Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
30.12.90
La frustrada visita del rey Miguel de Rumanía a su país el
día de Navidad revela la creciente lucha faccional en el Frente de Salvación
Nacional. Las autoridades permitieron primero la entrada legal al país del rey.
Fue solo al tener conocimiento del hecho cierto sector del Frente de Salvación
Nacional cuando se puso en marcha un, a todas luces, excesivo despliegue policial
para expulsar a la familia real. Medios de la oposición aseguran que el primer
ministro Petre Roman tenía conocimiento de la inminente llegada del rey.
Achacan al aparato en torno al presidente Ion Iliescu la posterior reacción
desmedida.
Los considerables efectos negativos para la imagen externa
de Rumanía de esta acción no guardan proporción alguna con los insignificantes
riesgos que, a primera vista, pudiera suponer para el régimen la presencia del
ex rey. Un portavoz del Gobierno afirmó que Roman se había manifestado en contra
de la visita ya que ésta podría "tener connotaciones políticas e irritar a
la población". La irritación se produjo en el seno del poder y no de la
población.
Entre la población rumana no ha aumentado la popularidad del
rey Miguel con la misma rapidez con que sucedió en Bulgaria con el rey Simeon.
El desprestigio de algunos de los grupos partidarios de Miguel le han
perjudicado. Esto puede cambiar ahora. La primera reacción ha sido la solicitud
de la oposición de un referéndum sobre la forma de estado. La Alianza Cívica
condenó la expulsión. Ha pedido ya que el parlamento declare nula el Acta de
Abdicación que le fue impuesta al joven rey Miguel en 1947.
Una visita que causó consternación en Bucarest es la que le
hizo al rey en Suiza el ministro de Defensa Victor Stanculescu, conocido por su
abierta oposición al presidente Iliescu. Las supuestas tentaciones golpistas de
Stanculescu son causa de continua inquietud en el FSN.
El rey Miguel ha demostrado una gran prudencia. Ha reafirmado
su deseo de ejercer como monarca constitucional si se lo pide la mayoría del
pueblo rumano pero sin inmiscuirse en la lucha política. Que se decidiera a una
acción tan arriesgada sugiere que tenía garantías de algún sector del poder.
Ciertas personalidades en el interior tenían interés en su presencia en el
país. Miguel de Rumanía, su esposa Ana de Borbón-Parma y su hija Sofía fueron
expulsados del país doce horas después de aterrizar en el aeropuerto de
Otopeni.
El rey ha demostrado, pasaporte en mano, que las autoridades
del aeropuerto les habían estampado el visado preceptivo. Desde hace un año se
otorgan visados en los puestos fronterizos. Son inciertas las afirmaciones de
las autoridades que aseguran lo contrario. Cuestionables son las palabras del ministro
del Interior, Doru Viorel Ursu, quien dijo que "la expulsión no fue por miedo a
la desestabilización sino por respeto a la ley".
No hay comentarios:
Publicar un comentario