Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Estocolmo
El País Viernes,
10.12.99
El escritor recoge hoy su premio en Estocolmo junto a los
otros galardonados
"Ésa es mi querida patria", decía Günter Grass al
enterarse el miércoles de que ningún periódico alemán de mediana relevancia
había publicado ese día ni una sola línea sobre su discurso ante la Academia
Sueca. Mientras la prensa internacional se hacía amplio eco del discurso de
Grass y su evocación de la literatura y la narración oral, la prensa alemana
guardó absoluto silencio. Hoy se celebra la ceremonia en la que los
galardonados reciben sus premios.
Hace 26 años que no recibía un escritor alemán este
galardón. No parecía mala ocasión para que los medios alemanes se volcaran
sobre una de las obras literarias más relevantes de la segunda mitad de este
siglo en toda Europa y sin duda la más relevante en Alemania. Pero no fue así.
Si entonces muchos medios conservadores casi se rieron de Heinrich Böll y su
obra, hoy el abierto desprecio con que gran parte de la opinión pública alemana
comenta el Nobel de Grass es prueba de lo controvertido que sigue siendo el
autor y de la aproximación trastornada de los alemanes al recuerdo de su pasado
y a la crítica de su presente. No fue así. El discurso de Grass en Estocolmo
tuvo menos cobertura en la prensa alemana de la que habría tenido un premio
secundario de un escritor indochino en algún remoto foro literario del
Pacífico. Su editor, Steidl, lucha desde hace años contra esta animadversión
tan insistente. El miércoles, en el aula magna de la Universidad de Estocolmo,
repleta de estudiantes suecos que recibieron con una inmensa ovación al premio
Nobel, auguró que "la prensa alemana no dará información, pero después
llegarán los comentarios hirientes sobre un acto del que no se informó".
Así fue. Ayer, los diarios Frankfurter Allgemeine y Die Welt
publicaban en sus páginas de cultura sendos comentarios en los que se recogían
todos los tópicos que aplican a Grass aquellos que quieren hacer tan irrisoria
su literatura como sus opiniones políticas. Grass se lo tomó con humor porque
está acostumbrado a ello, según dice. Hubo un tiempo en que algunos periódicos,
como la Frankfurter Rundschau, publicaban sus discursos. El pronunciado en la
Academia Sueca por la concesión del premio literario más importante del mundo
sólo parece haber interesado, según la Fundación Nobel, que tiene los derechos
de publicación, a un par de periódicos regionales. Cuando recibió el Nobel,
recuerda Grass, "la alegría oficial duró dos días". Después
comenzaron las voces que pretendieron convertir su Nobel en algo atípico que no
afecta a los alemanes.
No parece importar que su último libro, Mi siglo, esté
también en Alemania entre los más vendidos del momento. El embajador alemán en
Suecia ha intentado compensar lo que muchos califican en Estocolmo de abierta
afrenta alemana a Grass y ha asistido a todos los actos en los que se le
esperaba.
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