Por HERMANN
TERTSCH / JOSÉ M. MARTI FONT
El País, Berlín,
20.03.90
UNA NUEVA EUROPA
Ibrahim Boehme, el derrotado líder del Partido
Socialdemócrata (SPD), ya había cedido, unas semanas antes de las elecciones,
en el punto que más le separaba de las tesis de los conservadores. "No
descartamos la unión por medio del artículo 23", dijo Boehme, "pero
creemos que ésta es una cuestión a decidir por los alemanes
orientales". Demasiado tarde. La diferencia entre el ya famoso artículo 23
de la ley fundamental de la RFA -que no constitución- y el artículo 146 del
mismo texto estriba en que el primero establece un sistema de unificación
extraordinariamente simple, rápido y efectivo, mientras que el segundo propugna
la redacción de una constitución definitiva y un posterior referéndum de
unificación.
Según el artículo 23, los viejos lánder (Estados
federados) que, por órdenes de los ocupantes soviéticos, se levantaron de la
mesa en Múnich en 1947, cuando se discutía la reforma monetaria de Ludwig
Erhard, pueden simplemente pedir su ingreso en la República Federal de Alemania
(RFA).
No se producirían correcciones notables, más allá de un
aumento del número de parlamentarios en las dos cámaras, que posteriormente
volverían a reducirse.
Además, el ingreso de la República Democrática Alemana en la
Comunidad Europea sería inmediato, al no considerarse que sea un nuevo país
quien pide la adhesión.
Los socialdemócratas, al igual que el PDS, consideraban que
la aplicación pura y simple del artículo 23 equivalía a una anexión forzosa de
Alemania Oriental y preferían el artículo 146, que considera que "esta ley
fundamental dejará de tener vigencia el día en que una constitución aprobada
libremente por el pueblo alemán entre en vigor".
Retocar la ley fundamental
Esta vía abría además la posibilidad de retocar la vieja ley
fundamental y añadirle algunos puntos, como la defensa del medio ambiente, el
derecho a un puesto de trabajo o a una vivienda. Se explica así la oposición
conservadora a abrir un debate constitucional.
El triunfo conservador parece haber acabado con esta
discusión, abriendo la puerta de lleno a la gran apuesta de Kohl, esto es,
celebrar en diciembre unas elecciones generales en toda Alemania.
Para ello, la nueva Cámara del Pueblo tendrá que trabajar a
marchas forzadas. Restablecer los cinco lander, reformar y
desmovilizar la Administración del Estado y hacer una reforma total del
sistema legal que permita homogeneizarlo con el de la RFA.
Mucho trabajo para muy poco tiempo, contando además que las
leyes exigen una mayoría de dos tercios para según qué cambios y que el SPD no
parece dispuesto a entrar en la coalición.
Las elecciones locales no se celebrarán hasta el 6 de mayo.
No parece probable que el canciller Helmut Kohl consiga su objetivo.
Si esto es así, cuando finalmente se produzcan las
elecciones generales, tal vez dentro de dos años, el desgaste que el partido de
Helmut Kohl va a sufrir en el duro proceso de unificación de Alemania podría
volverse contra él.
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