Lord Carrington reconoce que tiene que luchar contra el fatalismo que le
invade para seguir viendo un sentido en su tan abnegada, como hasta hoy
infructuosa, mediación.
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