Por HERMANN TERTSCH
El País Viernes,
29.10.93
Casi cuatro décadas después del levantamiento de Budapest,
el Tribunal Constitucional húngaro ha abierto la caza de los implicados en la
represión que cometieran crímenes. Según los jueces supremos, los
enfrentamientos entre el levantamiento nacional de 1956 y las fuerzas
soviéticas apoyadas por comunistas del interior fue una "guerra", por
lo que todos los que cometieran crímenes contra la Convención de Ginebra
deberán ser perseguidos. En Budapest, políticos e historiadores han comenzado a
debatir el alcance de esta decisión. Según unos, sólo afectará a quienes se
pueda probar una intervención activa en crímenes contra la población durante
los incidentes entre el 23 de octubre y el 4 de noviembre.
Otros aseguran que también pueden ser acusados los
implicados en la represión que siguió al aplastamiento del levantamiento por
los tanques soviéticos. Esta interpretación amplia podría extenderse a todos
los miembros del partido comunista (Partido Socialista Obrero Húngaro, después
de 1957) con responsabilidades públicas.
El miedo de los partidos del Gobierno y especialmente del
Foro Democrático a un "resultado polaco" en las elecciones previstas
para mayo o junio próximo son, señalan, la explicación más convincente para
esta sentencia, que, si persigue sólo a criminales de aquellos días de 1956
puede tener un efecto de tardía justicia histórica, pero si no acabará siendo
una caza de brujas.
La victoria de los ex comunistas en Polonia fue recibida con
estupor en Budapest. Polonia y Hungría son los dos países en los que los
partidos comunistas participaron decisivamente en la liquidación del régimen
comunista, por lo que sus herederos, hoy socialistas o socialdemócratas, se han
recuperado con rapidez. El principal objetivo de la caza al ex
comunista que puede surgir tras la sentencia del Tribunal Constitucional podría
ser Gyula Horn, líder incuestionable de los socialistas. Horn, es un hombre de
gran prestigio en Alemania porque decidió la apertura de la frontera hacia
Austria y permitió la huida a Occidente de miles de alemanes orientales en
agosto de 1989. La decisión rompió el telón de acero y dio paso a la
reunificación alemana.
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