Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
16.12.90
La ciudad de Timisoara, epicentro de la revolución rumana
contra la dictadura de Ceausescu hace hoy un año, comenzó ayer una huelga
general en demanda de la dimisión del presidente, Ion Iliescu, y del Gobierno
de Petre Roman, así como de la liquidación del aparato comunista integrado en
el Frente de Salvación Nacional (FSN). En Bucarest, la conmemoración de la
revolución de diciembre de 1989 se reflejó en un considerable incremento de la
vigilancia policial en las calles. Miembros de la Alianza Cívica, la asociación
de oposición radical al Frente, en la que están integrados los líderes intelectuales de la revolución de diciembre, manifestaron ayer que la huelga
general política es la última oportunidad de un cambio pacífico en Rumanía. Sin
embargo, decidieron no llamar a manifestaciones en Bucarest por temor a
incidentes violentos.
Partidos de la oposición, desde el socialdemócrata a los dos
históricos, el Nacional-Liberal (PNL) y el Nacional-Campesino (PNC),
anunciaron ayer la creación de un frente contra el Gobierno actual. El líder
del PNL, Radu Campeanu, reconoció que el jueves había solicitado a Iliescu el
inmediato cese de Roman y su sustitución por una personalidad
independiente. Varias decenas de miles de manifestantes llamaron ayer en el
centro de Timisoara a todos los rumanos a unirse a las protestas. Obreros de
las fábricas en huelga y estudiantes recorrieron ayer continuamente la ciudad
entre gritos de "abajo Iliescu, abajo Roman", "abajo el
comunismo" y "abajo el FSN". Las movilizaciones concluyeron sin
incidentes. Hace exactamente un año, con unas manifestaciones en solidaridad
con un sacerdote perseguido por la Securitate, los ciudadanos de esta ciudad
desencadenaron la revuelta que acabó con Ceausescu.
Las protestas se extendieron ayer a otras partes del país.
Mineros en diversos pozos, las universidades y numerosas empresas en
localidades como lasi, Bucarest y Brasov anunciaron huelgas de advertencia y
preparativos para un paro indefinido. Los trabajadores del transporte
terrestre, cuya huelga a principios de semana fue desconvocada tras promesas de
concesiones del Gobierno de Petre Roman, volvían ayer a debatir su adhesión a
la protesta con el objetivo declarado de hacer caer el Gobierno.
Doru Braia, un periodista y dirigente de la Asociación de
Timisoara manifestó ayer a EL PAÍS que si la huelga general no tiene éxito, la
sangre volverá a correr en Rumanía.
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