Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Budapest
El País Viernes,
23.03.90
UNA NUEVA EUROPA
El Gobierno húngaro acusó ayer a las autoridades de Bucarest
de pasividad y connivencia con las agresiones de rumanos contra miembros de la
minoría húngara en la ciudad rumana de Tirgu Mures, que costaron al menos seis
muertos y centenares de heridos. Budapest rechazó ayer toda posibilidad de
conversaciones con el Gobierno rumano, "mientras no garantice el orden
legal" y "establezca condiciones civilizadas".
El durísimo comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores
de Budapest supone una nueva escalada del conflicto bilateral entre Hungría y
Rumanía. El Gobierno húngaro acusa al ejército y a la policía rumanos de
"observar sin intervenir el pogromo sangriento e incitar así
indirectamente a las fuerzas extremistas rumanas".
Budapest protesta asimismo porque pese a sus insistencias
ante las autoridades rumanas éstas no han hecho frente a las declaraciones instigadoras del Partido Nacional Campesino (PNC) rumano hechas en televisión el día 20. En
este comunicado del PNC se acusaba a la minoría húngara de extremismo
separatista.
Los sucesos de Transilvania han marcado profundamente la
fase final de la campaña ante las primeras elecciones libres, que se celebrarán
el domingo en Hungría. Once partidos políticos que concurren a los comicios emitieron ayer un comunicado conjunto en el que "condenan los brutales ataques
contra los húngaros de Transilvania", que hacen emerger "el riesgo de
una nueva dictadura en Rumanía" y podrían impedir la entrada de este país
"en la nueva Europa libre y democrática".
El ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Gyula Horn,
candidato por el Partido Socialista, reveló ayer en Budapest que los
nacionalistas radicales rumanos agredieron también a miembros de las
comunidades judía y gitana.
En Hungría, la oleada de indignación por los sucesos de
Transilvania podría tener un profundo efecto sobre el comportamiento del
electorado. El Foro Democrático (MDF), que va en cabeza según indican todos los
sondeos, podría beneficiarse de una radicalización del espíritu del nacionalismo siempre latente en la sociedad húngara y conseguir una ventaja aún mayor de la
prevista sobre la Alianza de Demócratas Libres (SzDSz).
Este partido, partidario de una reforma radical hacia la
economía de mercado, pero mucho más sobrio que el MDF en el tratamiento de los
problemas de la minoría húngara en Transilvania, ha cedido ya considerable
terreno al Foro, según sondeos sobre la intención de voto.
El ex comunista Partido Socialista Húngaro -que lideran los
principales artífices de la transición pacífica, el ministro de Estado, lmre
Pozsgay; el primer ministro, Miklos Nemeth; el ministro de Asuntos Exteriores,
Gyula Horn, y el jefe del Estado, Matyas Szuros- podría alcanzar entre un 6,7 y
un 12%, según los últimos sondeos. "Sería un gran éxito conseguir el 16% o el 17%", manifestó el jefe de su campaña electoral, Josef Meruk.
Ese fue el resultado que logró el pasado domingo en la
República Democrática Alemana el Partido por el Socialismo Democrático (PDS),
heredero también del extinto partido comunista.
Parece muy improbable que supere el 4% requerido para la
presencia parlamentaria el Partido Socialista Obrero Húngaro, organización
comunista liderada por aquellos comunistas que se negaron a aceptar la
autodisolución en el congreso del pasado año.
El día 8 de abril se celebrará la segunda vuelta de las
elecciones, en la que se establecerán los vencedores de aquellos escaños de
elección directa en que los candidatos no logren una mayoría en la primera
vuelta.
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