Por HERMANN
TERTSCH / JOSÉ M. MARTI FONT
El País, Berlín
Este, 20.03.90
UNA NUEVA EUROPA
Los millones de votos obtenidos por la derecha en la RDA
permitirán a Kohl ver realizado su sueño
Los millones de votos conseguidos por los conservadores en
Alemania Oriental permitirían sin mayores problemas al partido del canciller de
la República Federal de Alemania (RFA), Helmut Kohl, gobernar con mayoría
absoluta la gran Alemania. Kohl podría hacer realidad su sueño de convertirse
en el primer canciller de la renacida Alemania. La socialdemocracia vería
surgir por su izquierda -además de a los molestos verdes- a un partido ex
comunista dispuesto a debilitar aún más su electorado a la izquierda, pero sin
posibilidad de acceder al poder. El triunfo del sistema capitalista en el país
en donde más duramente se peleó la guerra fría sería, pues, total.
Los resultados del domingo en la República Democrática
Alemana (RDA) han sorprendido a todos, pero sería un gran error intentar extrapolarlos
a un posible contexto panalemán. Los ciudadanos de la RDA no votaron en una
elección normal en la que partidos políticos más o menos establecidos
presentaran determinados programas y donde líderes conocidos, provenientes de
las bases, disputaran los escaños de sus jurisdicciones a adversarios
similares. La baza del miedo al desamparo, esta vez económico, fue la gran carta
de la derecha, por más que en los mítines de la Alianza por Alemania no se
oyera otra cosa que atribuirle el fomento de la inseguridad a la izquierda.
Los protegidos de Kohl ganaron de manera tan abrumadora
porque, entre resistir la Anschluss (anexión) -la propuesta de los
comunistas reformados de Gregor Gysi- o acelerarla, dejaron prácticamente sin
espacio político al único partido que intentó ofrecer un programa matizado para
el proceso de unificación, el socialdemócrata.
No puede extrañar, en las actuales circunstancias, que a
quienes más parece asustar el futuro sea a los conservadores de Bonn, los
primeros en pedir un Gobierno de coalición, tal vez conscientes de que el
bienestar inmediato prometido a sus electores no podrá facilitarse en la fecha
anunciada ni con las garantías de calidad suficientes. Por ello intentan
integrar en la responsabilidad de gobierno a todas las fuerzas políticas -a
excepción de los comunistas-. La Alianza por Alemania intenta sumar al Partido
Social Demócrata (SPD) y a los liberales en la compleja e ingrata operación de
imponer las reglas de una economía de mercado.
El líder del SPD, Ibrahim Boehme, anunció ayer su negativa a
entrar en la coalición que apresuradamente le habían ofrecido Lothar de
Maiziere y antes incluso que éste los dirigentes de la Unión Cristiana
Democrática (CDU) en Bonn, sin lugar a dudas los auténticos directores de la
operación. Boehme niega así a la derecha una amplia plataforma de más de dos
tercios en la Asamblea Popular, suficiente para la rápida reforma de la
constitución de la RDA.
Impide asimismo el SPD dejar al Partido para el Socialismo
Democrático (PDS) como único partido de izquierda en la oposición que podría
así fácilmente capitalizar el descontento que las medidas de racionalización y
reestructuración van a producir. A sólo 6 puntos del SPD en las elecciones, el
partido de Gregor Gysi y Hans Modrow ha demostrado ser un enemigo mucho más
peligroso de lo que se estimaba. En sólo cuatro semanas subió del 5% al 16,2% y
ha logrado en una hábil campaña desembarazarse de la imagen de heredero del
odiado y desprestigiado SED.
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