Por HERMANN
TERTSCH / JOSÉ M. MARTI FONT
El País, Berlín
Este, 20.03.90
UNA NUEVA EUROPA
El abogado Lothar de Maiziere, de 50 años, con toda
probabilidad el último primer ministro de la República Democrática Alemana (RDA),
es un político de muy escaso carisma.
Este hombre, aquejado de un problema de dicción, es un
devoto protestante descendiente de hugonotes franceses, que quiso hacer carrera
como músico pero fue traicionado por sus nervios.
Después de 15 años de tocar la viola en varias orquestas se
vio obligado a abandonar su instrumento preferido cuando una afección nerviosa
le perjudicó el brazo con el que aguantaba el arco.
El pasado 2 de noviembre, cuando el viejo régimen de
Alemania del Este se debatía en sus últimos estertores, su partido, que
durante 40 años había servido fielmente los dictados del partido comunista,
organizó con extrema prontitud un congreso del que salió elegido De Maiziere
como presidente en sustitución de Gerald Goetting, ahora acusado de corrupción
y abuso de poder.
Algunas malas lenguas aseguran que era el único hombre
limpio de toda la ejecutiva del partido. "Siempre he evitado los puestos
de dirección en mi partido", dijo entonces De Maiziere.
Poco después, al formar Hans Modrow el Gobierno de
coalición, fue nombrado vicepresidente y encargado de los asuntos religiosos.
Su actuación durante estos últimos meses ha sido algo más
que discreta, si bien se ha permitido enfrentarse a su mentor, el canciller
federal Helmut Kohl, en varias ocasiones y desbaratar un intento de golpe de
Estado dentro del partido de su segundo, Martin Kirchner, una personalidad más
del gusto del canciller germano occidental.
De no contar para casi nada, y pasar sin pena ni gloria por
los mítines de la Alianza por Alemania (la coalición de derechas), el escándalo
protagonizado por el que se perfilaba como primer ministro de los
conservadores, el líder de Despertar Democrático, Wolfgang Schnur, le colocó en
primera línea.
"Tiene poco carisma", decía ayer un periodista a
otro tras la conferencia de prensa del primer ministro. "Es más, ni se le
oye, ni siquiera con esfuerzo se le percibe".
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