Por HERMANN
TERTSCH
El País, Belgrado,
14.03.91
REPORTAJE: GENTE
El líder serbio, una figura controvertida
Parece un gurú, con su barba hirsuta, ojos encendidos y
gesticulación tan desmesurada como su lenguaje. Este abogado y escritor de
mitología histórica serbia, de 44 años, fue recibido entre vítores por decenas
de miles de serbios el martes en Belgrado. Horas antes había sido liberado tras
tres días de detención por dirigir la manifestación contra el régimen del
presidente Slobodan Milosevic. Si en algo están de acuerdo los serbios en lo que
a Vuk Draskovic se refiere es en que es una figura controvertida. Tuvo fama de
confidente de la policía cuando trabajaba en la agencia oficial de noticias
yugoslava, Tanjug, y, según las malas lenguas de sus muchísimos enemigos,
perdió su puesto como corresponsal en África oriental por anunciar el estallido
de una guerra que nunca hubo, al parecer por una confusión debida a su más que
deficiente inglés. También aseguran sus adversarios que su papel en las
protestas de 1968 en Yugoslavia fue mucho menor de lo que él sugiere ahora con
ahínco.
Fue portavoz de los sindicatos oficiales, lo que sin duda
no es una aportación a su credibilidad democrática, y comenzó su ascensión con
libros preñados de evocaciones nacionalistas.
El fundador y bandera del Partido de Renacimiento serbio es,
sin duda, un hombre valiente. Vuk Draskovic, mitad pope mitad soldado
anticomunista y nacionalista radical, no tiene miedo. Se santigua antes de
hablar, y en cada minuto de su discurso puede pronunciar las palabras
"serbia, serbismo, serbidad, nación serbia, sangre serbia" una docena
de veces.
Si no fuera por sus diatribas contra la mafia roja, sus
discursos son prácticamente intercambiables con los que pronunciaba Milosevic
cuando, a caballo de la ola nacionalista antialbanesa en Serbia, se hizo con
las calles primero y después con las instituciones. Todo político serbio tiene
que ofrecer cierta dosis de nacionalismo. Draskovic, como Milosevic, ofrece
sobredosis.
La ampulosidad de Vuk hablando irrita o entusiasma entre el
pueblo serbio. Tiene su clientela política y ha ganado la admiración de muchos
por haber encabezado la primera gran protesta contra la dictadura informativa
impuesta por Milosevic en Serbia, que ha quebrado la sólida posición del
presidente en su propia república. Vuk habla de democracia y Europa, pero
oyéndole hablar parece pensar en imágenes de un tebeo de gestas bélicas
medievales.
Nadie puede prever si logrará algún día ser "tan
dictador como Milosevic", cosa de lo que le creen capaz muchos estudiantes
que le apoyan en su lucha contra el aparato comunista, pero temen el derechismo
confesional de este Rasputín. Para aquellos serbios que quieren que esta
república, dentro o fuera de Yugoslavia, sea un país normal, una democracia
pluralista y laica de corte occidental, es una auténtica pesadilla plantearse
un futuro en el que tuvieran que elegir entre estos dos personajes.
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