Por HERMANN TERTSCH
El País Viernes,
10.12.99
TRIBUNA
La Cumbre de Helsinki de la Unión Europea comienza hoy con
muchas incertidumbres, pero también con una certeza. Es el hecho de que las
relaciones con Moscú están en el peor momento de los últimos quince años, de
que la luna de miel iniciada con la caída del muro está irremisiblemente rota y
se impone una revisión de la política europea hacia Rusia. Esta evidencia no se
podrá ocultar con tanta palabrería como se ha intentado en otros foros
internacionales recientes, en especial en la cumbre de la Organización para la
Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Los europeos -y también el lobby
moscovita en Washington, encabezado por el vicesecretario de Estado, Strobe
Talbott- han de reconocer finalmente que se ha acabado el sueño de ver en Rusia
una democracia aun imperfecta pero que avanza en su intención de asumir los
valores y principios europeos. Por si alguno no había caído en ello, ayer el
presidente Yeltsin, en su festejo antioccidental en Pekín con el presidente
chino, Jiang Zemin, le advirtió al presidente Clinton: "No olvide que
Rusia tiene un arsenal lleno de armas nucleares". Es un leve recordatorio
para aquellos que quieren dar lecciones de urbanidad y buenas maneras a Rusia a
base de financiarle créditos que no reforman la industria, sino financian
cuentas suizas de políticos y los nuevos sueldos al alza del generalato,
ocupado hoy en hacer desaparecer Grozni.
Rusia se halla en un proceso de involución hacia actitudes
imperiales despechadas, desprecio a las minorías y a los derechos del individuo
y de una combinación de populismo chovinista y bonapartismo militar que auguran
tiempos difíciles. Se confirman así todos los temores de sus vecinos históricos
y deja en lamentable lugar al optimismo de quienes creían que la gran Rusia iba
a recuperar doscientos años de evolución en unos cuantos de consumismo y
libertad de ideas. La guerra en Chechenia es tan sólo una prueba más de ello,
aunque sea la más estremecedora.
Los intentos de Rusia de hacer paralelismos entre la
intervención militar de la Alianza en Serbia y Kosovo y la guerra de Chechenia
son patéticos. Porque la operación de "tierra quemada" de Rusia
contra los chechenos es un calco, en otras dimensiones, de la llevada a cabo
por Serbia contra los albaneses y que fue causa de la intervención occidental.
Por supuesto que Rusia es una potencia nuclear y que no existe posibilidad de
aplicar contra ella los métodos utilizados contra Milosevic y su soldadesca.
Pero este hecho ni anula los argumentos en favor de aquella intervención
occidental ni supone que Europa y sus aliados tengan que mantenerse pasivos.
Rusia siempre ha despreciado la debilidad. Por eso le dolió
tanto su derrota en Chechenia en la guerra entre 1994 y 1996. Porque demostraba
su propia postración. Por eso ha logrado entusiasmar tanto a la población esta
nueva campaña de desmesura. De ahí la redoblada crueldad tan aplaudida por el
cuerpo electoral. En las inminentes elecciones parlamentarias va a ganar, sea quien
sea, la contrarreforma. Y Europa habrá de convivir con una fuerza pobre,
agresiva y rencorosa, que intenta dar consuelo patriótico en vez de bienestar a
sus ciudadanos y soldados. La alianza con China, tan elocuentemente demostrada
ayer en Pekín, no es sino una comunión de hostilidades hacia Occidente. La
unión firmada con el presidente bielorruso, Lukashenko, el peor sátrapa de
Europa oriental con Milosevic, es una declaración de intenciones. Y no las
mejores. Atrás quedaron los rubores democráticos.
Así las cosas, la UE y EEUU debieran buscar otra
aproximación más racional a Rusia. En Moscú como en Pekín tienen el poder, y lo
tendrán, en un futuro previsible, fuerzas hostiles a los principios que rigen
las democracias occidentales. Con la unión de Bielorrusia y Rusia tendrán
frontera con Polonia, es decir, con la OTAN. Como amenazan a Georgia hoy,
pueden amenazar mañana a Polonia. Entramos en tiempos difíciles. Convendría que
la UE se diera cuenta, sobre todo porque Washington, en vorágine electoral, difícilmente
producirá algo razonable de aquí a un tiempo. El mundo será multipolar porque
la supremacía de EEUU es transitoria. Por eso Europa tiene que hacer un
esfuerzo, también en su defensa militar, para dejar claro que su voz es oída. Y
Rusia debe saber que sus intentos de intimidación no le saldrán nunca gratis.
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