Por HERMANN TERTSCH
El País, Zagreb,
02.12.91
José María Mendiluce, enviado especial del ACNUR en la zona
El seseo en su pronunciación castellana no es acento
guipuzcoano, sino el resultado de su larga estancia en Centroamérica. Desde el
año 1979 no vive en España. Nunca había tenido que ejercer tan cerca de su San
Sebastián natal como ahora, cuando ha llegado a esta región que fue Yugoslavia
para intentar paliar la marejada de dolor que ha levantado la guerra. José
María Mendiluce, un vasco de 40 años, que ha dirigido operaciones de ayuda a
refugiados en algunas de las zonas de conflicto más agudas de las últimas
décadas, prepara su estancia en los Balcanes como enviado especial del Alto
Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Ahora, Mendiluce
tiene el deseo de que su permanencia en Zagreb sea lo más breve posible, porque
sería el mejor indicio de que el problema que viene a combatir ha sido
resuelto.
Ha llegado a Yugoslavia para dirigir un programa de ayuda
para los centenares de miles de civiles que han huido de sus hogares en la
mayor tragedia de estas características que sacude a Europa desde el final de
la II Guerra Mundial. Llega, tras una breve escala en Ginebra, directamente
del norte de Irak, donde ha supervisado el desarrollo del mayor programa de
ayuda jamás lanzado por el ACNUR: la repatriación de los miles de kurdos huidos
a Turquía ante el avance de las tropas de Sadam Husein. Con un presupuesto muy
inferior al disponible allí, unos 24,8 millones de dólares (2.500. millones de
pesetas), Mendiluce coordinará con la Cruz Roja Internacional y las autoridades
de las diversas repúblicas yugoslavas la ayuda a los más de medio millón de
refugiados que ha producido ya la guerra.
Es imposible arrancar de sus labios un comentario sobre el
conflicto en sí que pudiera dificultar su trato con una de las partes
contendientes. Su misión es negociar con todos: con el régimen serbio, las
autoridades croatas, el Gobierno dividido de Bosnia-Herzegovina. Le preocupan
todos los casos, aunque sabe lo limitada que es su empresa ante las infinitas
tragedias individuales que produce toda guerra en la Europa de fin de siglo.
"Nosotros no podemos arreglar los problemas de fondo", afirma, "podemos
ayudar a resolver problemas para los que en esta magnitud, lógicamente, ningún
Gobierno está preparado".
Ha abierto su misión en Zagreb, y pronto contará con una
oficina del ACNUR en Sarajevo. También se reforzará la existente en Belgrado.
Está en contacto regular con Cyrus Vance, enviado especial del Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas para mediar en la guerra yugoslava, y tiene
esperanzas de que el conflicto sea de corta duración.
El invierno en Croacia es ya inminente, y una de sus
primeras operaciones "será traer centenares de miles de mantas y paquetes
de comida". Es la única solución para los civiles que viven en hoteles de
turismo veraniego de la costa adriática y que carecen de calefacción.
Mendiluce llega a una región que le es desconocida, pero conociendo
bien los problemas a que se enfrenta: "Las necesidades son otras aquí que
en el Cuerno de África, pero el sufrimiento humano es siempre el mismo".
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