Por HERMANN TERTSCH
El País, Riga,
14.02.91
El presidente de la organización pansoviética de Letonia
Interfront, Anatolijs Aleksejevs, acusó ayer al presidente soviético, Mijail
Gorbachov, de haber "permitido la ley de la jungla" en las repúblicas
bálticas, y al presidente del Gobierno de Letonia, Anatolijs Gorbunov, de
instigar acciones terroristas contra el Ejército soviético y la minoría rusa en
esta República. Aleksejevs pidió el estado de excepción en Letonia "para
restablecer la ley".
Un día después de que el Parlamento letón anunciara la
convocatoria de un referéndum sobre su independencia y secesión de la URSS y
horas después de que una bomba estallara en la sede del partido comunista
(prosoviético) en la capital, Riga, Aleksejevs declaró ayer a EL PAÍS que
Gorbachov es "sencillamente incapaz" de proteger a los ciudadanos de
la República de lo que calificó de "terrorismo y persecución racial",
instigados según él por las autoridades bajo el presidente Gorbunov. Aleksejevs,
que asegura representar los intereses de la minoría rusa, bielorrusa y
ucraniana y de los letones antiindependentistas, manifestó que Gorbachov ha
dejado a las minorías bajo la autoridad de gobiernos que reprimen, persiguen y
matan. "La vida humana aquí ha dejado de tener valor. Vivimos en un Estado
sin ley y por desgracia vemos que Gorbachov es sencillamente incapaz de
protegernos. Es necesario algún tipo de régimen especial para reinstaurar la
legalidad", afirmó.
Foco de violencia
Letonia, que proclamó su decisión de independizarse de la
URSS el 4 de mayo de 1990, ha sido con Lituania el principal foco de violencia
en el conflicto entre el poder central del Kremlin y los gobiernos electos
democráticamente de las repúblicas bálticas. El pasado día 20 de enero, una
semana después de la violenta operación militar soviética contra instalaciones
de la República de Lituania en Vilna, fuerzas de intervención especial del
Ministerio del Interior soviético (OMON) asaltaron en Riga el Ministerio de
Interior letón causando seis muertos y una decena de heridos. Estas fuerzas aún
ocupan la Casa de la Prensa, donde se hallan casi todas las imprentas de la
República.
La operación de Riga pareció responder al mismo esquema que
la de Vilna, destinada también a derrocar a las fuerzas nacionalistas que han
declarado unilateralmente su independencia de Moscú.
Para justificarse, las fuerzas militares se remitían a
llamadas de ayuda de comités de salvación o de ciudadanía que habrían
solicitado su intervención para poner fin a su supuesta persecución por parte
de las autoridades y para reinstaurar la legalidad soviética. Interfront
juega un importante papel en esta justificación de la intervención armada
contra el Gobierno. Ha recibido considerable apoyo de la gran minoría de los
rusos en Letonia -un 47% de la población- que se consideran amenazados por las
fuerzas más radicales del nacionalismo letón.
Aleksejevs acusó al Gobierno de haber instigado los
acontecimientos del 20 de enero, ya que "los boinas negras entraron en la
sede después de que cinco miembros de la milicia letona hubieran violado a la
mujer de uno de sus compañeros". El presidente de Interfront, un
comunista ortodoxo que llegó ayer a calificar a Gorbachov de "agente
provocador", aseguró que en la agresión a esta mujer los milicianos
obedecían órdenes del Gobierno en el marco de la ofensiva de intimidación
contra los militares soviéticos y las minorías.
La bomba que estalló poco después de las 22 horas en unas
oficinas del partido comunista en Riga causó escasos daños, como ha sucedido
con las 12 bombas que contra instalaciones promoscovitas han estallado en los
últimos meses. Un sargento de la milicia letona que vigilaba el edificio
resultó levemente herido y se rompieron los cristales.
"Es extraño, cuando vuelan un monumento letón, queda
totalmente destruido, pero las bombas que estallan en las oficinas comunistas
nunca rompen casi nada. No sugiero nada, pero parece sospechoso",
manifestaba ayer Martin Gravitis, un periodista letón.
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