Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
06.01.91
La Unión Soviética es el país que mayores simpatías
despierta entre el 55% de los alemanes, frente al 44% en Estados Unidos y el
38% en Francia. La decisiva aportación de Mijail Gorbachov a la unidad alemana
y la inmensa simpatía de que goza el líder soviético en Alemania han reavivado
los fuertes vínculos históricos y culturales entre los dos grandes pueblos de
la Europa central y oriental. La mayoría rechaza rotundamente un papel de
Alemania como superpotencia. Considera preferible el modelo de Suiza, con su
bienestar e independencia en el concierto de las naciones. Ni la potencia
económica de Japón ni la potencia política y militar de Estados Unidos suscita
entusiasmo ni ansias de emulación.
Un 75% se declara contrario a que Alemania intervenga en
conflictos internacionales. Este porcentaje puede haber aumentado desde que se
realizó la entrevista hace dos meses con el creciente peligro de guerra en el
Golfo y las primeras implicaciones alemanas en la crisis a través de la OTAN. La
mayoría del pueblo alemán parece partidaria de mantener el dictado
constitucional que prohíbe la participación del ejército alemán en acciones
bélicas fuera del área de seguridad estratégica que ha sido la zona de acción
de la OTAN desde el ingreso de la RFA en la Organización Atlántica.
Los alemanes del nuevo estado unido parecen decididos a
gozar de su bienestar, acunarse en su seguridad interna arropados por un
renovado sentimiento familiar y naturalista, y no dejarse molestar por los
conflictos y dramas del exterior.
La Alemania expansionista que sucumbió en la II Guerra
Mundial ha dado paso, tras 45 años de división, a un estado cuyos afanes no
pueden ser más antagónicos a los de su antecesor.
El romanticismo alemán, depurado en la sociedad occidental
por décadas de democracia liberal, capitalismo y consumo, ha abandonado toda
vocación conquistadora o redentora.
En el Este, 17 millones de habitantes forcejean aun con el
legado del régimen comunista en ideología y mentalidad, mucho más difícil de
desmantelar que un buró político.
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