Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Budapest
El País Miércoles,
12.07.89
El presidente de EE UU, George Bush, fue recibido ayer con
gran entusiasmo por la población de Budapest horas después de haber sido
despedido por decenas de miles de polacos en la ciudad báltica de Gdansk entre
gritos de: "Bush, quédate con nosotros" y "Que se vayan los
comunos", en alusión despectiva a los comunistas. Más de 50.000 ciudadanos
de Gdansk se reunieron ante el monumento a los caídos en la represión de 1970
para escuchar a Bush y al dirigente sindical Walesa.
Horas antes, Bush había mantenido una nueva entrevista con
el jefe del Estado polaco, Wojciech Jaruzelski, en Westerplatte, la península
donde la Marina de Guerra nazi comenzó la agresión contra Polonia el 1 de
septiembre de 1939. En Budapest, Bush, el primer presidente norteamericano que
visita Hungría, fue recibido por Bruno Straub, el único jefe del Estado no
comunista en el Este de Europa. "Entendemos [la visita] como prueba de que
Estados Unidos ha comprendido la importancia histórica del proceso húngaro y
como expresión de la simpatía y el apoyo del pueblo norteamericano",
declaró Straub durante el acto de recepción oficial ante el Parlamento de
Budapest, donde se habían concentrado también, pese a la lluvia, miles de
húngaros. Horas antes, Budapest había sido azotado por un violento temporal que
rompió toldos y tejados, arrancó árboles e hizo temer por la llegada del avión
presidencial. "La maldición de Ceaucescu", habían bromeado los
periodistas que en varios centenares esperaban a Bush. Rumanía ha criticado
duramente la gira de Bush por la Europa del Este, que considera un
"intento de desestabilizar a los países socialistas".
Al mediodía, aún en Gdansk, el presidente y su mujer
almorzaron en casa del líder de Solidaridad, Lech Walesa, quien no tuvo al
parecer éxito en su insistencia de solicitar mayores ayudas económicas de
Estados Unidos que las anunciadas el día anterior por Bush ante la Asamblea Nacional
polaca en Varsovia.
Apertura de bancos
Bush se limitó a manifestar que se llevaba a la cumbre de
los siete grandes de París una propuesta de Lech Walesa para la
apertura de filiales de bancos occidentales en Polonia para que éstos
administraran las necesarias inversiones para la reconstrucción del sector
privado en Polonia, inversiones que Solidaridad estima en 10.000 millones de
dólares.
Ante la multitud reunida en Gdansk, Bush comparó los
actuales cambios políticos con el renacimiento del Estado polaco en 1918 y
reiteró que "América está con Polonia". Recordó que las reformas
traerán consigo muchos sacrificios.
Walesa advirtió que las reformas económicas y políticas
deben ser paralelas y que cualquier desfase entre ambas crea el peligro de una
"plaza de Tiananmen".
Bush y su esposa Bárbara llegaron a la capital húngara
alrededor de las 19.00 horas. Con el jefe del Estado se trasladaron desde el
aeropuerto a la plaza Kossuth, junto al Parlamento, donde fueron recibidos por
las máximas autoridades, encabezadas por el presidente del partido, Reszö
Nyers, el secretario general Karoly Grosz, el primer ministro Miklos Nemeth y
el ministro de Estado Imre Poszgay. Después se celebró una cena de gala en el
magnífico edificio neogótico del Parlamento junto al Danubio. Bush se
enterevistará con Nyers y Grosz, con Nemeth, Matyas Szuros y con Poszgay. En el
viejo castillo de Buda celebrará un encuentro con jóvenes. La esposa de Bush
visitará un campo de refugiados rumanos en un claro gesto de apoyo a Hungría en
el grave conflicto en que se encuentra este país con Rumanía.
Rebajar expectativas
Las autoridades húngaras se han esforzado en los últimos
días por rebajar las expectativas de muchos ciudadanos que tienden a ver en
Bush el proverbial tío de América que viene a solucionar sus
problemas económicos.
Al igual que en Polonia, en Hungría la gran amenaza para las
reformas democratizadoras emana de la grave situación económica. "Espero
que podamos contar con el apoyo político y económico y cooperación constructiva
de EE UU para poder seguir por la vía que queremos", señaló Nemeth. El
primer ministro reconoció que hay fuerzas dogmáticas que quieren sabotear el
proceso. "Si se estabilizan con éxito las relaciones económicas y se frena
la caída del nivel de vida estas fuerzas no tienen ninguna posibilidad real
para acabar con las reformas".
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