Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
10.02.92
El Frente de Salvación Nacional (FSN), presidido por el ex
primer ministro Petre Roman, y heredero de las estructuras y cuadros del
Partido Comunista de Rumanía podría ver definitivamente roto su monopolio si la
alianza opositora de la Convención Democrática vence en las principales
ciudades en las primeras elecciones municipales democráticas en medio siglo,
celebradas ayer.
Aunque los resultados provisionales no se conocerán
previsiblemente hasta esta tarde. Medios del FSN y de la oposición coincidían
anoche en que el partido en el poder podría perder las alcaldías de Bucarest,
Timisoara, Brasov, Sibiu y Cluj. Con esta irrupción de la coalición opositora
en la dirección de las principales ciudades de Rumanía quedaría rota la
continuidad de los mandos municipales heredados del régimen comunista de
Nicolae Ceausescu, poco más de dos años después de la caída de éste y su posterior
ejecución. La participación electoral al cierre de esta edición no era todo lo
alta que esperaba la oposición y en algunas ciudades se temía que el
absentismo, especialmente de la juventud, pudiera postergar este relevo de los
mandos ex comunistas en sus respectivos municipios. El resultado de estas
elecciones será un indicador sobre la correlación de fuerzas de cara a las
elecciones legislativas, previstas para la primavera.
Aunque se presentan 84 partidos, sólo el FSN, la Convención
Democrática y la Unión Democrática de los Húngaros -ésta sobre todo en
Transilvania- parecen tener posibilidades de disputarse el poder local.
Derrotados en mayo de 1990
La presentación de candidaturas comunes de las principales
fuerzas de la oposición dentro de la Convención Democrática supone el primer
gran reto al poder ex comunista que bajo el presidente Ion Iliescu logró
sobrevivir prácticamente intacto. El Partido Nacional Liberal, el Partido
Nacional Campesino y la Alianza Cívica lograron superar sus diferencias y las ambiciones
personales de sus líderes tras su catastrófica derrota en las elecciones
generales de mayo de 1990. Más de seis mil observadores, entre ellos cerca de un
centenar de extranjeros, intentaron ayer impedir que se repitieran las
manipulaciones e intimidaciones masivas que se produjeron entonces y que
dejaron al Gobierno de Petre Roman falto de legitimidad y a merced de presiones
callejeras que finalmente, en septiembre pasado, provocaron su caída.
[Al menos 3.000 campesinos con horcas bloquearon el colegio
electoral del pueblo de Sapinta, norte del país, para protestar porque su
candidato a alcalde fue eliminado de las listas electorales, informa France
Presse].
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