Por HERMANN TERTSCH
El País, Pristina,
22.01.91
La península de los Balcanes, la región más conflictiva de
Europa, se halla al borde del enfrentamiento abierto y violento entre dos
pueblos, el albanés y el serbio, dispuestos a batirse por una tierra, la de
Kosovo, que consideran la cuna de su nación y de su cultura. La crisis de
Kosovo, sangrante desde hace más de siete décadas, tiene ya su detonante en la
creciente ofensiva de los albaneses yugoslavos en favor de la "reunificación
albanesa". La ocupación policial y militar de Kosovo y una política serbia
que ha desplegado el más cruel hostigamiento contra una minoría visto en Europa
después de la muerte de Stalin han quebrado los últimos vínculos con el
moribundo Estado federativo yugoslavo de los albaneses kosovares y sus
esperanzas de llegar a un modus vivendi en un Estado común. Desde la
llegada de Milosevic al poder en Serbia, en 1987, los albaneses se ven como
seres con menos derechos ciudadanos que los negros en Suráfrica. El incipiente
proceso de democratización en Albania y la implacable represión serbia en
Kosovo han prendido la espoleta de la mayor crisis fronteriza en Europa desde
la caída del muro de Berlín.
Yugoslavia está a punto de desaparecer como Estado no sólo
porque las repúblicas septentrionales consideran incompatibles sus procesos
democratizadores con el regreso al estatalismo nacionalista de Serbia bajo
Milosevic. El pueblo albanés -con más de tres millones de habitantes- da ahora
la espalda al Estado federal que dejó Kosovo a merced de una política represiva
que los más moderados de los líderes, como Rugova, califican de fascista.
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