Por HERMANN TERTSCH
El País Miércoles,
29.12.93
TRIBUNA
El presidente de Serbia, Slobodan Milosevic, comenzó
ayer consultas para formar Gobierno, dicen las noticias procedentes de
Belgrado. Es ésta una nueva prueba de cómo el mundo confunde todas las señales
que le llegan desde los Balcanes, y especialmente desde Serbia. Sobre
informaciones de este tipo han basado su política hacia esta región los
Gobiernos occidentales. Así, algunos de sus ministros de Exteriores salieron de
la Conferencia de Londres, en agosto de 1992, convencidos de que "la paz
está cercana" y de que "Milosevic ha comprendido que no puede seguir
sus planes de anexión en Bosnia-Herzegovina". Alguno de ellos quizá se
acuerde. En realidad, es posible que Milosevic esté consultando la formación de
un nuevo Gobierno, pero sólo consigo mismo. Con la mayoría de 123 escaños para
su Partido Socialista -en este caso a dos escaños de la mitad de la Skupstina
(Parlamento)- el presidente de Serbia formará el Gobierno que le venga en gana,
como también lo hubiera hecho si hubiera dispuesto de quince o veinte escaños
menos. Milosevic está en el poder no porque venciera en estas o las anteriores
elecciones. Desde que ganó las primeras allá en noviembre de 1989, este hombre,
el gran mago de la supervivencia de los Balcanes, ha trabajado con tesón y
habilidad -y liberado de todo escrúpulo- para crearse una plataforma de poder
en la que no dependa de cambios bruscos de humor o de la voluntad de sus
súbditos.
Desde que lanzó el discurso nacionalista de la supremacía
racial serbia en Kosovo, donde comenzó su andadura hacia el poder absoluto,
hasta su campaña de conquista territorial todo su hacer se ha concentrado en
lograr este poder no sujeto a vaivenes electorales. Milosevic no es un
ultranacionalista, ni un patriota serbio ni por supuesto un comunista. Es un
hombre capaz de serlo todo y nada con tal de garantizar su poder. A diferencia
de sus interlocutores occidentales, él sí entiende el discurso balcánico. Lo domina
a la perfección. Pero también entiende el europeo y todas sus debilidades y ha
sabido explotarlas hasta límites grotescos.
Milosevic tiene hoy más de 70.000 policías en nómina con
suficiente armamento pesado para hacer frente incluso a cualquier tentación
-extremadamente improbable- de jefes militares de su Ejército de disputarle
siquiera parte del poder. Esto no significa que no se haya preocupado de
asegurarse el futuro ante cualquier eventualidad adversa. La política en los
Balcanes siempre tiene algo de imprevisible. Por eso, Milosevic ha realizado
considerables inversiones en Grecia, Chipre y Malta. En la región de Salónica
está el centro de operaciones de las empresas que gestionan la parte del botín
de guerra y de la especulación que Milosevic y sus colaboradores han desviado,
por si acaso.
De momento está tranquilo: comprará los favores
parlamentarios a cualquiera de los partidos de la llamada oposición a cambio de
unos minutos en televisión y alguna otra concesión. Cuenta con la fuerza que le
ha conferido Occidente al permitirle salir impune de todas sus aventuras. Los
dictadores crecen con las victorias. Los conquistadores nunca se dan por
satisfechos. Desarrollan el apetito según devoran. Los líderes occidentales que
creyeron poder saciarle otorgándole lo que pedía pronto verán que se trataba
tan sólo del primer plato.
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