Por HERMANN TERTSCH
El País Jueves,
29.11.90
En esta marejada de angustia que hoy es Bulgaria son cada
vez más los que depositan sus esperanzas en un hombre que vive en España y que
tras más de 40 años de ser demonizado por la propaganda comunista es la
personalidad que con mayor respeto y prestigio cuenta entre los
búlgaros."Bog-zar-otechestvo". "Dios, zar, patria". Los
carteles con este lema se encuentran junto al antiguo Palacio Real, frente al
mausoleo del padre de la patria comunista, Georgi Dimitrov. Este se halla ya
vacío, cubierto de pintadas anticomunistas, y probablemente será derribado
pronto si no se le encuentra algún fin razonable.
El sentimiento monárquico ha ganado vertiginosamente adeptos
con la certeza de que ni el Gobierno ni la oposición pueden sacar a Bulgaria de
la crisis institucional, política, económica y moral en que se encuentra.
"Queremos a nuestro rey Simeón", rezan otras pancartas y pasquines
que muestran a la pareja real sentados en un sillón, probablemente en su
domicilio en la avenida del Valle, en Madrid.
"No todos los que quieren que vuelva el zar son
monárquicos. Algunos siguen creyendo que la república es la mejor forma de
Estado pero consideran que Simeón es la persona idónea para dirigir los cambios
hacia la democracia", dice Radi, un joven estudiante en huelga que se
declara monárquico. "Él es una persona formada que está por encima de la
miseria en que este país se ha movido en las últimas cuatro décadas. Bulgaria
necesita una conciencia, y él puede serlo. Él podría unirnos a Europa y acabar
con el comunista que todos llevamos dentro".
Líderes sindicales, políticos y miembros del actual Gobierno
buscan contacto con el rey Simeón en Madrid, e incluso en el Ministerio de
Asuntos Exteriores en Sofía se habla ya "de su majestad el zar
Simeón". Konstantin Trenchev, el máximo dirigente del sindicato Podkrepa
que hizo ayer caer al gobierno socialista es un monárquico fervoroso.
"Cuando vuelva el zar seremos un millón o muchos más
los que iremos a recibirle al aeropuerto", dice Spas, mientras se santigua
tres veces, según el rito ortodoxo. "Ustedes no querían un rey antes y
fíjese lo que ha hecho Juan Carlos, compare ahora Bulgaria y España. Simeón
debe hacer aquí lo que su rey hizo allí. Si va a Madrid dígale que venga. Que
vuelva el zar!".
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