Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Brindisi
El País Domingo,
10.03.91
La situación de los más de 20.000 refugiados albaneses en
Brindisi alcanzó ayer un grado de dramatismo que hace temer la proliferación de
incidentes si el Estado italiano no reacciona. Las declaraciones de los máximos
dirigentes desde Roma adquirieron ayer un tono claramente disuasorio para los
albaneses que sueñen aún con acceder al paraíso capitalista, a tan pocas millas
de la frontera occidental albanesa. Las promesas de mayor ayuda económica a
Albania se mezclan con lamentaciones sobre la "sorpresa" con que ha
recibido Italia esta avalancha, que, como señalaba el director del diario
romano La Repubblica, era todo menos imprevisible.
(Italia no expulsará a los miles de prófugos albaneses ya
desembarcados en el país. La decisión no ha sido aún tomada oficialmente pero
la adelantó ayer el ministro de Asuntos Exteriores, Gianni de Michelis, tras
una conversación con el jefe del Gobierno, Giulio Andreotti. Italia impone la
condición, según el ministro, de que el Gobierno de Albania envíe por escrito a
Andreotti una petición en aquel sentido y solicite a la Comunidad Europea y a
la ONU que ayuden a Italia a resolver la emergencia. El Gobierno albanés deberá
comprometerse también a que no llegarán nuevos prófugos a Italia, informa Juan
Arias.)
Mientras se confirma en Brindisi que, frente a anteriores fugas masivas
de este país adriático, el nivel cultural y social de aquellos que huyen de
Albania es cada vez más bajo, algunos de los más informados entre ellos
sugieren que Albania ha fomentado esta oleada de fugitivos para forzar a Roma a
conceder una ayuda económica a Tirana que parecía congelada ante el giro represivo
adoptado por el régimen de Ramiz Alia.
Pese a la masiva, generosa y en ocasiones conmovedora ayuda
de la población de esta región suroriental italiana, miles de albaneses en la
más absoluta indigencia han puesto a Brindisi al borde del colapso y la han
convertido en una ciudad en estado de excepción no declarado.
Esfuerzo inútil
Los esfuerzos de las autoridades locales para dar cobijo a
los fugitivos fueron ayer tan denodados como baldíos en su mayoría. Fuertes e
insistentes aguaceros que comenzaron a primera hora de la tarde hicieron aún
más insostenible la situación de los albaneses llegados durante la semana en
los barcos ahora requisados por las autoridades. Miles de albaneses rondan por
las calles de la ciudad pidiendo limosna y arrastrando bolsas de plástico con
sus misérrimas pertenencias. Una gran mayoría tuvo que pasar de nuevo la noche
en las instalaciones portuarias, en las que la policía y los miembros de
organizaciones caritativas ya no entran sin mascarillas por el peligro de
epidemias.
Basura esparcida por todos los edificios del puerto, un
penetrante hedor a orina y sudor en las naves y colegios públicos que albergan
a los albaneses y la amenaza de epidemias han creado un ambiente de alarma y
desesperación que hace temer desórdenes. Las autoridades italianas han
decidido, pese a reticencias iniciales, trasladar unidades del Ejército a
Brindisi.
Ayer no llegó ningún buque con refugiados, ya sea por la
publicidad dada por Radio Tirana a la grave situación de sus compatriotas en
Italia y el control militar en los puertos albaneses, ya por el bloqueo
impuesto por la Marina italiana en el estrecho de Otranto, punto más cercano
entre ambas costas.
En Brindisi se palpa la indignación de la población por lo
que consideran dejación absoluta de los deberes del Estado dirigido desde Roma.
Ayuntamientos cercanos, bloques de viviendas de trabajadores, comerciantes y
particulares suministran material médico, alimentos, ropa usada y mantas a los
albaneses, en su mayoría jóvenes, que carecen de todo y duermen entre basuras
en la terminal del puerto.
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