Por HERMANN
TERTSCH / PIOTR ADAMSKI
El País, Varsovia,
11.12.90
El presidente Lech Walesa heredará los poderes
constitucionales que ha ostentado desde julio del pasado año su antecesor en el
cargo el general Wojciech Jaruzelski. No obstante, el ahora electo no ha
ocultado su intención de lograr para sí poderes más amplios que le hagan
posible la intervención directa en los asuntos del Ejecutivo, lo que
actualmente le impide la Constitución. Walesa quiere favorecer en Polonia un
presidencialismo al uso francés. Tras estas elecciones se ha creado en Polonia
la paradoja de que el Parlamento, del que sólo una tercera parte fue elegido
libremente, posea más poderes que el presidente electo democráticamente y por
una amplia mayoría de más del 74%. Esta situación puede provocar conflictos
institucionales entre el presidente y la Dieta (Parlamento) también en lo que
se refiere a la redacción de la futura Constitución polaca.
Walesa ya ha anunciado que tiene intención de disolver el
Parlamento en la primavera próxima y convocar nuevas elecciones, las primeras
legislativas plenamente democráticas a celebrar en Polonia. En las anteriores,
en junio de 1989, fruto de un compromiso, pronto superado por los vertiginosos acontecimientos
en toda Europa Oriental, se había preestablecido que dos tercios de la
totalidad de escaños quedaban asignados a candidatos del antiguo partido
comunista (POUP).
En octubre el Parlamento había postergado hasta el próximo
febrero una decisión sobre la fecha de su autodisolución con la clara intención
de retrasarla lo más posible. Walesa sólo tiene, según la carta magna vigente,
poderes para disolver ambas Cámaras en tres casos concretos. Cuando el
Parlamento no apruebe la composición de un Gobierno o los presupuestos del
Estado en el plazo de tres meses, o bien si impide al presidente ejercer sus
atribuciones.
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