El País, Bonn, 09.07.85
La Audiencia Territorial de Hamburgo dictó ayer sentencia en
el juicio por la falsificación de los diarios de Hitler, condenando al
periodista Gerd Heidemann a cuatro años y ocho meses de prisión, y al
falsificador, Konrad Kujau, a cuatro años y seis meses. Tras 94 sesiones a lo
largo de casi un año, el tribunal consideró probado que los dos acusados
estafaron a la editorial Gruner und Jahr, propietaria de la revista Stern, un
total de 9,34 millones de marcos (unos 570 millones de pesetas) entre enero de
1981 y abril de 1983. Ambos quedarán en libertad al haberles sido aplazada la
condena, que será recurrida por ellos.
El presidente del tribunal basó esta decisión en la edad de
los dos condenados, los casi dos años de prisión preventiva ya cumplidos por
ambos y la fuerte presión a que se vieron sometidos durante el largo juicio.
Heidemann tiene 53 años de edad, y Kujau, 47. La compañera del falsificador,
Edith Lieblang, fue condenada a ocho meses de cárcel como encubridora, pero
quedó en libertad condicional. La fiscalía había solicitado siete años de
prisión para Heidemann y seis para Kujau. La defensa pidió la absolución. La
sentencia cierra uno de los casos más espectaculares de estafa periodística de
la posguerra.
La revista Stern había comprado entre enero de 1981 y abril
de 1983, por mediación de Heidemann, uno de los periodistas estrella del
semanario, un total de 60 cuadernos que supuestamente contenían el diario
autógrafo de Adolfo Hitler.
En mayo de 1983, la revista tuvo que suspender nada más
comenzada la publicación de los diarios, ya que éstos resultaron ser una burda
falsificación.
Según se supo después, el autor de los textos era Konrad
Kujau, un comerciante de artículos militares de segunda mano y fervoroso
aficionado a la parafernalia nacionalsocialista.
Konrad Kujau compró los cuadernos en la República
Democrática Alemana por 3,24 marcos (190 pesetas) el ejemplar, y con ayuda de
un manual de historia del nazismo escribió la supuesta vida cotidiana de
Hitler. La revista Stern, una de las de mayor difusión en la RFA,
sufrió un grave quebranto de su prestigio al tener que reconocer que había sido
engañada con una falsificación de tal torpeza.
La dirección de la revista, que había anunciado la
publicación de los diarios como "el acontecimiento periodístico del
siglo", estuvo en todo momento convencida de la autenticidad y no creyó
necesario ni siquiera un simple examen pericial que hubiera revelado la
falsificación.
La sentencia achaca a la editorial una considerable culpa en el caso. Según el presidente del tribunal, Hans Dietrich Schroeder, "la
fe inamovible en la autenticidad de los diarios hacía imposible toda
reflexión" entre los responsables de la revista, incluido Heidemann. Éste
trató por todos los medios de negar la falsificación cuando ya era plenamente
evidente.
El tribunal considera desmentida la afirmación de Heidemann
de que entregó todo el dinero a Kujau.
Entre los años 1981 y 1983, Gerd Heidemann tuvo gastos de
más de dos millones de marcos (unos 116 millones de pesetas), cuya procedencia
no supo justificar.
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