Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Estocolmo
El País Viernes,
28.01.2000
LA ULTRADERECHA EN EUROPA
La capital sueca será a partir de ahora todos los años sede
de un "foro internacional por la humanidad y la conciencia". La
propuesta del premio Nobel de la Paz Elie Wiesel ha sido aceptada y bienvenida
por el primer ministro, Göran Persson. Será un encuentro internacional en el
que se hará balance sobre amenazas para la democracia por parte del
antisemitismo, el racismo y la xenofobia, y se estudiarán nuevas iniciativas
para la formación de las nuevas generaciones en el respeto a la dignidad del
prójimo y la movilización contra la intolerancia y el neonazismo.
El holocausto, dijeron diversos oradores en la sesión
plenaria, es la lección fundamental de la humanidad para armarse en defensa de
nuevos peligros que son constantes y siempre existirán. Desde un Slobodan
Milosevic genocida hasta un Jörg Haider que no lo ha sido pero muestra continua
comprensión hacia quienes lo cometieron durante el nazismo, los riesgos son
permanentes y la sociedad ha de mantenerse siempre en guardia, manifestaron. La
trivialización de los crímenes nazis que forma parte del mensaje político del
austriaco Haider es una de las señales de máxima alarma en Estocolmo.
Especialmente cuando la aritmética electoral resultante de las últimas
elecciones austriacas parece ya llevar inevitablemente a Viena a contar con un
Gobierno de coalición entre conservadores y el Partido Liberal (FPÖ) de Haider.
Klima había manifestado el miércoles a EL PAÍS que ya no contempla otra
posibilidad que la oposición para su partido, el socialdemócrata SPÖ. Klima
manifestó rotundo que él "jamás" entrará en una cooperación política
con Haider. En Estocolmo se habló sobre todo de los métodos de transmitir
información, conocimiento y movilización ética de las generaciones jóvenes en
contra de opciones políticas que se nutran, como la de Haider, de la xenofobia
y el odio. Diversos historiadores manifestaron que el hecho de que Haider o
Milosevic o cualquier líder de la extrema derecha no abracen abiertamente la
ideología nazi ni les exime de responsabilidad ni reduce el inmenso peligro
potencial de sus opciones políticas. La capitalización del voto de protesta y
del resentimiento social de los menos beneficiados o perjudicados por la
globalización económica es, sin duda, un fracaso de los partidos tradicionales
de izquierdas.
La lucha contra el olvido es un deber ciudadano que debe
transmitirse de generación en generación ahora que los últimos testigos
directos del holocausto están en las postrimerías de su vida. Como manifestó el
historiador alemán Gustav Heyn, las nuevas generaciones deben saber que sí era
posible elegir entonces entre la compasión y la ayuda a las víctimas por un
lado y el crimen o la indiferencia por el otro. El mito de que nadie sabía nada
y que nadie, aun de haberlo sabido, habría podido hacer nada para evitarlo, es
falso y una excusa de los que no actuaron contra la inhumanidad. Dicha lucha
contra el olvido es, dijo Persson, la única forma de movilizar la capacidad de
compasión de los seres humanos para que jamás vuelva a suceder algo parecido. Y
esta lucha comienza en la formación de los jóvenes para que "hagan frente
a los inicios" de estos movimientos del odio que surgen en todas las
sociedades y de las que son exponentes claros dictadores como Milosevic o
Pinochet, pero también políticos que capitalizan crisis para lanzar sus
propuestas populistas de desprecio, potencialmente criminales. Entre estos
últimos puede incluirse a Le Pen. Pero era ayer Haider quien estaba en boca de
todos porque tiene muy sólidas probabilidades de compartir Gobierno en una
democracia de la UE. Para todos, Haider es hoy la máxima señal de alarma.
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