Por HERMANN TERTSCH
El País, Bonn,
24.06.89
Los 50 ciudadanos de Berlín Oriental que el jueves quisieron
entregar una carta de protesta en la Embajada china en contra de la
intervención militar y las ejecuciones fueron llevados a comisaría y multados.
La policía popular (Vopo) dio varias palizas, algunas tan duras que sus
víctimas tuvieron que ser ingresadas en el hospital, según se supo ayer en
fuentes eclesiásticas evangélicas de la RDA.
La contundencia de la acción policial es coherente con la
postura adoptada hacia la matanza de Pekín por todos los regímenes que como el
de Erich Honecker rechazan toda liberalización y recurren cada vez con más
frecuencia a la retórica amenazante de principios de la década de los
cincuenta. Bulgaria, cuya policía ha matado hace semanas a un número aún
indeterminado de turcos por protestar contra su "bulgarización
forzosa", se ha unido ya a los Estados que defienden la intervención
violenta del Ejército chino contra estudiantes.
Rumanía es, por supuesto, solidaria con las autoridades
chinas. Checoslovaquia y la RDA han sido los otros dos países del Pacto de
Varsovia que justifican la "contundente acción contra fuerzas
contrarrevolucionarias". Ambos regímenes tienen crecientes temores al gran
malestar que crea entre sus poblaciones su negativa a reformas liberalizadoras.
Alimentan este temor las reformas en Hungría y Polonia, los dos Estados que han
criticado el aplastamiento armado en Pekín, y también la URSS. Los regímenes
comunistas ortodoxos acorralados por reformas en países aliados, una opinión
pública cada vez más encrespada en su contra y una situación económica en
continuo declive han optado por la amenaza a sus ciudadanos. El ejemplo chino
les es un buen recurso.
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