Por HERMANN TERTSCH
El País, Budapest,
27.03.90
UNA NUEVA EUROPA
El anciano Janos Kadar se resistía en mayo de 1988, hace
menos de dos años, a ceder la secretaría general del Partido Comunista Húngaro
e insistía aún en la necesidad de fortalecer el "papel dirigente del partido
comunista". Aquel día se hundía en un inmenso socavón parte de la avenida
Lenin. Hubo quien vio en aquella coincidencia un mal augurio para los
comunistas. Ahora, tras las primeras elecciones democráticas y los cambios
registrados en los países del Este europeo, aquello parece una historia de
tiempos lejanísimos.
Los húngaros han votado contra el sistema que les fue
impuesto por el Ejército soviético y un grupúsculo de comunistas húngaros hace
más de cuatro décadas. Los comunistas que como tales se presentaron el domingo
a las elecciones no estarán siquiera en el Parlamento. El 3,6% obtenido
refleja claramente el apoyo de esta opción en el pueblo húngaro.
Incluso el Partido Socialista Húngaro, en cuya dirección
figuran los artífices de la autoliquidación de la dictadura y que se había
distanciado claramente de toda tentación dictatorial, acudió a estas elecciones
con el inmenso lastre de su pasado comunista.
El 10% que ha logrado le permitirá contar con un grupo
parlamentario que desde la oposición quizá logre convertirse en una alternativa
de izquierda en dos o tres legislaturas, según su capacidad para conectar con
las exigencias de la nueva Hungría. El primer ministro Miklos Nemeth, ha
demostrado con su gran victoria en su distrito electoral, donde se presentaba a
elección directa como independiente, que su personal aportación a la
liquidación del régimen se ha visto reconocida.
"Camaradas, se acabó" reza uno de los carteles del
Foro Democrático. La disolución de las dictaduras en el Este de Europa, que
alcanzó un ritmo vertiginoso en el otoño pasado, entró en Hungría, pionera en
este proceso, en la nueva fase en que un Gobierno legitimado democráticamente
emprende la reconstrucción del país.
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