Por HERMANN TERTSCH
El País, Bonn,
10.11.86
El envenenamiento del Rin, provocado por las aguas
utilizadas en la extinción del incendio del almacén de productos farmacéuticos
del consorcio Sandoz en la ciudad suiza de Basilea, alcanzó ayer Holanda, tras
causar la muerte de la mayor parte de la fauna del río. En la República Federal
de Alemania, diversas localidades ribereñas quedaron sin suministro de agua
corriente, que habitualmente extraen del río. Una segunda masa de agua con
productos altamente tóxicos bajaba ayer por el Rin, agravando de nuevo la
situación y provocando la muerte de los peces y anguilas que habían logrado
sobrevivir al paso de la primera partida envenenada, extendida a lo largo de 70
kilómetros río abajo.
En localidades del Estado de Renania-Palatinado se dio ayer
de nuevo la alarma. Ante las altas cotas de la contaminación, los bomberos
repartieron agua potable entre la población con camiones cisterna. En muchas
localidades se ha recomendado a la población que no utilice el agua corriente
para ducharse o bañarse. El equilibrio ecológico del Rin, en el que últimamente
se había avanzado en la reducción de emisiones de aguas contaminadas y
productos nocivos, ha quedado destruido y tardará años en recuperarse. Por otra
parte, esta catástrofe ecológica ha provocado ya una fuerte polémica en torno a
las responsabilidades derivadas de un almacenamiento de los productos
farmacéuticos que no reunían las condiciones necesarias de seguridad. El
candidato socialdemócrata a la cancillería, Johannes Rau, jefe del Gobierno de
Renania-Westfalia, uno de los Estados afectados, acusó al Gobierno federal y a
su ministro de Medio Ambiente, Walter Wallman, de haber actuado con lentitud y
no haber comprendido la dimensión de la catástrofe, que en la RFA ya se
califica como el "Chernobil de la industria química". Rau solicitó
que se delimiten claramente y con rapidez las responsabilidades económicas para
el pago de indemnizaciones.
En un documento interno citado ayer por la agencia alemana
DPA, la Asociación de la Industria Química Alemana acusa a Sandoz de no haber
contado en sus instalaciones siniestradas con las medidas de seguridad
necesarias. El incendio se produjo el pasado día 1 de noviembre, y debido a las
tareas de extinción, más de 30 toneladas de agua contaminada por productos
químicos almacenados en la nave incendiada accedieron al Rin, que fluye junto a
las instalaciones. A una velocidad de 3,7 kilómetros por hora, las aguas
envenenadas han recorrido toda la cuenca alemana del río y llegaron ayer a
Holanda, donde las autoridades dieron orden de cerrar las compuertas hacia los
canales para evitar que éstos se vean también contaminados. A su paso, las
aguas han provocado la muerte de peces, anguilas, crustáceos, insectos y
gaviotas. También han muerto algunas cabezas de ganado que abrevaron en estas
aguas. Además, al parecer, han accedido al Rin, a causa del incendio, más de
200 kilogramos de disulfoton y thiometon, dos sustancias altamente venenosas.
La catástrofe ha abierto ya un debate sobre el riesgo de la
industria química. Se ha detectado en el Rin un producto herbicida, atrazin,
que no produce la compañía Sandoz, pero sí otra, Ciba Geigy, con sede en
Basilea, según el informe interno de la Asociación de la Industria Química
Alemana. También se ha comprobado la existencia de altas concentraciones de
mercurio.
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