Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Brindisi
El País Lunes,
11.03.91
Cerca de 2.000 refugiados albaneses retornaron ayer a su
país desde la ciudad italiana de Brindisi a bordo del buque Tirana, tras
declararse en huelga de hambre y amenazar con devastar la ciudad si no se les
permitía zarpar. Mientras los primeros trenes hacia Palermo partían con los
refugiados albaneses que han decidido quedarse en Italia, los 2.000 ocupantes
del Tirana, en un estado de tremenda crispación, provocaron tumultos en el
puerto hasta que el Gobierno italiano decidió permitir su regreso a Albania
pese a que el estado del buque y su ocupación contravienen todas las normas de
seguridad de la navegación.
"Preferimos morir en el trayecto. No queremos comida,
ni ayuda, sólo queremos volver a Albania", manifestaban los ocupantes
del Tirana que aludían a sus familias como motivo de su regreso.
"Mis ancianos padres quedaron allí". "Yo tengo dos hijas y mi
mujer en Durres. Si el Gobierno italiano no nos deja volver verá de lo que
somos capaces los albaneses", amenazaban algunos en su desesperación. Las
noticias sobre la llegada de un nuevo buque albanés con centenares de
refugiados y dos muertos por desnutrición no se confirmaron. Las autoridades de
la ciudad desalojaron las naves del puerto para fumigarlas ante la amenaza de
epidemias por las insostenibles condiciones de vida y la insalubridad de las
instalaciones.
Los ocupantes del Tirana, llegados a Brindisi hace
cuatro días en éste y otros buques entre unos 25.000 albaneses, decidieron
volver a Albania, unos por haber dejado atrás a sus familiares durante la
caótica salida del puerto albanés de Durres y otros porque perdieron toda
ilusión de permanecer en Italia ante las desastrosas condiciones en que han
vivido estos días en Brindisi.
Desastre organizativo
La ejemplar actitud hacia los albaneses de la población de
esta capital de una de las zonas más deprimidas de Italia no pudo compensar el
desastre organizativo y la falta de respuesta del Estado italiano. Miles de
ciudadanos de Brindisi y de las localidades aledañas están repartiendo comida
caliente preparada en familia, ropa y dinero a los refugiados que deambulan por
la ciudad. No obstante, aquellos que deseaban volver a su país se convirtieron
en un problema aún mayor que los que desean quedarse en Italia o continuar su
huida hacia otros "paraísos capitalistas". A media tarde de ayer eran
ya unos 2.000 los que exigían zarpar de inmediato hacia Albania.
Legalmente el carguero sólo puede transportar a 73
pasajeros, según manifestó a EL PAÍS su comandante albanés, Pandell Golemi. Sin
embargo, los albaneses a bordo, que no habían comido en tres días, entre ellos
centenares de niños y mujeres, amenazaron a la policía italiana con
"sangre y con devastar la ciudad" si no se autorizaba la salida,
retrasada una y otra vez por la falta de respuesta de Roma. Los albaneses
aseguraron que no temen represalias a su llegada a Durres aunque todos condenan
el régimen de Ramiz Alia que consideran que "habla de democracia pero
quiere perpetuar la dictadura".
El Gobierno italiano concedió finalmente el permiso de
salida al buque, remolcado por dos barcos italianos, con rumbo al puerto de
Durres de donde zarpó a principios de la semana. Las condiciones sanitarias a
bordo son, según testigos, "infrahumanas" y con grave riesgo de
epidemias. Las letrinas son del todo insuficientes y el hedor que despedía el
barco, con sus 2.000 pasajeros hacinados desde el puente a la bodega, era insoportable.
Las defecaciones en torno al Tirana y en los
hangares frente al mismo y las numerosas enfermedades de la piel y del sistema
respiratorio que padece gran parte de los refugiados convirtieron el puerto en
zona de alto riesgo. La policía sólo permitía el paso a los periodistas e
impedía el acceso a ciudadanos de Brindisi que intentaban suministrar alimentos
y ropa a los ocupantes del barco en un movimiento de solidaridad que se ha
hecho merecedor de la admiración del mundo y de la vergüenza del Gobierno
italiano por su falta de iniciativa, decisión y apoyo.
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