Por HERMANN TERTSCH
El País, Bonn,
12.11.86
Helmut Kohl, jefe de Gobierno de Alemania Occidental (RFA),
no es un virtuoso de la diplomacia internacional. Tal vez gracias a ello, el
ministro de Exteriores, el liberal Hans-Dietrich Genscher, no ha tenido
excesivas dificultades para imponer una línea de continuidad de la política
exterior en los últimos cuatro años que no difiere de la practicada por el
Gobierno socialdemócrata-liberal de Helmut Schmidt, de la que ya era artífice
Genscher. No obstante, el último error de Kohl -que ha tenido como víctima nada
menos que a Mijail Gorbachov- está haciendo pasar un auténtico calvario a su
ministro de Exteriores, que intenta limitar los daños.
Los comentarios de Helmut Kohl a la revista
norteamericana Newsweek, incluso con la máxima indulgencia, podrían
calificarse de inoportunos. El canciller concedió una entrevista a los dos
corresponsales de Newsweek en Bonn y, entre diversos esfuerzos por
contentar a la opinión pública norteamericana y a la Casa Blanca, se le ocurrió
hacer una semblanza del máximo dirigente soviético, Mijail Gorbachov. Y dijo lo
siguiente: "Es (Gorbachov) un líder comunista moderno. Nunca ha estado en
California ni en Hollywood, pero entiende algo de relaciones públicas. Goebbels
también era un experto en relaciones públicas". La publicación de esta
frase provocó, como era fácil de suponer para cualquiera que conozca
mínimamente el contexto en que se mueven las relaciones germano-soviéticas, una
indignada reacción de la URSS, que presentó una protesta oficial ante el
Gobierno alemán occidental, suspendió las visitas de autoridades de la RFA a
Moscú y anunció que, mientras no recibiera una disculpa que considerara
pertinente, las relaciones entre ambos países no podrían transcurrir por cauces
normales.
El jefe del Gobierno alemán occidental había comparado,
equiparado o al menos nombrado juntos al máximo líder soviético con uno de los
máximos responsables del fomento del odio y los crímenes del
nacionalsocialismo, que costaron 20 millones de muertos a la Unión Soviética.
En el ambiente distendido de una conversación con los amigos
americanos, como se refiere Kohl siempre a Estados Unidos, no midió sus
palabras y dijo -y esto es peor- lo que realmente piensa. El texto fue aprobado
después por la oficina de prensa de la cancillería.
No obstante, su desliz verbal no pone en peligro a Kohl, que
con práctica certeza seguirá siendo canciller después de las elecciones federales
del 25 de enero. Sin embargo, sí sitúa en grave riesgo el papel que Alemania
Occidental quiere, puede y debe desempeñar como interlocutor en las relaciones
Este-Oeste.
Lamentablemente, el desliz del canciller es tan sólo un
nuevo síntoma de un ambiente general, como señalaba hace días el
semanario Die Zeit. En muchos comentarios en la RFA se percibe una
especie de complicidad con Kohl.
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