Por HERMANN TERTSCH
El
País Jueves, 20.02.92
TRIBUNA: LA PRIVATIZACIÓN EN LA EUROPA DEL ESTE
Desconfianza y corruptelas minan el proceso modernizador
La privatización en los antiguos países socialistas de
Centroeuropa es tarea difícil. En los Balcanes es una ingente empresa, de
futuro muy incierto, con grandes enemigos tanto en la antigua Administración
comunista como en el sentir de amplias capas de la población. En Rumanía, uno
de los países de más implacable estatalización bajo el régimen comunista, los
sectores reformistas del Frente de Salvación Nacional (FSN) hicieron las leyes
de privatización antes de caer bajo la protesta neocomunista de los mineros en
septiembre pasado. A la hora de aplicarlas queda claro que, una vez más, con la
ley llegó la trampa.
En la calle Victorie de Bucarest, una de las preferidas por
el dictador Nicolae Ceausescu para transitar por su capital, los primeros
comercios privados han tenido como víctimas propiciatorias a las librerías, que
durante años habían sido degradadas a expendedurías de las obras completas del
dictador, su mujer e "insigne académica" Elena y algún clásico
inofensivo. Los nuevos empresarios, arrendatarios de estos locales, nunca
aclaran de forma satisfactoria qué trámites cumplieron para hacerse con el
local. Tampoco los propietarios de las nuevas tiendas de productos extranjeros
en la avenida Magueru gustan de desvelar su procedimiento para hacerse con
locales tan céntricos de propiedad estatal y con las divisas para la compra de
los productos que ofrecen a precios desorbitados para el bolsillo rumano.
La vox pópuli asegura que la mayoría de estos comercios
pertenecen a miembros de la policía política y de la Administración que se
hicieron con las cuentas en divisas de sus organizaciones durante los meses de
confusión que siguieron a la caída de Ceausescu, en diciembre de 1989. Es
probable que esto sólo sea verdad en parte y que la envidia, otro pecado capital
de este otro país latino, mueva al ciudadano rumano a la convicción de que todo
negocio ha de ser por fuerza sucio.
La privatización existe en Rumanía desde hace muchos
años, si bien antes se llamaba "robo de propiedad del Estado". Aunque
tipificado como delito, el fenómeno estaba tan generalizado que apenas se perseguía.
Los albañiles se llevaban el material de construcción de las obras, los
trabajadores las herramientas y combustibles de las fábricas, y todos
arramplaban con todo lo que tuviera alguna utilidad o fuera canjeable. La
miseria bajo Ceausescu no dejaba lugar a mayores escrúpulos.
La revolución no cambia los hábitos. Así, la primera
gran privatización después de la caída oficial del régimen comunista fue
el saqueo generalizado de las cooperativas agrícolas. Como en Albania, donde en
dos meses la cifra de ganado vacuno de propiedad estatal cayó de 150.000 a
11.000 reses. Muchas de las cooperativas fueron incendiadas una vez vacías, la
mayoría en las regiones orientales están ya abandonadas y nadie está preparando
el campo para la próxima cosecha.
En las empresas industriales pasó otro tanto, si bien no en
tan extremas dimensiones. Directores de pequeñas y medianas fábricas, fieles
sicarios de Ceausescu en su día, después leales revolucionarios del Frente de
Salvación Nacional, decretaban obsoletas las instalaciones propias para
venderlas a precios irrisorios a algún pariente. Así han sido privatizados el
parque móvil de centenares de empresas. Con los inmuebles está pasando lo
mismo. Una nueva ley permite a los actuales ocupantes de viviendas oficiales
-incluidos los magníficos chalés de la vieja aristocracia y oligarquía en el
barrio diplomático, junto a la avenida Kisselew, en Bucarest- adquirir estos
inmuebles a precios llamados antiguos y con créditos a 25 años con un
4% de interés. Mientras, los créditos normales a la vivienda, habitualmente a
10 años, cargan un interés en torno al 30%.
Devolución de la tierra
Dicho esto, también en Rumanía se han producido los primeros
avances en la privatización regulada y la devolución, aunque muy limitada, de
las propiedades incautadas a sus legítimos propietarios por el régimen
comunista. Bucarest asegura que el 80% de la tierra cultivable ha sido ya
devuelta en parcelas de un máximo de 10 hectáreas, fuera cual fuera la
propiedad requisada en 1948.
Pese a la riqueza potencial de Rumanía, con un suelo
agrícola incomparable, existencias de petróleo, materias primas e importantes
atractivos turísticos, la subsistencia del entramado balcánico de burocracia y
corrupción, la falta prácticamente total de infraestructura y las dudas sobre
la estabilidad y la voluntad realmente reformista de los poderosos, expresada
hace pocos días por el propio presidente del FSN y ex primer ministro Petre
Roman, han impedido hasta ahora que la privatización haya ido mucho más allá de
lo que es mero expolio.
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