Por HERMANN TERTSCH
El País Miércoles,
08.06.94
TRIBUNA: ELECCIONES
Una señora decía ante las cámaras con certeza justiciera que
"lo habría tirado desde lo alto para matarlo". Un joven confirmaba
las intenciones de la masa de ciudadanos que agredió a un sirio evidentemente
desequilibrado que amenazaba a su propia hija en su intento de huir de España:
"Lo habría matado aquí mismo". Sucedió en Jaén, España, una semana
antes de las elecciones europeas. Siempre cabrá preguntarse si la reacción de
la ciudadanía hubiera sido tan contundente de haber sido un español el
protagonista del triste suceso. Posiblemente sí. Los biempensantes -esa
mayoría sana y honrada que se manifiesta por medio de sus miembros
más decididos, que llaman a las tertulias radiofónicas- parecen dispuestos a
todo. ¡Ya está bien! Movidos por la sagrada ira que han despertado en
ellos la corrupción, la delincuencia, el terrorismo y sobre todo la íntima
convicción de estar siendo burlados y expoliados por la clase política de este
país, están dispuestos a casi todo. "Los españoles estamos hartos",
se oye una y otra vez a través de las ondas matinales, en los bares y en el
metro.
Razones para el desasosiego no faltan. Unos sufren sus
míseras pensiones. Otros pierden su empleo en edades en las que no pueden
esperar recuperarlo. Y otros muchos salen de la adolescencia sin preparación ni
perspectiva de encontrar su primer trabajo. Grandes bolsas de desesperación se
van inflando en diversas regiones de la geografía española y pocos creen en una
anunciada recuperación económica que, aun produciéndose, difícilmente
incrementará sus posibilidades de acceder a una nómina. La desesperanza y la
suma de las frustraciones personales de millones de españoles crean así un
estado general de crispación en la que hace falta un culpable, un enemigo.
Matar a palos al sirio de Jaén habría sido al menos un consuelo pasajero para
muchos de los allí presentes: por fin un acto de justicia inapelable en esta
España injusta y corrupta. Roldán se escapa con sus millones; Rubio paga por
salir de la cárcel lo que se hubiera gastado en un sarao; los socialistas
siguen gobernando pese a ser todos unos chorizos. Pero uno, el sirio, el moro, ha
recibido su merecido.
Cuando un Estado comienza a mostrar los síntomas que se
agolpan en los últimos tiempos en España, los gobernantes deberían dar la voz
de alarma. Deberían saber que un clima social como el actualmente reinante es
caldo de cultivo para los linchadores de sirios, gitanos, socialistas o franquistas reales
o supuestos. Por primera vez desde la muerte de Franco en España se dan cita la
crisis económica, la confusión moral y la desesperanza. Estamos dilapidando un
acuerdo histórico, el de la transición, que, con sus defectos, fue un éxito
para un pueblo acostumbrado al fracaso en la convivencia.
Los principales culpables de esta situación son, sin duda,
aquellos que ostentan la responsabilidad de gobierno. Todas las
generalizaciones injustas vertidas en contra de los socialistas -en gran parte
por moralizadores hipócritas que dicen hablar en nombre de la mayoría y sólo
obedecen a intereses propios o delegados- no pueden hacer olvidar que, de un
tiempo a esta parte, dirigentes del PSOE se han dedicado con gran celo a
enfangar el escenario político, difamar a sus oponentes y sembrar dudas sobre
la viabilidad de la alternancia y por tanto del sistema.
Flaco favor a la democracia. Vergüenza debería dar a alguno
el hecho de que la petulante demagogia de Anguita sea hoy ejemplo de buenos
modos en la campaña. Si el PP no consigue centrarse del todo, el PSOE ha
logrado descentrarse a conciencia. Así, es probable que unos no logren la
palanca electoral para forzar unas elecciones generales anticipadas y los otros
no logren normalizar su gestión en lo que queda de legislatura. Los iluminados
que quieren nacionalizarlo todo para hacernos más felices ganarán fuerza, y los
nacionalistas vascos y catalanes seguirán siendo la cabeza de turco y objeto de
las iras de la agitación ultracastellanista. Ésta debilitará aún más la lealtad
de aquéllos al Estado. Unos, como Felipe González, han olvidado la transición
desde la muerte de Franco a su acceso al poder. Otros se dedican con celo a
reactivar las dos Españas, criminalizar al adversario y romper el consenso
básico creado con la Constitución del 78. O restablecemos pronto el diálogo y
la cordura o los propagandistas de la mayoría justiciera determinarán quién es
el próximo en hacer de sirio. Espero estar exagerando.
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