Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Weimar
El País Domingo,
05.12.99
La rusa Iveta Gerasimchuk desbanca a casi 2.500 ensayistas y
filósofos de los cinco continentes
Iveta Gerasimchuk, rusa nacida en Samara hace tan sólo
veinte años, recibió ayer en la ciudad alemana de Weimar el Premio
Internacional de Ensayo, convocado hace dos años para tratar sobre la cuestión
intelectual que ha marcado como ninguna otra la década de los noventa, el
tratamiento del pasado, la presencia de la historia en la vida de las
sociedades y en sus proyectos de futuro. El primer premio tiene una dotación de
50.000 marcos -4.300.000 pesetas-, pero su auténtico valor es el de ser
resultado de un esfuerzo sin precedentes en la aplicación de criterios de
selección entre miles de trabajos llegados de los cinco continentes en siete
idiomas, en un concurso de verdadera universalidad por su planteamiento y
participación.
La joven Gerasimchuk, que se ha especializado en cuestiones
de la historia contemporánea de Suráfrica y estudia aún en el Instituto de
Relaciones Internacionales de Moscú, venció con Diccionario de los vientos, una
brillante propuesta poética de explicar los enfrentamientos entre las fuerzas
del pasado y del futuro en las sociedades humanas. Gerasimchuk estaba ayer
presente, al igual que parte de los diez integrantes de la última preselección.
Su trabajo, escrito en forma de diccionario explicando diversos términos, en
gran parte inventados, en los que describe el choque entre los anemófilos
(adoradores del viento) y los cronistas (adoradores del pasado), fue ayer
unánimemente elogiado y revela una exquisita sensibilidad y una erudición
insólita en alguien tan joven.
El segundo premio fue para el catedrático de historia del derecho
de la Universidad de Seattle (EEUU) Louis Wolcher. El tercero fue compartido
por el autor franco-americano Cristophe Wall-Romana con su ensayo Metaculpa y
el escritor serbio Velimir Curgus Kazimir por su trabajo Casas. Entre los diez
finalistas se encuentran el filósofo francés Jean Pierre Faye, especialista de
la obra de Schopenhauer y Heidegger, así como el autor ruso Mijaíl N. Epstein.
El poeta y estudioso de la historia de las culturas Edouard
Glissant fue ayer el encargado de glosar la obra de los vencedores. Glissant
habló de la certeza de "la inviabilidad de las certezas" a la hora de
interpretar pasado y futuro y de la inmensa riqueza de las visiones que existen
en las culturas del mundo "del secreto que es esa tremenda comunión entre
espacio y tiempo" que define a la historia en ambas direcciones.
Glissant lamentó que, pese a todos los esfuerzos de la
organización por divulgar este proyecto, la relación de participantes refleje
aún, inevitablemente, la dificultad de los autores de países del Tercer Mundo a
acceder a información.
Entre los trabajos en concurso hubo 205 ensayos escritos en
español, de los cuales ninguno quedó entre los diez primeros. Mientras que se
presentaron más de 600 trabajos en inglés y otros tantos en alemán, en chino
fueron 37. Pese a tan exigua cifra, el poeta en el exilio Yang Lian consideró
que la participación china había sido un éxito importante para su país. Nunca
intelectuales chinos han tenido la posibilidad de escribir sobre pensamiento
para ser leídos o publicados de inmediato en el extranjero.
Desde la Comisión para la Verdad y la Justicia de Suráfrica
hasta el juicio para la extradición de Pinochet, desde la publicación de los
papeles de los servicios secretos de Alemania oriental a la revisión del papel
de la sociedad francesa durante la ocupación nazi, ningún debate intelectual ha
hecho correr tanta tinta en la década que ahora termina como el debate sobre el
pasado y sus implicaciones para el futuro. La vuelta de página o la amnistía
para el bien de la reconciliación, la persecución de los crímenes de regímenes
totalitarios aun a costa de provocar tensiones, crispación o incluso
enfrentamientos en las sociedades ya liberadas de aquellos sistemas han sido en
todo el mundo motivo de polémicas y fuertes controversias intelectuales. Desde
Camboya o Japón a Argentina, Croacia, Serbia o Alemania, el pasado y su peso
sobre los proyectos de futuro de convivencia ha estado presente como nunca.
Con motivo de recabar ideas al respecto procedentes de todo
el mundo y sus diversos espacios culturales, se lanzó la idea de este proyecto
que no tiene precedentes por su ambición tanto en lo que a amplitud respecta
como a los criterios de selección. Era un llamamiento a la presentación de
ensayos como renuncia consciente a cualquier exigencia de un camino seguro e
inequívoco, de cualquier deducción ex cátedra o verdades autosuficientes. A la
vista de los diez primeros en el concurso, no sólo se han logrado estos
objetivos, sino que además van acompañados de una calidad literaria a veces
sorprendente.
Todos los trabajos habían sido codificados y eran, por
tanto, anónimos para los jurados iniciales en la lengua del autor como en las
instancias del jurado final, en la que los trabajos eran juzgados en su lengua
original y en dos traducciones y todos y cada uno eran valorados por al menos
dos miembros, para después pasar a valorarse los diez últimos preseleccionados.
Durante más de un año, los jurados han estado reuniéndose en Nueva York, París,
Moscú, Beirut, Amann, Berlín, México y Hainan.
El gran reto era buscar formas válidas de valoración de la
calidad de obras procedentes de los ámbitos culturales más dispares, de los
contextos más diversos y estilos difícilmente comparables. Los más de 2.400
textos llegados a concurso serán archivados en Weimar y quedarán a disposición
para futuras investigaciones y publicaciones. Frank Berberich, director de
Lettre Internacional en Alemania y uno de los padres de la idea, reconoció ayer
que será difícil que un proyecto como éste vuelva a repetirse en un futuro
próximo. Tan solo la inversión en dedicación, viajes y reuniones de los jurados
en todo el mundo supera ya las posibilidades de la inmensa mayoría de
instituciones que pudieran planteárselo. Lettre International y la ciudad de
Weimar, como capital cultural europea, han tenido que recurrir a toda una
amplia paleta de patrocinadores para realizar esta aventura, cuyos resultados,
sin embargo, estarán en esta ciudad de Turingia a disposición de quienes
quieran recorrer las reflexiones sobre las implicaciones del pasado sobre el
futuro y viceversa en cerca de 2.500 cabezas de 123 países.
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