Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
15.07.89
El ministro de Exteriores húngaro, pesimista con el régimen
de Ceaucescu
El ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Gyula Horn, ha
advertido que si Rumanía adopta medidas concretas de rearme, el Gobierno de
Budapest tendría que extraer las consecuencias oportunas del hecho y tomar
contramedidas. Horn declaró a EL PAÍS en la capital húngara que las relaciones
con Rumanía son tensas en extremo, y que él, personalmente, es pesimista con
respecto a la evolución de las mismas. El ministro de Asuntos Exteriores
húngaro calificó de "amenazas dirigidas a amedrentar a la población
húngara" las declaraciones de Ceaucescu sobre la capacidad de Rumanía de
producir armas nucleares.
"Son maniobras psicológicas para amedrentar a la
población pero no podemos infravalorar estas manifestaciones". Horn
manifestó no tener pruebas de que, como han informado diversos medios
occidentales, Rumanía esté gestionando la compra de misiles de medio alcance en
Argentina, capaces de alcanzar Budapest. "El Gobierno húngaro no tiene
constancia de esto y tampoco ha tratado la cuestión. Sí puedo decir que en caso
de tener informaciones fidedignas y concretas al respecto, nosotros habríamos
de adoptar contramedidas", dijo. Horn subrayó que en el actual proceso
global europeo hacia el desarme, el surgimiento de nuevos elementos militares
no puede ser ignorado por nadie y "menos por nosotros como vecinos. No
sólo sería malo, sería también anacrónico. Las declaraciones de Ceaucescu van
contra los tiempos que corren". Horn se declaró pesimista respecto a
posibles mejoras en las relaciones, pero también aseguró no ver peligro de
enfrentamiento militar.
"En la cumbre bilateral rumano-húngara
[celebrada al margen de la cumbre del Pacto de Varsovia de los días 7
y 8 de julio] expusimos al presidente Nicolae Ceaucescu que últimamente han
surgido indicios de amenaza militar por su parte. No llegamos a ningún acuerdo
con él. Sólo coincidimos en que éramos vecinos y que en beneficio de los dos
pueblos había que mejorar las relaciones bilaterales. Esto, sin embargo, será
imposible si Rumanía no cambia radicalmente su política", manifestó Horn.
Éste estuvo presente en la reunión celebrada entre Ceaucescu
y el presidente del Partido Comunista Húngaro, Rezsö Nyers, que, según fuentes
húngaras, fue "tormentosa". El ministro húngaro lamentó la
inflexibilidad del presidente rumano. "El presidente rumano se negó
siquiera a dialogar sobre los problemas que aquejan a nuestras relaciones
bilaterales", manifestó el ministro de Exteriores húngaro.
Horn confirmó que, pese a los intentos de Rumanía en sentido
contrario, en la reunión del Comité Consultivo Político del Pacto de Varsovia
en Bucarest no se habló de las relaciones bilaterales entre Hungría y Rumanía
ni sobre las críticas y obvio malestar que han despertado las reformas
democratizadoras húngaras en regímenes aliados como Checoslovaquia y la RDA.
Respecto a los ataques de que es objeto el proceso de
democratización húngaro, que culminaron en la acusación rumana de que el acto
legal del funeral de Imre Nagy fue "fascista", Horn manifestó que el
Gobierno húngaro no quiere entrar en polémicas, pero rechaza enérgicamente
estas "acusaciones totalmente infundadas e injustas".
Contactos con Occidente
Horn hizo un balance netamente positivo de la visita del
presidente norteamericano, George Bush, a Hungría y negó rotundamente que ésta
fuera a debilitar la cohesión del Pacto de Varsovia. "Existe un acuerdo de
todos los miembros de la alianza del Tratado de Varsovia para dinamizar los
contactos con los países occidentales a todos los niveles. La visita no afecta
en nada a nuestra pertenencia al Tratado de Varsovia. Durante la visita nadie,
ni nosotros ni el presidente Bush, pronunció una sola palabra crítica sobre
nuestros aliados". Por el contrario, señaló Horn, ambas partes destacaron
su apoyo y simpatía por la perestroika y su deseo de que Gorbachov se
imponga con sus reformas.
Respecto a Checoslovaquia, cuya Prensa oficial criticó con dureza
la revisión histórica del levantamiento de 1956, Horn advirtió que "hay
que hablar de 1956 y también hay que hablar de 1968". Según el ministro
húngaro, la lección a extraer de 1968 es que los análisis y la valoración de la
situación interna de un país son competencia exclusiva de éste, que todos deben
respetar al máximo las decisiones internas de un Estado, y que ningún Estado
está autorizado en ningún caso a intervenir en otro.
Desarrollo interno
Horn destacó que pese a las diferencias en el desarrollo
interno entre Hungría y Checoslovaquia y la República Democrática Alemana, los
contactos con Praga y Berlín son intensos y lo seguirán siendo. Insistió en que
sólo hay refugiados políticos de Rumanía en Hungría. Sin embargo, mostró su
malestar por las críticas que recibe Hungría en la Prensa de estos países.
"No verá usted críticas oficiales húngaras a ninguno de nuestros aliados.
Esperamos que ellos hagan lo mismo.
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