Por HERMANN
TERTSCH
Enviado Especial a Brindisi
El País Martes,
12.03.91
Los habitantes del puerto italiano se vuelcan con los 25.000
albaneses hambrientos que buscan refugio
Brindisi, representativa de las regiones meridionales pobres
y desempleadas de Italia, ha dado un ejemplo de generosidad al mundo y una gran
lección a un Gobierno de Roma arrogante y miope al ofrecer toda su ayuda a los
refugiados albaneses. A última hora de ayer el viceprimer ministro italiano,
Claudio Martelli, anunciaba a su regreso de Tirana que el Gobierno de Albania
liberará hoy a todos los presos políticos.
Junto a las vías del tren del puerto, donde centenares de
albaneses deambulaban en espera de poco más que incertidumbre, padres de
familia italianos frenaban sus automóviles, abrían los portamaletas y sacaban
cacerolas con espaguetis o tallarines aún calientes que repartían entre los
hambrientos fugitivos. Dado, un joven arquitecto, albergó en su casa a una
familia con dos hijos, enfermos todos ellos de gripe. Otras familias recogieron
a diario a niños de los colegios y naves municipales donde maldormían para
llevarlos a casa, darles comida, una ducha, ropa, zapatos y un cariño que éstos
jamás olvidarán, vuelvan o no a la convulsa Albania.
Mujeres llegadas de pueblos de la región aparcaban sus
coches en el paseo de las palmeras ante el hotel Internazionale y se veían de
inmediato rodeadas por decenas de albaneses que se disputaban los paquetes de
leche, las galletas y bocadillos. Asociaciones, clubes y grupos de amigos de
Brindis¡ han estado organizando a diario la distribución de pizzas y tramezzini en
las plazas y avenidas de la ciudad.
"Si no lo hacemos nosotros, no lo hace nadie, y
nosotros sabemos que podemos estar en la situación de esta pobre gente a poco
que tiemble la tierra aquí", comentaba la cajera del bar Messico, en
Brindisi. La población es orgullosamente consciente de que la solidaridad es,
de alguna forma, patrimonio de los pobres.
"No tengo palabras para agradecer a esta gente lo que ha
hecho. Me dicen que ésta es una ciudad pobre, aunque a mí, como primera ciudad
de Europa que conozco, me parece maravillosa", dice Mirza Mahinudaj un
estudiante de letras al que los transeúntes en Brindisi han dado el suficiente
dinero por las calles para pagar un billete a Roma y evitar ser enviado a
Palermo con el grupo con el que compartía techo en una escuela.
En busca de trabajo
Mirza, como otros de los más ilustrados de los refugiados
quiere intentar suerte por su cuenta en el Norte y no en el Sur, que saben ya
solidario pero también pobre. "Me da igual trabajar en una cosa u otra.
Sólo quiero salir adelante y tener dinero para vivir y estudiar". La ciudad
de Brindisi, con 90.000 habitantes, vio cómo en cinco días arribaban a sus
costas 25.000 extranjeros, extenuados, harapientos, enfermos. Como en 1915,
según reza orgullosa una placa en el paseo marítimo, los habitantes de esta
ciudad han tendido su mano a los foráneos, entonces serbios, hoy albaneses en
fuga del hambre, la violencia y la ignominia.
Que, con 25.000 hambrientos circulando por una ciudad, los
robos en tiendas y supermercados hayan sido mínimos es ya muy sorprendente. Que
gremios tan reacios normalmente a la novedad y al extranjero menesteroso como
los comerciantes y los taxistas minimicen estos hechos hace aún más
extraordinario este gesto de Brindisi al mundo, la ausencia de xenofobia y esas
convivencias ejemplares de albaneses e italianos que han compartido las
pequeñas y estrechas viviendas de los segundos. Posiblemente nunca puedan responder
los albaneses a la generosidad mostrada por el pueblo de esta región italiana.
Ésta, sin embargo, puede y debe ser una lección para Gobiernos y pueblos que en
tantos lugares del mundo dan la espalda a gentes necesitadas que acuden a ellos
y no reciben sino desprecio y desapego. "Que alguien tenga que pedir
limosna es una afrenta al género humano y a Dios", dijo ayer el oficiante
de la misa de la tarde en la abarrotada iglesia de San Benedicto, una joya
arquitectónica del siglo XII construida por los caballeros de las cruzadas en
Brindisi. Esta ciudad ha sabido dar la respuesta más digna a esta afrenta
provocada por un régimen demencial allende el Adriático y un Gobierno
indiferente en Roma.
Por otra parte, la Comunidad Europea concedió ayer una ayuda
de un millón de ecus (casi 100 millones de pesetas) a los refugiados albaneses.
Con esta primera ayuda, la CE pretende sufragar los primeros gastos
alimenticios y de alojamiento de los miles de personas que se encuentran en
Brindisi, informa Efe.
Asimismo, en el puerto italiano, delegados albaneses se
entrevistaron con delegados de los refugiados para tratar la devolución a
Albania de miles de personas, si se les garantizaba su seguridad. Sin embargo,
2.000 de entre los refugiados esperaban en la estación de Brindisi a que el
gobierno de Roma autorizara su salida hacia los campos especiales que se les ha
preparado en Capua (cerca de Nápoles) y Jesolo, informa France Press.
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