Por HERMANN TERTSCH
El País, Bonn,
25.06.89
Csaba Tabajdi, vicedirector del departamento internacional
del Comité Central, fue suspendido ayer de todas sus funciones por declarar a
un diario italiano que la potencial amenaza militar para Hungría no está en el
Oeste, sino en el Sureste, es decir en Rumanía. La dirección del partido ha
actuado con inevitable contundencia para evadir un debate de peligros
incalculables.
Con el partido sumido en una profunda crisis de autoridad,
duros ataques a la democratización húngara procedentes de Berlín Este, Praga y
Bucarest y malestar en la URSS por las críticas que se vertieron contra su
presencia militar en territorio húngaro, todo cuestionamiento de compromisos
internacionales y alianzas militares son un argumento para los enemigos de la
democracia en Hungría y una bomba en los cimientos del proceso de reformas.
Las palabras de Tabajdi no son, sin embargo, ni mucho menos
absurdas. Rumanía ha calificado de "fascista" la manifestación
celebrada en honor de Imre Nagy en Budapest el pasado día 16. Al ser legal,
Bucarest acusa de cooperación con "fascistas" al Gobierno húngaro, y
por tanto, de "traición" al socialismo. La frontera entre ambos
países está militarizada por parte rumana y comienza a estar fortificada,
aunque sea para evitar fugas de rumanos. Rumanía ve ya de hecho un enemigo en
Hungría, con la que tiene 440 kilómetros de frontera.
La doctrina militar húngara, como la de todos los países del
Pacto de Varsovia, se basa en un hipotético ataque de la OTAN. En el caso de
Hungría, la supuesta amenaza parte de Alemania Occidental e Italia, cuyos
Ejércitos cruzarían Austria en caso de guerra. Este escenario está totalmente
superado por la evolución política y carece de la menor credibilidad entre el
Ejército y la opinión pública. La tensión con Rumanía ha alcanzado un grado
crítico, pero especular sobre cambios de alianzas hoy en Budapest es jugar con
fuego.
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