Por HERMANN TERTSCH
El País, Cluj,
30.10.93
El capitalismo hace furor en Transilvania, mientras la
miseria sigue reinando en el resto del país balcánico
No es exactamente la elegancia lo que llama la atención en
la ciudad rumana de Cluj en estos días de suave otoño que goza Transilvania. Es
algo más raro aún en esta región septentrional de Rumanía, quizá más castigada
que otras durante el extinto régimen de Ceausescu por haber conocido en el
lejano pasado épocas de bienestar e incluso esplendor. Es la ostentación de una
riqueza insólita en este país aún atenazado por la miseria decretada en su día
por el dictador Nicolae Ceausescu como obligación ciudadana.
Algún nativo caería en la tentación de llamarlo opulencia.
Centenares de oscuros individuos cambian divisas frente a la estatua de Matias
Corvino, el rey renacentista húngaro que, convenientemente rumanizado, vigila
impertérrito desde su pedestal frente a la catedral. Gruesos fajos de billetes
cambian de manos cada minuto. Amas de casa van a la compra con chándales
fosforescentes con insignias en inglés.
Prostitutas, ya en abrigos de pieles pese a la benigna
temperatura otoñal, miran con displicencia a través de los cristales ahumados
de los Mercedes de sus proxenetas a las busconas más pedestres concentradas en
la plaza de la Unidad. Las tiendas están repletas de todo lo que equivale a
felicidad para gentes que han sufrido algunas de las penurias más implacables
de la historia de este continente. Tabaco norteamericano, whisky escocés,
frigoríficos alemanes y televisores japoneses llaman desde los escaparates al
gran sueño del consumo.
También hay carne, salchichas vienesas, yogures holandeses y
ofertas de viajes a Turquía, Alemania o las playas griegas. Los automóviles,
aparcados hasta en tercera fila por las calles céntricas, con matrículas de
todo el país, demuestran que la fama de Cluj como Eldorado de Rumanía ha
saltado allende los límites de Transilvania.
Otras zonas rumanas continúan en su rumbo imperturbable por
la cotidianeidad de la miseria. Los padres sobreviven ahogando su frustración
laboral y existencial en aguardiente Chuica, los hijos agotan la jornada
escolar buscando madera para calentar el hogar y las mujeres se desviven
haciendo números para poder comprar, hoy que "hay de todo", algo más
que, cuando bajo el Titán de los Titanes y "luminoso faro del
comunismo", no había de nada.
En Cluj no. Esta antigua ciudad universitaria, ilustrada
como pocas en lo que eran los límites surorientales del imperio austro-húngaro es
hoy la California rumana, la Meca de la fiebre del oro. Autocares de la lejana
las¡ o Timisoara provocan atascos en un país en el que hace cinco años no había
prácticamente tráfico privado. No es que Cluj haya encontrado oro bajo sus
centenarios cimientos, ni que haya desarrollado una industria rentable y
disparado sus exportaciones. Para nada. Tampoco sus habitantes trabajan más y
mejor que el resto de los rumanos. Pero Cluj es hoy la ciudad más rica, más
cara y más ostentosa de toda Rumanía.
EL MILAGRO DE STOICA
La clave de este "milagro de Transilvania es Ion
Stoica, un gris contable de una empresa de Brasov y hoy el rumano más popular
del mundo. Mañana podría ser ahorcado en la plaza central de esta bella ciudad
donde, erigido ya en mecenas de las artes, financia la reconstrucción del
monumento a Avram Jancu, héroe nacional rumano. Hace poco más de un año, Stoica
comenzó su gran aventura financiera bajo el piadoso nombre de Cáritas, que
nada tiene que ver con la organización benéfica católica. Su banco se
lanzó al estrellato ofreciendo el 800% de intereses en tres meses a toda
cantidad de dinero invertida en el mismo. Desde la caída del comunismo, la
población del este de Europa, acostumbrada al oscurantismo, falta de
información y constantemente manipulada, ha sido fiel e ingenuo cliente de todo
mago, curandero político y social y alquimista financiero que se le ha cruzado
por el camino.
Pero solo donde el poder político vigente se ha aliado con
los promotores de estas soluciones mágicas han tenido éstas un éxito rotundo,
si bien a veces transitorio. En Serbia, banqueros aliados con el presidente
Slobodan Milosevic han logrado arrebatar en dos años de guerra a la población
todos sus ahorros. Alguno huyó, previa exportación de sus beneficios, deducidos
los pagos de servicio al poder.
Ellos financiaron la guerra, las bandas paramilitares y las
operaciones para burlar el embargo a cambio de mano libre para engañar a una
población que hoy, exhausta por el embargo, se muerde las manos que entregaron
aquel dinero bajo promesa de multiplicación automática.
Pero nadie ha logrado un éxito como el de Stoica. Tres
millones de rumanos han invertido ya dinero en su fantasmagórica banca Cáritas.
Y sigue pagando regularmente. El diario Messagerul de Cluj publica
diariamente muchas páginas de nombres de aquellos que deben recoger sus
ganancias. ¿Por qué consigue esto Stoica y nadie en Wall Street? "Es un
secreto y si lo supiera alguien aparte de mí ya no lo sería". Stoica no se
rompe la cabeza a la hora de dar explicaciones y las autoridades son
terriblemente comprensivas. Con 1.800 empleados y tres millones de inversores,
Stoica promete a quien hoy invierta un millón de leis (unas 120.000 pesetas)
que en agosto de 1995 le entregará unos 52 billones (millones de millones) de
leis, lo que supera considerablemente la masa monetaria en circulación. Nadie
se lo cree. Pero hasta ahora ha cumplido.
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