Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Estocolmo
El País Sábado,
11.12.99
La Academia destaca que acabó con "la magnificencia
sombría abocada a la destrucción"
El escritor alemán Günter Grass recibió ayer, de manos del
rey Carlos Gustavo de Suecia, el último Premio Nobel de Literatura del siglo
XX. Es el reconocimiento por toda su obra desde aquel lejano Tambor de
hojalata, que revolucionó las letras alemanas, a su último libro, Mi siglo, que
cosecha actualmente un inmenso éxito en toda Europa. Desde 1973, año en que fue
galardonado Heinrich Böll, no recibía el Premio Nobel un escritor alemán,
aunque Elías Cannetti, que también escribía en alemán, lo recibió posteriormente.
A lo largo de una solemne ceremonia se entregaron también los premios Nobel de
Medicina, Física, Química y Economía.
En la Sala Azul de Conciertos de Estocolmo, Horace Engdahl,
miembro de la Academia Sueca y secretario del comité Nobel de la misma,
presentó en la ceremonia a Günter Grass como un escritor que ha tenido la
audacia de buscar nuevos caminos en la narrativa y la expresión, desde que con
el Tambor de hojalata cosechara el mayor éxito de una primera obra, al igual
que sucedió en 1901 con Los Buddenbrooks de Thomas Mann. Grass no asumió la
senda de Arno Schmidt o Heinrich Böll, que retrataron el colapso de los valores
humanos como apocalipsis o tragedia. Prefirió un método más parecido a aquel
utilizado por un parodista anónimo, algo después de Homero, que reflejó el
heroísmo marcial como la lucha entre las ranas y los ratones.
Zapatos nuevos
Grass, obviamente no muy cómodo en su frac y con unos
zapatos recién comprados en el mismo Estocolmo, leía la traducción de la
intervención de Engdahl entre el Premio Nobel de Medicina, el norteamericano
Günther Blobel, y el Nobel de Economía, el profesor Robert A. Mundell.
"Grass rompió el maleficio que pesaba sobre el pasado
alemán y saboteó esa sublimidad alemana, el gusto por la magnificencia sombría
abocada a la destrucción. Fue ésta una conquista mucho más radical que toda la
crítica ideológica contra el nazismo", manifestó Engdahl.
En referencia a Mi siglo, el académico sueco señaló que es
una cabalgata a través de cien años en la que "da amplias pruebas de su
impresionante capacidad para personificar las voces de la reflexión, de todos
aquellos embrujados por las esperanzas de la política y la tecnología, de los
idiotizados por las grandes perspectivas. El entusiasmo es el centro de la
falta de reflexión. He leído Mi siglo como una crítica al entusiasmo y una
celebración de lo contrario, la buena memoria", dijo Engdahl.
Después, en el banquete oficial que presidieron los reyes de
Suecia en el Ayuntamiento de Estocolmo, Grass pronunció unas palabras desde su
mesa, en las que recordó al Grupo 47, ese puñado de escritores jóvenes alemanes
que, con Böll y algunos otros de padrinos literarios, comenzaron desde cero una
nueva tradición literaria alemana después de la catástrofe moral e intelectual
del nazismo. El Grupo 47 se había reunido en 1963 en Suecia con escritores de
este país para intentar reactivar una larga tradición de comunicación e
interdependencia entre las literaturas alemana y sueca.
A la ceremonia asistieron nada menos que 23 miembros de la
gran familia Grass. Siete hijos y los cada vez más numerosos nietos habían
llegado el día anterior de diferentes partes de Europa para acompañar a Grass a
sus setenta años en el acto de su confirmación oficial como escritor mundial y
como el más brillante representante de las letras alemanas en la segunda mitad
del siglo XX.
El público sueco, mucho más rendido ante Grass que el
siempre distante público de Alemania, donde sigue siendo, y previsiblemente
será siempre, un escritor controvertido, aplaudió con entusiasmo en el momento
en el que recibió la medalla y el certificado del premio de manos del Rey.
Vacaciones
Günter Grass se quedará aún varios días en Suecia, donde
participará en diversos encuentros con universitarios y escolares. Después
piensa tomarse unas vacaciones para descansar de esta agotadora semana de
solemnidades en Suecia, y en enero intentará frenar las consecuencias del
Premio Nobel sobre su agenda y ponerse a escribir. "Tendré que empezar a
decir no. Al fin y al cabo quiero volver a escribir y dibujar".
Su editor alemán, Gerd Steidl, está muy de acuerdo con estas
intenciones de volver a la labor literaria a principios de año. Pero dadas las
advertencias prestadas por Saramago y García Márquez, se muestra bastante más
escéptico sobre las posibilidades reales de que puedan cumplirse.
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