Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Budapest
El País Domingo,
18.06.89
Janos Kadar, el ex jefe del Partido Comunista Húngaro,
máximo responsable de la normalización que siguió al aplastamiento del
levantamiento popular de 1956 -rehabilitado ahora en Hungría-, se ha declarado
partidario de la retirada de las tropas soviéticas de su país. La toma de
posición de Kadar coincide en su publicación con el 31º aniversario de la
ejecución de Imre Nagy, el primer ministro que encabezó el levantamiento, y con
un funeral en honor de todas las víctimas de la insurrección en el que
centenares de miles de húngaros solicitaron la salida de las tropas soviéticas
del territorio nacional y el desmantelamiento total del régimen comunista.
Un día antes de la ceremonia en honor de las víctimas de la
represión comunista, organizaciones juveniles se habían manifestado por primera
vez de forma legal ante la Embajada soviética solicitando la retirada de su
Ejército de Hungría. El primer ministro húngaro, Miklos Nemeth, que asistió a
los funerales por Imre Nagy y sus colaboradores, en los que fueron vertidos
durísimos ataques contra el régimen y el partido comunista, declaró que
"la URSS jamás volverá a intervenir para aplastar las reformas
húngaras". "La doctrina de Breznev", añadió, "pertenece al
pasado. Gorbachov está con nosotros". Por primera vez, Nemeth dejó claro
que existen dos frentes en el seno del Pacto de Varsovia al señalar que el
proceso húngaro está estrechamente vinculado al de la URSS y Polonia.
En medios políticos de Budapest se espera, sin embargo, una
ofensiva contra las reformas húngaras por parte de otros regímenes aliados
contrarios a una liberalización, especialmente de Checoslovaquia, la República
Democrática Alemana y Rumanía. El próximo día 7 de julio se celebra en Bucarest
una cumbre del Pacto de Varsovia que alguno de estos países podría
intentar convertir en un foro de acusación contra Hungría. En estos tres países,
la dirección política se ha declarado ya seriamente preocupada por la
transición húngara.
Margot Honecker, ministra de Educación y esposa del jefe de
Estado de la RDA, Erich Honecker, calificó de "verborrea de los enemigos
del socialismo" los objetivos declarados del Gobierno y el Partido
Comunista Húngaro de crear un sistema pluralista y democrático. Margot Honecker
hizo un llamamiento a intensificar la lucha de clases y educar a los niños para
defender el socialismo real, "si es necesario, con las armas en la
mano".
Kadar, duramente atacado durante la ceremonia del viernes,
revela en una entrevista al semanario húngaro Magyarorszag que, al
ver que la situación escapaba de las manos del Gobierno de Nagy en 1956, al que
apoyó en principio, acudió con Ferenc Munnich a la Embajada soviética. Desde
allí fueron trasladados al aeropuerto de una base soviética cercana a Budapest,
desde donde volaron a Moscú. Los días 2 y 3 de noviembre de dicho año, Kadar
mantuvo encuentros con los máximos dirigentes soviéticos y chinos en Moscú.
"Hicimos lo que la conciencia nos dictaba. Alguien tenía que asumir la
responsabilidad. Estaba convencido y sigo estándolo de que actuamos por el bien
de Hungría".
Desde Moscú fueron trasladados a Szolnok, donde
constituyeron el Gobierno que, con los carros de combate soviéticos, derribó al
Gabinete de Nagy y aplastó el levantamiento. Kadar no se manifiesta sobre la
ejecución de Nagy, si bien la próxima semana se publicará una nueva parte de la
entrevista. En anteriores manifestaciones, Kadar manifestó que él nunca había
considerado un contrarrevolucionario a Nagy, lo que levantó gran indignación
entre la población húngara. Kadar, de 77 años, se halla gravemente enfermo y
alejado de toda tarea política.
Kadar aseguró que era su intención que las tropas soviéticas
abandonaran Hungría tras la intervención, pero que "la situación
internacional no estaba aún madura". Kadar se manifestó convencido de que
hoy esta presencia no es necesaria y de que la situación internacional permite que
las tropas soviéticas abandonen el país.
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