Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
17.12.90
Los estudiantes, de nuevo en huelga; los sindicatos amenazan
con paralizar el país; trabajadores interrumpen emisiones de noticias en
televisión para pedir la caída del jefe del Estado y del Gobierno; las tiendas
están vacías; las colas ante las gasolineras son kilométricas. Aquel
sentimiento de solidaridad que estalló exactamente hace un año, y que acabó con
la dictadura de Nicolae Ceausescu, hace ya muchos meses que desapareció. La
situación ahora vuelve a ser insostenible y el Gobierno afronta sus días más
difíciles. Ha sido un largo año lleno de tensiones, enfrentamientos y muertos,
de maquinaciones políticas balcánicas, desinformación, amagos de golpe de Estado,
violencia y amenazas. Las esperanzas de más de 22 millones de rumanos se han
tornado de nuevo en desconfianza y frustración. Se vuelve a hablar de
revolución, de la segunda y auténtica. La oposición, minúscula en el
Parlamento, se hace fuerte en la calle y convoca continuamente movilizaciones
contra el Gobierno. Le acusa de perpetuar el régimen comunista bajo el disfraz
del Frente de Salvación Nacional.
Decenas de años de formación comunista y falta de
información, la "inexistente cultura política del país" de que habla
su ministro del interior, Doru Viorel Ursu, hicieron creer a los rumanos que
acabando con la dictadura hacían otro tanto con la escasez y la pobreza. El
poder, electo en unas elecciones cuyos resultados fueron sin duda manipulados, pero
que a la postre reflejaban la voluntad, dirigida, de los rumanos, ha cometido
durante este año muchos errores que fortalecen su imagen como órgano
continuista de la dictadura.
Provocó incidentes políticos, étnicos y sociales para
reprimir y descalificar a los sectores de la protesta que más incómodos le
resultaban. Rehabilitó a la inmensa mayoría de los funcionarios, dirigentes y
agentes del implacable aparato de Ceausescu.
La responsabilidad de estas acciones recae más en el aparato
del Frente de Salvación Nacional y en su presidente, el jefe del Estado, Ion
Iliescu, que en el Gobierno de Petre Roman.
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